Jorge Eduardo Arellano
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El Estado nicaragüense se ha comportado huraño en reconocer la totalidad de sus derechos a los costeños, y por eso se han cometido muchos errores. Algunos fueron subsanados con el Estatuto de Autonomía para las regiones de la Costa Caribe, pero no fue suficiente.

La posposición de las elecciones en los municipios de Bilwi, Waspam y Prinzapolka causó revuelo en la política nacional, y los líderes de los partidos nacionales de un bando y otro se disputan la legitimidad de si hay o no condiciones para hacerlas.

Nada de esto ha sido consultado a los líderes comunales, el entramado natural que ostenta el poder en las comunidades indígenas y en los grupos étnicos de la Costa Caribe.

El antropólogo social, Miguel González, de la Universidad de la Regiones Autónomas de la Costa Caribe (Uraccan), plantea que en su texto Identidad Étnica y Autonomía, el municipio en la Costa Caribe ha respondido a una exigencia del desarrollo institucional del país.


Organización impuesta
Pero más allá de si debe o no haber elecciones, en la Costa Caribe, según el antropólogo, la organización administrativa en municipios no recoge las aspiraciones y tradiciones de los pueblos indígenas. Prueba de ello es que las organizaciones ancestrales constituyen zonas intercomunales y territorios que van más allá de los límites municipales.

De acuerdo con González, la comunidad sigue siendo la base de la reproducción cultural y simbólica de las identidades costeñas, indígenas, garífunas y criollas. Pero con el ejercicio de los derechos autonómicos y con la implementación de la autonomía de la Costa Caribe, las comunidades han quedado aisladas.

En ese sentido, González plantea que la reciente conformación de municipios no ha dado espacio para las relaciones con las comunidades, la organización por excelencia de los indígenas. Además, los indígenas no tenían ninguna experiencia municipalista y se ha impuesto una nueva forma de organización política y administrativa.

Como resultado, según González, el gobierno es incapaz de implementar sus políticas, y de paso despierta cierto recelo entre los indígenas quienes todavía ven al estado con una intención colonizadora.

La existencia de instituciones que están por encima de las comunidades no tiene ninguna legitimidad, y ahí se incluye al municipio, por lo que la participación de los indígenas es inexistente.


Primeros en el tiempo
De acuerdo con González, el respeto a la autonomía y a sus formas de gobierno es urgente para el desarrollo de la unidad de la nación nicaragüense. Además, considera que es necesario ver la autonomía como la evidencia de la forma ancestral de gobierno y no como un regalo o invento del Pacífico.

“Debemos pensar la autonomía como ese conjunto de prácticas con que la gente se ha autogobernado desde siempre.”, afirma González.

La incomprensión de los actores políticos, económicos y de la sociedad nicaragüense ha provocado, según González, un desarrollo paralelo y desigual que ha causado el rechazo de los costeños hacia el Estado. Evidencia de ello, fue la lucha encabezada por los miskitos que arrastró a las demás comunidades indígenas y grupos étnicos. Lo que a la vez ayudó al empoderamiento y el orgullo de ser indígena y de identidad costeña.

Para disminuir las diferencias, el antropólogo sugiere un diálogo franco entre ambas regiones en el que los interlocutores deberán ser siempre los costeños.

Al parecer, la propuesta es que los indígenas se gobiernen desde las unidades administrativas que han tenido desde hace siglos: la comunidad. Esta propuesta ya fue hecha a las autoridades nacionales por parte de las autoridades regionales, pero no tuvo eco.


Cifras que hablan
De acuerdo con los resultados de las últimas elecciones municipales en la Costa Caribe, el abstencionismo fue del 60 por ciento. Esto revela el poco interés que tiene la municipalidad para los comuneros.

En la RAAN, la abstención municipal fue del 56 por ciento, votaron apenas 65 mil 719 ciudadanos de los 148 mil que estaban en el padrón. Si a eso le sumamos que en esa región el porcentaje de ciudadanos sin cédula es altísimo e inclusive hay muchos que no están inscritos en el Registro Civil, la participación en las lecciones es minúscula.

En la RAAS, el panorama es más deprimente: la abstención a nivel regional fue del 58%, pues votaron unos 80 mil ciudadanos, de 190 mil que están registrados en el padrón.

En tanto, en las elecciones regionales de 2002 y de 2006 hubo avances considerables, al pasar la abstención del 65 al 48%, lo que revela mayor interés en las elecciones regionales, cuando todavía no responde a su organización tradicional.


Los alcaldes no mandan
En las comunidades indígenas de la Costa Caribe no es el alcalde quien tiene el poder político, sino los síndicos, que son personas electas por la comunidad para administrar los bienes.

Ese poder también es compartido por los jueces, quienes se encargan de la justicia, y no menos importantes son los pastores de la Iglesia Morava, religión mayoritaria entre las comunidades indígenas, que, además, ayudó a la preservación de las lenguas autóctonas.