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La oposición al Gobierno de Daniel Ortega marchó en las calles. Gritó. Insultó. Vitoreó. ¿Qué hará ahora? Mónica Baltodano, diputada del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) apuesta por un movimiento que trabaje en las calles, barrio por barrio, casa por casa. ¿Y el líder? José Pallais, legislador liberal, prefiere no abordar ese tema, “pensar en un liderazgo individual nos lleva a un caudillismo”, dice, aunque comparte mesa con el caudillo de El Chile. Entonces, es cuando las diferencias afloran.

Pese a que el voto opositor al Frente Sandinista representó el 62 por ciento en las elecciones nacionales, este porcentaje, fragmentado en varios partidos políticos, no ha logrado consolidar estrategias o un liderazgo lo suficientemente consistente para impulsar alternativas a las políticas del presidente Daniel Ortega, que ellos califican como “dictatoriales”.

La oposición en Nicaragua se caracteriza por hablar mucho y hacer poco. Después de un año y medio de Gobierno sandinista, sólo en una ocasión han metido en aprietos al Ejecutivo, aun cuando son mayoría en la Asamblea Nacional. “Es que en la Asamblea Nacional tenemos pocas posibilidades de maniobra”, explica Baltodano, a cuyo partido el Consejo Supremo Electoral (CSE) recientemente lo despojó de su personalidad jurídica, evitando así que participe en las elecciones municipales de noviembre próximo.

Fue precisamente por la cancelación de la personalidad jurídica del MRS y del Partido Conservador (PC) que la oposición se manifestó en las calles. El paso siguiente aún no está planificado, pues las diferencias evitan una consolidación que los fortalezca. Hay, además, un elemento aditivo que hace de esta oposición un grupo para nada beligerante: carecen de la capacidad de presión y sabotaje que en su momento de opositor tuvo el Frente Sandinista, y no hay que ver de un lado el apoyo estratégico que el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) da al Ejecutivo.

Ante ese vacío, varios organismos de la Sociedad Civil se vislumbran ahora como los opositores más diligentes. “Si aquí Daniel Ortega no hubiese cerrado los espacios políticos y estuviese haciendo algo para paliar la crisis, no tuviese la sociedad civil marchando en las calles”, opina Carlos Tünnermann, directivo del no gubernamental Movimiento por Nicaragua.

Divide y vencerás
Una mañana nublada, más de ocho mil opositores marcharon contra Ortega. Gritaban consignas mientras caminaban “contra la dictadura y a favor de la democracia”. La manifestación fue en contra también de la carestía de la vida. “Si hay plata para subirse en aviones, hay plata para bajar los frijoles”, decían en referencia al mandatario, quien alquiló un avión para sus giras al extranjero, a las que también han asistido sus hijos, nueras y yernos.

Ese mismo día los dirigentes de los manifestantes aseguraron que Nicaragua se enrumbaría hacia un camino diferente. Una semana después, el Ministerio Público anunció que acusará a 43 personas por presunto fraude al Estado por la emisión y renegociación de los Certificados Negociables de Inversión (Cenis). Entre ellos está el candidato a alcalde de Managua por la Alianza Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Eduardo Montealegre.

Montealegre fue ministro de Hacienda y Crédito Público durante la Administración de Enrique Bolaños, cuando se renegoció la deuda, fue contrincante de Ortega en las pasadas elecciones nacionales, y es el principal rival del actual candidato sandinista a la alcaldía de Managua, Alexis Arguello.

Para los liberales y para parte de la sociedad civil organizada, Montealegre está siendo acusado por razones políticas, y la demanda en su contra debe ser un estandarte de la oposición, pero para otros no. Baltodano lo dice con todas sus letras: “A la gente no le preocupa Montealegre, la arremetida del Gobierno es en el territorio, contra las ONG. Lo de Montealegre no es el principal foco de agresión”.

Chantajes
Más que la parte política, la legisladora y disidente sandinista aborda el aspecto social, que es una de las aristas de las críticas a Ortega. “La gente está preocupada porque la chantajean si no se alinea a las posiciones del Gobierno, porque si no es así, no puede acceder a microcréditos”. Pallais, por su parte, considera que en la acusación contra Montealegre “hay una intención eminentemente política de inhibir a un candidato que es un potencial ganador”.

Dos de los programas insignes de la Administración sandinista son los programas “Hambre Cero” y “Usura Cero”, el primero dirigido a los pequeños productores y el segundo son préstamos para las mujeres. A ambos se les critica porque para acceder a ellos se precisa de un aval de los Consejos de Poder Ciudadano (CPC), órganos coordinados por la esposa de Ortega, Rosario Murillo, y de los secretarios políticos del Frente Sandinista.

Otro de los grandes señalamientos a la Administración de Ortega es la falta de transparencia en el uso de los recursos que dona Venezuela, pero más allá de lo que los diputados opositores, 53 en total, hablan frente a los medios de comunicación, no ha sido posible fiscalizar la cooperación de Venezuela, contabilizada por el presidente Ortega en 520 millones de dólares.

“En la Asamblea seguiremos utilizando voz y posibilidades, pero no tenemos muchas expectativas”, expresó Baltodano con cierta resignación. La bancada a la que pertenece está compuesta solamente por tres diputados.

El verdadero problema
La percepción que los oficialistas tienen de la oposición está lejos de ser la mejor. Muchas de las victorias del Ejecutivo han estado acompañadas de burlas. “Ustedes son la oposición cucaracha porque piensan con el hígado”, les dijo en el plenario el diputado sandinista Wálmaro Gutiérrez en un acalorado debate.

Los opositores se pararon firmes frente al Ejecutivo en diciembre pasado, creando un serio impasse institucional que provocó la no aprobación del Presupuesto General de la República de 2008 y la suspensión del trabajo parlamentario.

La crisis estalló cuando la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, integrada por magistrados sandinistas, ratificó una sentencia del Tribunal de Apelaciones de Managua, TAM, que aceptó un recurso contra la ley que anulaba la vida legal de los Consejos del Poder Ciudadano, CPC, a pesar de que la misma ley ni siquiera había sido publicada en La Gaceta, Diario Oficial.

A excepción de esa ocasión, los opositores se recriminan mutuamente. “Hay coincidencias estratégicas y diferencias tácticas, pero más importante son las ambiciones personales y ese es el elemento más distorsionante”, explica Pallais refiriéndose uno de los principales problemas: el del protagonismo.

Y continúa: “A la sociedad no le gusta el caudillismo. Las circunstancias apuntan a un liderazgo colectivo, que diferentes personas se unan alrededor de un programa. Mientras eso no se dé, existirá el vacío, la frustración”. Tunnermann coincide con Pallais, para él “es hora de ir terminando con el caudillismo y buscar liderazgos colectivos propios de una democracia moderna”.

“Hay una competencia contra el PLC y una falta de entendimiento, porque el PLC sabe trabajar objetivos estratégicos”, dice Pallais, refiriéndose a las críticas que el MRS y otros partidos le hacen al PLC porque colabora con el Frente Sandinista en la aprobación de leyes.

“No habrá milagros”

“Esta lucha no es de corto plazo, es compleja, no hay que esperar resultado milagrosos. Se necesita articulación de sectores sociales amplios y que la gente de los sectores populares se una”, explica Baltodano, quien asegura que “se ha avanzado mucho en esta jornada”, aunque los resultados no han sido efectivos.

Dora María Téllez, quien estuvo en huelga de hambre durante 12 días, secunda la propuesta de Baltodano. Según ella, sólo un movimiento social podrá hacer tambalear al Gobierno por los actos de corrupción de los funcionarios que “ejercen la corrupción desde sus cargos y creen que es gracioso, que ostentan lo robado tranquilos de la vida, funcionarios que hacen tráfico de influencias y ni siquiera tragan gordo, funcionarios que dicen que más ladrones eran otros, aceptando que son ladrones, pero que los otros también”.

“Si somos opositores debemos aprovechar los espacios para influenciar y plantear los errores del adversario. Ser opositor significa denunciar la mala gestión del Gobierno, contrastándola con una mejor opción”, dice Pallais, en quizá la mejor explicación del rol que debería jugar la oposición en una sociedad democrática.