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El saliente embajador de EU en Nicaragua, Paul Trivelli, “le tocó asumir una etapa difícil como fue el proceso electoral y el cambio de gobierno de don Enrique Bolaños al comandante Daniel Ortega y donde el diplomático tuvo un papel bastante controversial”.

Así se expresó ayer el Vicepresidente de Nicaragua, Jaime Morales Carazo al evaluar el trabajo que hizo en Nicaragua el diplomático estadounidense, quien ayer oficialmente en un acto en la misión norteamericana se despidió de Nicaragua.

Dijo Morales Carazo que algunos sectores calificaron a Trivelli como injerencista y “en algunas oportunidades creo que él (el diplomático) se excedió, pero yo mantuve con él una cordial y caballerosa relación pese a las contradicciones que se produjeron en múltiples oportunidades”.

“Buena labor”

“Creo que él deja una buena labor de cosas positivas como es la culminación del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y el Caribe (Cafta), la Cuenta del Milenio, la construcción de la nueva embajada que significan más de 100 millones de dólares, la ayuda inmediata y emergente que Estados Unidos ofreció a los afectados por el huracán Félix y muchísimas misiones médicas, técnicas, comerciales y de funcionarios del más alto nivel del gobierno norteamericano”, apuntó.

El vicemandatario también señaló que el diplomático llevó a cabo un buen acercamiento con la Policía y el Ejército Nacional “por lo que creo que esas cosas son positivas y como le he dicho a él en algunas oportunidades que las palabras y la retórica se las lleva el viento, pero las obras quedan de forma permanente”.

“Durante largo tiempo pasé yo explicándole (a Trivelli) la retórica de la dialéctica nicaragüense, así como las diferencias entre la retórica y los hechos, difícil de explicarla y también difícil que me los entendiera”, dijo Morales Carazo, quien aseguró que la comunicación con Trivelli le fue posible porque la esposa del diplomático, Eva, y la esposa del vicemandatario, Amparo, son amigas y ambas de nacionalidad mexicana.

“Ellas (las esposas) fueron puente de comunicación insustituible y facilitó que se diera esa fluida comunicación, ininterrumpida pese a los choques y roces con el amigo embajador”, dijo Morales Carazo.

En su discurso en la embajada, el vicemandatario recordó frases que en otras ocasiones dijo, entre ellas: “El embajador Trivelli tuvo que navegar en cortos, pero muy intensos tres años por aguas profundas y agitadas a veces contra la corriente (...) En un escenario mágico, volátil e indescifrable, incluso para los más expertos y doctores politólogos, chamanes o gurús criollos”.

“El embajador sobrevivió siempre serio, parco y enigmático cumpliendo con el difícil guión que le asignaron desde las lejanas “colinas capitolinas” (...) ajustando las velas de su barco a los nuevos vientos (...) sin que se alteren los puntos medulares de la agenda bilateral entre ambos gobiernos”.

“El enemigo es la indiferencia”

Durante su discurso del cuatro de julio, el embajador estadounidense expresó un “último pensamiento” en el que dijo: “La democracia es un ejercicio colectivo que debería de florecer en el corazón de todos los ciudadanos y ser expresada por ellos innumerables veces a lo largo de sus vidas. A medida en que interactúen con sus conciudadanos. A medida en que manifiesten libremente sus opiniones. A medida en que se congreguen en el centro religioso de su preferencia; y, a medida en que emitan su voto. En pocas palabras hemos aprendido que el enemigo más peligroso y nocivo de la democracia, no es la dictadura. Es la indiferencia”.