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El 3 de abril de 1950 se firma el Pacto de los Generales entre Anastasio Somoza García y Emiliano Chamorro. Un fantasma recorría el continente: el fantasma del comunismo. El pensamiento macartista se reflejaba incluso en la Constitución de la República, del 1 de noviembre de 1950. El artículo 116 decía: “El Estado prohíbe la formación y actividades de partidos políticos de organización internacional. Los individuos que a éstos pertenezcan no pueden desempeñar ninguna función pública. Se exceptúa únicamente a los partidos que tiendan exclusivamente a la unión de América Central”.

El maestro Antonio Esgueva, historiador, lo explica así en su obra Las Leyes Electorales en la Historia de Nicaragua (II Tomo): “Era la época en que McCarthy imponía su criterio y confrontaba abiertamente el Este con el Oeste. Todo lo que oliera a comunismo debería ser desechado de la legislación o excluido. De ahí que los países controlados por la política norteamericana se dejasen influenciar enormemente hasta el punto de recoger esa ideología e imponerla como ley en sus constituciones o en las leyes electorales”.

En la reforma constitucional del 20 de abril de 1955 se fue más allá, y el artículo 116 fue redactado con mayor especificidad: “El Estado prohíbe la formación y actividades del Partido Comunista y de los que sustenten ideologías similares, lo mismo que de cualquier otro partido de organización internacional”.

Las prebendas
Al mismo tiempo, desde el Pacto Cuadra Pasos-Somoza de 1948, se expresa una voluntad de fortalecer un sistema político bipartidista, con base en las prebendas a favor del Partido Conservador, al cual se le brinda la oportunidad explícita en el acuerdo de aumentar sus curules en el Senado y el Congreso –-para lo cual el PLN se abstendría de acudir a las elecciones legislativas--, y al otorgarle puestos vacantes en las cortes de Apelaciones y en la Corte Suprema de Justicia.

De igual modo, se convino dar al PC “una justa participación” en las directivas de Bancos y demás entes autónomos y en las Comisiones de Vigilancia y Control que actualmente funcionan o se puedan crear en el período presidencial de referencia. Asimismo, le dieron el control de las principales plazas municipales de corte conservador.

“Las cláusulas de este convenio han sido dictadas con la intención sana de beneficiar a las fuerzas históricas en que se divide la opinión pública de Nicaragua, y de mantener su equilibrio”, dice el numeral XIII del Acuerdo.

Dos años después se rubrica el Pacto de los Generales (1950), acuerdo político mediante el cual se convoca a una elección de Asamblea Nacional Constituyente a través de un Decreto que establece que las elecciones se producirán el 21 de mayo de ese año, con las siguientes premisas:
¿Algún parecido con el presente?
a) Son Partidos Principales de la Nación: el Partido Liberal Nacionalista y el Partido Conservador de Nicaragua o sea los mismos de que habla la Ley Electoral del 20 de marzo de 1923 sin sus reformas. Para esta elección queda suspenso el derecho de petición (para constituir nuevos partidos).

El acápite Ch del Decreto establece una cláusula clave, porque es la que permite una alianza de cogobierno libero-conservador: “El partido que obtuviera mayor número de votos ganará la Presidencia de la República, y la lista completa de sus candidatos propietarios y suplentes, a la Asamblea Nacional Constituyente. El otro partido ganará los 17 primeros candidatos de su lista, con sus respectivos suplentes”. Así sería por ley, sin importar la relación de votos.

El artículo 12 del proyecto de decreto formulado en el Pacto de los Generales establece que en la misma sesión que se tome promesa al presidente electo --que por supuesto fue el general Anastasio Somoza-- serían electos los magistrados del Poder Judicial:
1. Para integrar la CSJ se elegirán a tres magistrados propietarios y a un suplente del partido de la mayoría, y dos propietarios y un suplente del partido de la minoría.

2. En las cortes de apelaciones de Granada, Masaya y León habrá un magistrado de la minoría en cada sala.

3. En las cortes de apelaciones de Matagalpa y Bluefields, el presidente común será siempre del partido de la mayoría, correspondiendo al de la minoría un magistrado en cada sala.

Finalmente, el artículo 16 del proyecto de decreto previsto en el Pacto de los Generales estableció que “La Constitución Política que se dicte incorporará el principio de representación de las minorías, el cual se aplicará no sólo al Poder Judicial en la forma que queda establecido en el Arto. 12 de este Decreto, sino en todo cuerpo colegiado, incluyendo las juntas directivas de los bancos o instituciones de crédito del Estado y demás entes autónomos, servicios descentralizados de administración plural, así como en las misiones plurales y delegaciones Internacionales e integración de autoridades locales o municipales”.

De igual modo, habría asesores de la minoría en los cuerpos colegiados, misiones diplomáticas, todas las ramas del Ejecutivo, en fin, se conformaba una verdadera coalición en el poder.

Vuelve el slogan “¡Basta ya!”

Varios partidos navegaron contra la corriente ante un régimen claramente bipartidista, entre ellos el Partido Socialista Nicaragüense, el Partido Liberal Independiente y el Partido Social Cristiano, a los que les tocó ejercer oposición “a la orilla de la ilegalidad” como diría el diputado renovador sandinista Enrique Sáenz.

El Partido Liberal Independiente, PLI, sostuvo su primera asamblea general el 9 de marzo de 1946 en León, surgiendo como rechazo a los intentos reeleccionistas de Anastasio Somoza García, los cuales verían su culminación con el fraude electoral del año siguiente (1947) y a través del Pacto de los Generales.

A lo largo de la dictadura de los Somoza, el PLI se sumó a varias alianzas de oposición como el Frente Defensor de la República (1954), algunos de sus dirigentes participaron en la rebelión de Olama y Mollejones (1959), el Frente Opositor Nacional (a inicios de los sesenta), la Unión Democrática Nacional (1963), la Unión Nacional Opositora (1966), la Unión Democrática de Liberación, UDEL (1974), y en mayo de 1978, en su asamblea general, el PLI declaró oficialmente que el único camino viable para lograr el derrocamiento de la dictadura era la vía armada, según documenta Óscar-René Vargas en Partidos Políticos y la búsqueda de un nuevo modelo.

La primera UNO
El Partido Social Cristiano fue otro de los partidos que sufrió persecución durante la dictadura somocista. Según información disponible en Wikipedia, la Enciclopedia Libre, el PSC se sumó a la Unión Nacional Opositora (UNO), movimiento fundado por el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y Fernando Agüero, antes de que este último pactara con Somoza.

La UNO aglutinaba a los cinco partidos en oposición a Somoza: el Partido Conservador de Nicaragua, el Partido Liberal Independiente (PLI), Partido Socialista Nicaragüense, el Partido Social Cristiano, y el Partido Comunista de Nicaragua, recién fundado ese año.

Curiosamente, se utilizaban algunas consignas que están usando ahora el MRS y el PC contra Ortega y Alemán, como aquella ¡Basta ya!: “La Prensa le sirvió de campaña a la UNO poniéndole sus anuncios en sus páginas; los lemas de la UNO eran: “¡Basta ya!”, “No más Somoza en el poder”; “Pinolero, pinolero, votá por Agüero” y “Con Fernando no ando con Agüero muero”. La oratoria, los gestos, los movimientos y el slogan ¡Basta ya! de Agüero hacían perder la razón, la inteligencia y el equilibrio de las multitudes que se agrupaban en torno a su atractiva personalidad y a su profundo magnetismo, que atraía a gente de todo el país y de todos los estratos sociales”, se dice en Wikipedia.

Pero estos partidos eran víctimas de la represión, como se observó en la masacre del 22 de enero de 1967, y en otras ocasiones algunos de sus dirigentes tenían que tomar las armas para intentar derrocar a Somoza debido al cierre de los espacios políticos en el país.

En 1977, el PLI, el Movimiento Liberal Constitucionalista (MLC), el Partido Socialista Nicaragüense con la Central de Trabajadores Independiente (CGTi) y el Partido Social Cristiano Nicaragüense (PSCN) con la Central de Trabajadores de Nicaragua (CTN), sumaron esfuerzos y se integraron en UDEL.

Los integrantes de este Movimiento suscribieron un manifiesto bajo el título: “No hay por quién votar”, y una de sus columnas vertebrales fue la presencia del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, quien en su diario personal recuerda cómo fueron reprimidos lo líderes de UDEL: “Luego nos fueron llamando, a la Policía primero y al juzgado después, y todo el país escuchó millones de veces la frase “No hay por quién votar”, cuyo impacto contribuyó enormemente a la pavorosa abstención electoral del primero de septiembre de 1974”. Así lo narra Edmundo Jarquín en su libro Pedro Joaquín ¡Juega!
Kupia Kumi y el estallido social
El único “partido de oposición” reconocido por la dictadura era el Partido Conservador, el cual mediante pactos periódicos era sumado al cogobierno para aplacar los ánimos. Así ocurrió de nuevo con el Kupia Kumi firmado entre Anastasio Somoza y el líder conservador Fernando Agüero, el 28 de marzo de 1971, en la víspera del terremoto de Managua, lo que fue determinante para que la oposición cívica de Nicaragua considerara que la única manera de derrocar a Somoza era mediante la vía armada.

Un resultados del Kupia Kumi fue la elección del triunvirato integrado por Roberto Martínez, Alfonso Lobo y Fernando Agüero (dos liberales y conservador), mientras Somoza ejercía el poder de verdad, al mismo tiempo que se elevaba por ley la cuota del Partido Conservador en el Congreso del 17 al 40 por ciento.

De igual modo, Somoza y Agüero establecieron que el Tribunal Electoral estaría integrado de forma equitativa por representantes del Partido Liberal y el Partido Conservador, expresado en la Ley Electoral de 1974.

Cualquier parecido con la situación presente, no es obra de la casualidad. Hoy la amenaza inminente que une a Daniel Ortega y a Arnoldo Alemán, es la acechanza generalizada del imperialismo yanqui.

Fuentes
ESGUEVA GÓMEZ, Antonio. Las Leyes Electorales en la historia de Nicaragua, Managua, Editorial El Amanecer, 1995. Tomo II y III
JARQUÍN CALDERÓN, Edmundo. Pedro Joaquín ¡Juega!, Managua, Editorial Anamá, 1998. 304 p.

VARGAS, OSCAR-RENE. Partidos políticos y la búsqueda de un nuevo modelo, Ecotextura, 1990. 203 p.