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“¿Dónde anduvo el Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, que ha estado ausente de las actividades públicas en esta semana después de un viaje por América del Sur?”, se preguntó la ex guerrillera Dora María Téllez desde su champa, donde desarrolla una huelga de hambre contra la pretensión del Consejo Supremo Electoral de eliminar la personalidad jurídica del Movimiento Renovador Sandinista, que obtuvo más de 300,000 votos en 2006.

“Nadie sabe dónde anda”, agregó Téllez, compartiendo el clamor de la ciudadanía que estupefacta ha tomado como moneda común que el mandatario desaparezca de la escena pública sin dar explicación alguna, como si se tratara de otro Secreto de Estado.

Ortega estuvo cuatro días en Montevideo, Uruguay, viendo retrasada su partida luego de que el avión Boeing 707 de matrícula de Mali, facilitado por Muammar el Kaddaffi, según la versión oficial, sufriera una avería en una de sus alas cuando fuese chocado en la pista del aeropuerto Carrasco por un camión de servicio.

El incidente obligó a Ortega a cambiar sus planes inmediatos, de modo que contrató otra aeronave, un Boeing 737 de la aerolínea Global Air, de matrícula mexicana. Ortega no estuvo en la Cumbre del Clima prevista en Tegucigalpa y tampoco en la Cumbre de Biocombustibles realizada en San Salvador, la semana pasada. Tampoco estuvo en Roma, la semana pasada, en la Cumbre Mundial sobre la crisis alimentaria, donde se suponía que llegaría por invitación del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

En el aire
Después de un día y medio durante el cual no se supo de su paradero, mientras el país era azotado por la tormenta tropical Alma, Ortega reapareció en Quito, Ecuador, en una primera escala técnica, y posteriormente en Panamá, donde en un segundo receso se reunió con el presidente Martín Torrijos, el viernes 30 de mayo.

Posteriormente Ortega viajó a Tegucigalpa para expresar sus condolencias a la familia del nicaragüense de Harry Brautigam, ex presidente del Banco de Integración Centroamericana, BCIE, fallecido de un paro cardíaco tras el accidente del vuelo de Taca al aterrizar en el aeropuerto Tocontín de Tegucigalpa.

Ortega visitó aquella ciudad y su vuelo fue el primero en aterrizar en el aeropuerto Palmerola, en el marco de un vuelo comercial, en la antigua base militar que sirvió para el suministro logístico de la contrarrevolución. Desde el dos de junio, día en que salió de Tegucigalpa, se desconocía su paradero. El viernes pasado, la Secretaría del FSLN dio a conocer unas fotografías de Ortega reunido con autoridades de Defensa Civil, del Ineter y del Sinapred, para conocer de las consecuencias de la tormenta Alma, ¡una semana después de los acontecimientos!
De no ser por su reaparición pública --el sábado 7 de junio reapareció por la tarde en una reunión con productores de diversas partes del país--, se pensaría que Ortega abandonó el cargo. Después de todo, la Constitución Política establece un período de 15 días durante los cuales un mandatario puede estar fuera del país sin permiso de la Asamblea Nacional.

¿Y la gestión pública?
El país no tiene un acuerdo económico con el Fondo Monetario Internacional, FMI, tiene problemas de subejecución presupuestaria a pesar de que hay sobre recaudación de impuestos.

Mientras Ortega estuvo ausente, el gobierno llegó a un acuerdo con Unión Fenosa, según el cual el Estado tendrá una participación accionaria en la compañía distribuidora de energía. Pero la demanda de transparencia, independencia judicial y rendición de cuentas, formulada por el Grupo de Apoyo Presupuestario, como condición para el desembolso de US$110 millones para 2008, aún está pendiente de cumplirse. De igual modo, revelaciones de EL NUEVO DIARIO no han sido respondidas oficialmente por el titular del Seguro Social, después de que se conociese que las “Casas para el Pueblo” son construidas por una empresa del tesorero del FSLN, Francisco López y con fondos de los asegurados.

El artículo 138, numeral 23 de la Constitución de la República, establece que es atribución de la Asamblea Nacional “autorizar la salida del territorio nacional del Presidente de la República cuando su ausencia sea mayor de quince días, y la del Vicepresidente, en caso de ausencia del territorio nacional del presidente”.

¿Abandono del cargo?
El artículo 149 complementa la obligación del presidente de solicitar el permiso de la Asamblea Nacional en caso de ausentarse por más de quince días del territorio nacional. “La salida del presidente de la República sin autorización de la Asamblea Nacional, por un período en el que esta autorización fuese necesaria o por un período mayor que el autorizado, se entenderá como abandono de su cargo”, dice la Carta Magna.

Ha sido imposible confirmar si Ortega permaneció alguna de estas noches de las últimas dos semanas en el territorio nacional, porque su estadía se maneja como un verdadero secreto de Estado. Aparentemente habría estado al menos una noche en Managua, el fin de semana antepasado, antes de partir hacia Tegucigalpa. ¿Por qué razón?
Gobierno en parálisis progresiva
Fuentes diplomáticas bien informadas han revelado a END que en ausencia de la pareja presidencial, nadie se atreve a tomar decisiones de Estado, a autorizar una beca para un funcionario menor o alguna contratación pública. Esto paraliza la gestión de gobierno, no así los acuerdos políticos, porque los operadores del FSLN en los poderes Legislativo, Judicial y Electoral, son muy habilidosos y tienen mucha experiencia, incluso en situaciones de guerra.

Para el general retirado, Hugo Torres, el país pasa por un enorme vacío de poder que lo lleva a una parálisis progresiva. Según Torres, el nivel de gobernabilidad en el país es de un 40 por ciento, pues aparte del Ejército, la Policía Nacional y un par de ministerios, el Estado no está funcionando adecuadamente. “La pregunta sería quién desgobierna este país”, dijo Torres.

“Cada sector se mueve a su propia conveniencia, pero no porque haya una guía que es el papel que le toca jugar a un verdadero jefe de Estado”, aseveró.

El vacío de poder, prosiguió el diputado suplente del MRS, es sumamente peligroso en el contexto de una severa crisis económica e institucional. “Partiendo de esas bases, se puede crear una situación de mucha volatilidad que podría desbordar la paciencia de la gente a través de manifestaciones violentas”, agregó.

Los operadores del FSLN se imponen
El país enfrenta un grave problema energético que se mitigó por medio de un arreglo entre el gobierno y la transnacional Unión Fenosa.

Ante la situación de emergencia por la tormenta Alma, el presidente estuvo fuera del país y sólo actuaron miembros del Sistema Nacional de Prevención Mitigación y Atención de Desastres y del Sinapred, junto al Ejército.

Por otra parte, las negociaciones con Arnoldo Alemán y el Partido Liberal Constitucionalista, PLC --sobre posibles reformas a la Constitución-- y la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, CSJ, son dirigidas por el diputado Edwin Castro Rivera.

Ante los diferentes flancos abiertos por el presidente Ortega, éste tiene operadores políticos para sostener su gobierno, aunque para Torres, estos operadores políticos controlan pequeños hilos de relación con algunos sectores de la población, pero no toda la gestión pública.

“Éstos son pequeños remedios, pero los males del país son muy grandes como para creer que con eso se van a solucionar, por el contrario, en vez de operadores políticos, se requiere el ejercicio real del mando por parte del Presidente de la República”, sostuvo Torres.

Por su lado, Yalí Molina, miembro de la facción conservadora de los lilas, expresó que “aquí ni siquiera deberíamos de hablar de operadores del FSLN, porque el presidente debe ser de todos los nicaragüenses y no sólo para un sector… ante la tormenta miles quedaron afectados y no hubo respuestas”.

“Que se baje de las nubes”

El general Torres considera que como consecuencia del centralismo en la toma de decisiones y de la ausencia periódica del presidente, hay subejecución presupuestaria, lo que afecta el Plan Nacional de Inversión Pública, condicionado a su vez a un acuerdo económico con el Fondo Monetario Internacional, FMI, que aún no ha sido alcanzado.

“Esto refleja una ineptitud gubernamental, ni siquiera son capaces de ejecutar el presupuesto aprobado por la Asamblea Nacional”, advirtió el general Torres.

Paranoia
El país necesita un gobierno sólido que cohesione a la ciudadanía, pero el presidente Ortega no está interesado en buscar un consenso político a pesar de representar a una minoría. Ortega, a juicio de Torres, dirige un gobierno sectario “que se mueve entre la paranoia y la esquizofrenia porque ve enemigos por todos lados”.

Molina, por su parte, aseguró que Ortega debería buscar un entendimiento para enfrentar las crisis, para atraer inversión y generar empleos y evitar que la mejor fuerza productiva se vaya para el extranjero.

El general retirado, por su lado, aseguró que el presidente Ortega está en un nivel de irresponsabilidad y desapego de la realidad que no le permite ver que la situación se está caldeando. Y advirtió: “El presidente Ortega debe literalmente bajar de las nubes porque allá uno tiende a olvidarse de los problemas de la tierra”.