Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Operación Speedy González. Así la catalogó un partidario. Era una actividad del candidato a alcalde de Managua por los liberales, Eduardo Montealegre, quien apresurado besó a cuanta persona tuvo de frente y repartió calcomanías con ratoncitos vestidos de Superman.

¿Por qué Speedy González? El señor que lo dijo no supo explicarlo. Montealegre, el que reparte las calcomanías del súper ratón que viste una camiseta que lleva su nombre, no decía “ándale, ándale” ni “¡arriba, arriba!”, pero le dicen ratón y parece que a él le gusta. “¿Y tu ratón?”, le preguntaba a las niñas que se hallaba.

Llegó vestido con camisa roja y era aguardado por un pequeño grupo de gente que tenía apenas media hora de esperarlo y que escuchaba: “No me sé rajar”. A plenas cuatro de la tarde, con la temperatura a más de 35 grados, en el barrio Santa Clara, los simpatizantes de Montealegre se entretuvieron con el estribillo de la canción ranchera: “A mí no me gustan los tipos lengua larga que sólo sirven para apantallar...”

Los contrastes
En este barrio, cercano al mar, la gente tiró cohetes, mientras el candidato a vicealcalde, el diputado Enrique Quiñónez, bajaba de su Chevrolet. El polvo que se levanta en el lugar contrasta con los candidatos, que visten con marcas caras y usan celulares de última generación, entre ellos Luciano “Chanito” García, candidato a concejal, un conservador que desertó de su partido.

Algunas personas esperan fuera de sus casas a Montealegre y otras le indican que en la cuadra siguiente sí viven simpatizantes del Frente Sandinista. “Si él hubiera sido presidente estaríamos mejor”, dijo la señora gordita y morena que está penosa tras las verjas de su casa.

¡Y por el guaro!
Montealegre besó y besó. Abrazó y abrazó. Los partidarios que salieron a saludarlo, hablaban de la carestía de la vida, del precio del arroz, del petróleo y de los frijoles. La mujer que hablaba en el perifoneo se refería a la esposa del presidente Daniel Ortega como “la Rosario”, a quien hay “que detener”.

Ante la insistencia de la mujer de la barata, un señor medio ebrio pidió a Montealegre que todo sea mejor. “Y deciles, voten por mí, va a bajar el guaro”, le recomendaba. Pero el candidato no lo escuchó, estaba abrazando a una joven que se negaba a salir de su casa por vergüenza y después de abrazarlo no lo soltaba.