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A pocos días de los comicios,  el candidato a la Vicepresidencia por el Partido Liberal Constitucionalista, PLC, Francisco Xavier Aguirre Sacasa, se siente optimista de los resultados; sin embargo, analiza algunos puntos que, según él serán determinantes.  Pese a su optimismo, Aguirre Sacasa también se muestra realista y admite que están compitiendo contra un partido bien organizado y con recursos a manos llenas.

Las últimas encuestas dicen que Daniel Ortega obtendrá una victoria contundente el 6 de noviembre, que Fabio Gadea quedará en segundo lugar, y que Arnoldo Alemán quedará en un distante tercer lugar. ¿Qué comentarios le amerita esta encuesta?

Yo no le pongo mente a las encuestas en Nicaragua, incluyendo aquellas –como una hondureña—, que favorecen al PLC en el sentido que estamos en un claro segundo lugar. O sea, que esta última encuesta de M&R no me quita el sueño.

¿Por qué ese escepticismo?
Sencillamente porque hace medio año realicé un estudio del desempeño de las encuestadoras acá desde 1990 y vi que se han equivocado. Y muchas veces por enormes márgenes. Por ejemplo, todos los encuestadores en 1990, con una sola excepción, pronosticaron una victoria contundente para el entonces presidente

Daniel Ortega, y fue doña Violeta la que tuvo la avalancha de votos.

Si adelantamos la película, en 2006 los encuestadores ponían al PLC en un pobre tercer lugar, y alcanzamos un empate virtual con la ALN –en esa contienda el partido en que militaba Eduardo Montealegre-, y eso sin contar el 8.5% de los votos en zonas rurales en donde el PLC tiene su voto duro.

¿Entonces, Francisco Aguirre Sacasa no cree en las encuestas?
No creo en ellas en Nicaragua y dudo de ellas en Latinoamérica por lo errado que han estado en lugares como Colombia, cuando Santos le ganó a Mokus. Más bien me dejo guiar por lo que me dice mi olfato, y después de recorrer el país durante 12 semanas, después de haber visto el entusiasmo liberal en concentraciones gigantescas, como la alborada en Managua y el lanzamiento de campaña en Matiguás, y en mítines pequeños como una íntima en Cedro Galán, te puedo decir que no he visto el entusiasmo que existe ahora desde 1996. No lo vi con Bolaños en 2001 ni con Rizo en 2006.

¿Qué le dice su olfato en cuanto al 6 de noviembre?
No te voy a mentir. Creo que esta será una lucha asimétrica entre Daniel Ortega y la oposición, sobre todo porque la oposición ha vuelto a caer en la división. Pero creo que el PLC puede dar una gran sorpresa. No solo contamos con ese entusiasmo, la electricidad que te mencioné, sino que también tenemos una organización que tenemos un año de estar aceitando y que no la tiene ningún otro partido de oposición. Tenemos a 26,000 fiscales para defender nuestro voto y otros miles de líderes que nos ayudarán a movilizar nuestros votantes en el “Día AA.”

¿Qué quiere decir el Día AA?
Es una jerga que usamos en el partido. Es el Día Alemán-Aguirre, o lo que tradicionalmente hemos llamado el “Día D,” el día de la votación, el 6 de noviembre.

Lo veo triunfalista.
No. Lo que escuchás es a un candidato optimista, nunca triunfalista, pero también realista. Estoy consciente de nuestras fuerzas y debilidades y las de nuestros adversarios. Y creo sinceramente que si alguien puede derrotar a Ortega es el PLC.

¿Descarta la candidatura de Fabio Gadea?
Sí. Sin querer menospreciar a Fabio Gadea, honestamente no tiene los activos de Arnoldo ni su experiencia, y tampoco cuenta con el cofre de guerra que manejó Eduardo Montealegre en 2006 cuando este compró la lealtad de muchas de nuestras estructuras. Te digo sinceramente, dudo de su organización, estoy seguro que no se compara a la del PLC y eso cuenta mucho en elecciones en un país tradicional como el nuestro. También creo que Fabio ha cometido errores.

¿Cómo cuáles?
El rehusar participar en una primaria contra Arnoldo para seleccionar al verdadero candidato de consenso del liberalismo. Se la pusimos fácil. Le ofrecimos jugar con sus árbitros y con el Padrón que él escogiese, con las reglas que él quisiera y con los observadores de su agrado, y no aceptó el desafío. Ahí él y sus manejadores mostraron ser timoratos y creo que el pueblo se percató de eso. Ahí perdió las elecciones. Al rehusar debatir con Arnoldo, Fabio también optó por el camino fácil, pero equivocado. La gente pensante –aún aquellos de los segmentos A y B de la población, aquellos que son más proclives a Montealegre--, dudaron de su capacidad para gobernar este país.

¿Ortega tiene pasivos?
Por supuesto. Todos los tenemos. A pesar de ser un político de primera con un magnífico instinto y una dedicación de tiempo completo a su profesión, y a pesar de contar con literalmente cientos de millones de dólares y de las palancas del poder, es un candidato inconstitucional.

Además, sé que duda de la seguridad de su victoria. Si no fuese así, ¿por qué no ha permitido una robusta observación internacional y nacional? Porque Daniel sabe que es vulnerable. Una repetición de 1990 es su peor pesadilla y sabe que tiene que vencer al Güegüense que le puede costar la elección por más medidas que haya tomado para asegurar su triunfo.