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  • AFP

El sandinista Daniel Ortega gobernará otros cinco años Nicaragua ahora con un poder mayor al tener el control del Congreso, pero seguirá dependiendo de la ayuda del presidente venezolano Hugo Chávez para colmar las expectativas de la inmensa población pobre que lo reeligió.

El líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) ganó el domingo la reelección con un contundente 63% y dispondrá -según la proyección- de unas 60 sillas en la Asamblea Nacional, de 90 escaños, lo que le es suficiente incluso para reformar la Constitución.

Aunque cuestionado por una serie de anomalías en la votación, denunciadas por observadores internacionales y opositores, el triunfo de Ortega, coinciden críticos y seguidores, está determinado por sus planes sociales, en un país con 45% de sus 5,8 millones de habitantes en pobreza.

"El pueblo eligió seguir siendo presidente. Queremos seguir cambiando el país. Empieza una nueva etapa. Se están preparando miles de paquetes solidarios que Daniel entregará en los próximos días. El pueblo exige más programas sociales, más efectiva lucha contra la pobreza", anunció la esposa y portavoz de Ortega, Rosario Murillo.

Financiados por la extrordinaria cooperación de su aliado venezolano -500 millones de dólares al año-, sus programas "Plan Techo", "Hambre Cero" y "Usura Cero", incluyen desde créditos y títulos de propiedad hasta pasajes subsidiados de autobús, una vaca o un cerdo.

"La técnica fue buena, se dirigió con migajas a un punto clave: a los pobres que son la mayoría de este país", afirmó a la AFP el sociólogo Cirilo Otero, quien se dice sandinista pero no "orteguista".

Calificados como "clientelistas" por los adversarios y críticos de Ortega, los planes fueron certeros: detrás de cada vaca y de cada cerdo hay una familia.

"A mí la política me tiene harta. Los políticos siempre han robado. Yo voté por Daniel porque estamos confiados en que mejore esto, que siga ayudando al pobre. A mí me ayudó a ponerle el zinc (techo) a mi casita que se estaba cayendo", dijo Ana Mendoza, en una esquina de un barrio del oeste de Managua, donde vende frutas.

Nunca antes partido alguno logró una mayoría total en el parlamento -en 17 años de oposición el FSLN debió recurrir a alianzas-, ni un candidato de cualquier formación política obtuvo una votación tan alta desde que se celebran comicios tras el fin de la dictadura.

La postulación de Ortega había levantado controversia tras ser habilitada por una Corte Suprema de Justicia con mayoría de jueces sandinistas, pese a que la Constitución prohíbe la reelección consecutiva.

"El primer paso que va a dar es cambiar la Constitución y oficializar la reelección permanente, su sueño desde 2007, pero a la gente eso no le importa mucho", dijo Otero.

Ortega, quien ofrecerá este martes su discurso de la victoria en un acto que se prevé multitudinario en una plaza de Managua, gobernó durante los años 80 tras la revolución sandinista que derrocó a la dictadura somocista, enfrentado a los empresarios y a Estados Unidos, que financió la guerra de los "contra" y aplicó un bloqueo económico.

Desde que regresó al poder en 2007, Ortega, próximo a los 66 años, catapultó su popularidad en el segundo país más pobre de América con una suerte de modelo que combina el populismo con un pragmatismo que le permite comerciar con Estados Unidos, tener cómodos a los empresarios y aplicar los ajustes de los organismos internacionales.

"Un populismo responsable", estimó el economista Arturo Cruz, quien urgió a la oposición, que no reconoció los resultados de los comicios, a demostrar las denuncias de fraude porque el país "no resiste" un clima de inestabilidad política que afectaría las inversiones.

El gobierno está presionado para ejecutar "programas extra presupuesto para paliar necesidades de la población, pero se necesitan oportunidades de empleo y oportunidades sostenibles", pues el subempleo es del 53% de la fuerza laboral, destacó a su vez el analista económico Mario Arana.

"Hoy está más obligado a cumplir", afirmó este martes monseñor Eddy Montenegro, el asistente del cardenal Miguel Obando, otrora feroz crítico de Ortega y hoy colaborador del gobierno.