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  • AFP y La Prensa de Honduras

Los obispos del Secretariado Episcopal de América Central, Sedac, advirtieron el domingo que la región vive una “alarmante violencia” y denunciaron la persistencia de la corrupción en los Estados y la “exclusión social” de la inmensa mayoría de pobres.

“Vivimos en medio de la maleza de una alarmante violencia que reviste distintas formas y tiene diversos agentes: el crimen organizado y el narcotráfico; la violencia común y la creciente violencia intrafamiliar”, consigna el pronunciamiento del Sedac, leído en rueda de prensa por el arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar.

El pronunciamiento de los obispos surge tras la asamblea anual del Sedac, que se celebró durante la semana en Valle de Ángeles, en el suroeste de Honduras, explicó Escobar.

Paradojas de los pueblos
Los obispos sostienen que “en medio de pueblos que aman la verdad y la honestidad y que han luchado por la igualdad y la libertad, paradójicamente persisten situaciones y estructuras adversas tales como la exclusión social de inmensas mayorías pobres, la corrupción en la sociedad y en el Estado; el irrespeto a las leyes y a las instituciones democráticas”.

Esos males y las violaciones a los derechos humanos “rompen la armonía social, contribuyen al crecimiento de la pobreza de gran parte de la población y provocan la dolorosa migración forzada de muchos centroamericanos”, según la cúpula de la Iglesia Católica del istmo.

Familia amenazada
Los religiosos advierten que “la familia se ve amenazada por ideologías, leyes y situaciones de inseguridad económica que no la favorecen”.

Según el Cuarto Informe de Estado de la Región, 47% de la población es pobre y 18,6% vive en situación de pobreza extrema, en una zona donde uno de cada tres niños padece de desnutrición crónica, situación acentuada tras la crisis económica a partir de 2008.

Centroamérica es considerada una de las regiones más violentas del mundo y más susceptibles a la penetración del narcotráfico.

En los últimos 11 años, al menos 145.000 personas fueron asesinadas en la región, el equivalente a una tasa anual promedio de 34 homicidios por cada 100.000 habitantes, de las más altas del mundo.