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* La amnistía “absoluta” de todo delito político y conexo, pues según se dijo, “conviene echar un velo al pasado”.

* La convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente que adoptó una nueva Constitución Política y reorganizó los poderes públicos.

* Realizar comicios con la participación exclusiva del PC y del PLN. Según el acuerdo, el partido que obtuviera mayor número de votos ganaría la presidencia de la República, así como escaños para todos sus candidatos a la Asamblea Nacional Constituyente. El partido de minoría obtendría 17 curules parlamentarios con sus respectivos suplentes.

* Designar a los jueces electorales del Consejo Nacional de Elecciones por decisión de las juntas nacionales y legales de cada partido. Igualmente, integrar la Corte Suprema de Justicia con tres magistrados propietarios y suplentes del partido de la mayoría; y un suplente del partido de la minoría. En las Cortes de Apelaciones se reflejaría una correlación de fuerzas similar, con la consecuente politización de las instituciones públicas.

El acuerdo también facilitó que:

Los ex presidentes de la República (léase Somoza) electos popularmente, formasen parte de la Asamblea Nacional Constituyente y posteriormente de la Cámara del Senado. Este modelo fue imitado con exactitud en el pacto libero-sandinista de 1999-2000 entre Ortega y Alemán.

El “principio de representación de las minorías” antes descrito para el poder judicial y electoral quedase establecido para “todo cuerpo colegiado, incluyendo las juntas directivas de los bancos o instituciones de crédito del Estado; y demás entes autónomos, servicios descentralizados de administración plurales, así como en las misiones plurales y delegaciones a conferencias internacionales e integración de autoridades locales o municipales”. Igualmente, en las carteras ministeriales habrían asesores del partido de la minoría.

Finalmente, en el acuerdo político se desconocía a cualquier partido de filiación internacional (léase comunista o socialista) y se incorporaba en el Senado, “mientras vivan”, a los ex presidentes de la República electos popularmente. Esta última idea estuvo latente en el pacto entre Alemán y Ortega, pero no se logró concretar, y parece tomar forma en las actuales propuestas de reforma constitucional.

Aprobada la nueva constitución política y luego del repentino fallecimiento del presidente Román y Reyes, Somoza García fue seleccionado por el Congreso como su sucesor interino, el 7 de mayo de 1950. Catorce días después, Somoza García ganó las elecciones en representación del Partido Liberal, para el período 1951-1957, que no completaría pues sufrió un atentado mortal el 21 de septiembre de 1956, en plena campaña presidencial para un nuevo período, falleciendo ocho días después en un hospital de Panamá, pese a ser asistido por los médicos del presidente de Estados Unidos. Gobernó veinte años (1936-1956) gracias a la connivencia con el PC.

El “Kupia Kumi”

El “Kupia kumi”, pacto entre Anastasio Somoza Debayle y el líder conservador Fernando Agüero, suscrito el 28 de marzo de 1971, se originó igualmente en un contexto de protestas populares y reprodujo el modelo de repartición de cargos entre liberales y conservadores, estableciendo una relación de sesenta por ciento (para la mayoría) y cuarenta por ciento (para la minoría) en el Congreso, sin importar los resultados electorales.

Además, el acuerdo especificó que el partido del segundo lugar tendría dos representantes en las juntas directivas de los entes autónomos, junta nacional y juntas locales de asistencia y cuerpos colegiados del Estado. Igualmente, habría un asesor del partido de la minoría en cada empresa estatal, la fiscalía y otras direcciones estatales. La Corte Suprema de Justicia quedó integrada por cuatro magistrados del partido de la mayoría y tres magistrados del partido de la minoría.

Este acuerdo político abrió las puertas para la composición de una junta de gobierno libero-conservadora conocida como Triunvirato (dos liberales y un conservador), previo a las elecciones presidenciales del primero de septiembre de 1974, en las que a pesar de un abstencionismo superior al cincuenta por ciento, Somoza Debayle, el segundo de la dinastía, resultó “electo” presidente de la República.

Estos acuerdos políticos, además de ser antidemocráticos puesto que decidían la composición del Congreso más allá de la voluntad del electorado, eran excluyentes al cerrar el paso al surgimiento de una tercera fuerza política. Y tenían como objetivo principal: obtener la reelección presidencial.

(Tomado de Nicaragua: entre el patrimonialismo de Somoza y la corrupción de Alemán).