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A unas horas de partir de Nicaragua el embajador de la delegación de la Unión Europea para Nicaragua, Centroamérica y Panamá saliente, Mendel Goldstein, se despide de los nicaragüenses, de los medios, de los paisajes y de las discusiones políticas que le llamaron la atención desde su llegada a tierra pinolera hace dos años y siete meses.

¿Cuál fue su primera impresión de Nicaragua?
Un país con mucha discusión política interna, polarizado; cuando vi los medios de comunicación, sobre todo la escrita, con bastante oposición, me sorprendió el tono de la oposición, pero me parecía positivo como una expresión de la diversidad, me parece bien la libertad de expresión que se respetó y se respeta, en cuanto a los medios escritos.

Me sorprendió la tranquilidad del país, tenía la impresión de que es un país férreamente calmo, que uno puede salir a la calle paseando sin problemas, que no había crimen organizado, como sabemos que existe en países vecinos; de esto hemos disfrutado mucho, porque uno puede circular, tomando ciertas precauciones, pero finalmente es un país donde no hay amenazas serias. Hay problemas de clima como en toda la región, de vez en cuando hay lluvias muy fuertes o sequías.

Es una sociedad civil bastante bien organizada con el sector privado, el Cosep, unos empresarios muy influyentes, luego muchísimas organizaciones, derechos humanos, observación electoral. He tenido la buena impresión de que es un país que está en la lucha política, pero respetando ciertas formas.

¿Fue muy difícil un diálogo inicial con el gobierno?
Sí, fue bastante difícil, porque el gobierno se sentía discriminado, por qué suspender la ayuda, cuando el país funciona, trabaja en calma, por qué la Unión (Europea) penaliza al país. Nos costó explicar que tenemos unos valores en la UE, como justamente un proceso electoral, transparentemente limpio, que si se viola esto no puede pasar sin más, tenemos que reaccionar, como lo hicieron otros.

También Estados Unidos, Suiza y otros de la comunidad internacional.
Al final creo que llegamos a convencer al gobierno que en estas condiciones no podemos retomar no más el apoyo presupuestario, tenemos que buscar alternativas, porque de hecho no se trata de penalizar al país, sino insistir en algunos principios del Estado de Derecho y con el tiempo. Después de un año, ya cuando nos invitaron a la observación electoral en 2009, cuando Nicaragua contribuyó al Acuerdo de Asociación, vimos que hay señales positivas que facilitaron el diálogo y llegamos a unas soluciones para buscar alternativas para canalizar la ayuda.

¿Cuál fue su momento más difícil en Nicaragua en estos dos años y siete meses?
Creo que el momento más difícil fue la preparación del proceso electoral, de este último, cuando se publicó el reglamento del acompañamiento electoral el 16 de agosto, yo temía mucho que aquí se paraba esta apertura en la observación de parte de la UE, porque el reglamento nos parecía difícilmente conciliable con nuestros principios, porque era restrictivo en algunos puntos, faltaba precisión sobre los derechos de los observantes.

En estos momentos hasta el discurso del presidente, en la noche, antes del lanzamiento de la campaña electoral, él interpretó el reglamento de una manera bastante liberal, diciendo que era un marco nada más e invitó a la observación internacional, entonces esos dos o tres días los pasé mal.

¿Cree que ese discurso fue para mejorar las cosas o realmente era un problema de la interpretación que se le estaba dando al reglamento?
No lo sé. Es una buena pregunta. No sé qué ha causado esta apertura, porque el mismo día llamó a la OEA como invitados, él tal vez llegó a la conclusión que sería interesante para el país poder ser acompañado. Mejor que haya ojos ajenos para de cierta manera legitimar el proceso. También puede ser que las encuestas han convencido al Frente que el riesgo es limitado, pero sí habría que preguntarle a él.

¿Pero sí le trajo algún alivio la declaración de Ortega?
Sí, porque entonces nosotros inmediatamente introducimos nuestro texto modelo para ver si efectivamente lo que dijo el presidente se podía aplicar. Después de una semana también muy tensa y de negociaciones con el Consejo (Supremo Electoral) a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, llegamos a un texto satisfactorio para nosotros.

¿Cuál fue su mejor momento en Nicaragua?
Bueno tal vez esto. Pero muchos buenos momentos, siempre cuando estuvimos inaugurando proyectos, clausurando proyectos, ver los resultados, a la gente contenta, cuando distribuimos comida en períodos de sequía, cuando llevamos a la gente, estos paneles solares, para que tengan contacto a la civilización, que tengan radio, que los niños puedan estudiar en la noche con luz, que antes no tenían. Estos son los momentos que más nos satisfizo.

¿Más que los reconocimientos que recibió en su última semana?
Sí, esto lo recibimos con mucho gusto. También es una tradición, en nuestro caso ha sido verdaderamente muy amplio el reconocimiento de la sociedad civil, el Cosep, de la UCA y de otros.

¿Cuál de los reconocimientos le sorprendió más?
Este (el del SICA) ciertamente es un reconocimiento muy espectacular para nosotros, porque es la primera vez que lo dan a un no centroamericano y nos sentimos muy orgullosos de poder llevar esto con un equipo, porque como he dicho siempre es un trabajo de equipo.

Usted mencionó que el nuevo embajador tendrá un diálogo con el gobierno para ver las nuevas maneras de cooperar. En su experiencia ¿cuáles cree que serían las principales líneas a dialogar o puntos a discutir?
No es sorpresa yo creo. Nosotros siempre vamos a insistir en el pluralismo de la sociedad, en la libertad de expresión, de opinión, en un sistema democrático, con partidos políticos que le da derecho a todos, que se respeten las minorías también.
Esto creo va a ser la separación de poderes que veo que aquí mucho ha cambiado últimamente, es difícil hablar de la autonomía del Poder Judicial en este país, hay que reconocerlo. Esto es contrario a lo que vemos en países verdaderamente democráticos.

Reconocemos que hay mucho progreso aquí en cuanto a la lucha contra la pobreza, que hay muy buenos programas sociales, hay paz, hay tranquilidad como decía antes. Hay un papel muy positivo de la Policía, del Ejército incluso, en la lucha contra el narcotráfico, todo esto lo reconocemos, pero no impide que tengamos problemas con algunos principios del estado de derecho.

Por lo tanto, no es un puntaje global que damos al país, en cada lugar insistimos en las debilidades que tiene, a nuestro juicio y ofrecemos cooperación para superarlo.

No estamos en la línea fuera para decir esto no es bueno, esto no es correcto. Decimos esto nos parece mejorable, si quieren tienen nuestra cooperación con técnicos, no queremos imponer nuestro sistema electoral, policía o lo que sea, ustedes son un país soberano, democrático, utilizan nuestro apoyo si quieren o no, pero es nuestro ofrecimiento para mejorar la situación.

Otros cooperantes han dicho que van a cambiar el enfoque o la manera en que cooperan. ¿En el caso de este diálogo podría haber un cambio en el enfoque de la cooperación?
No lo excluyo, pero hay que ver el resultado del diálogo, la postura de nuestros gobiernos en la Unión Europea, en los estados miembros, el propio servicio exterior, hay que ver cómo analizan el proceso electoral.

¿Estaría entre los puntos del diálogo la crisis por la que está pasando el Euro en este momento?
Es un factor que no podemos negar, que hay un problema financiero grave en Europa actualmente, algunos países están bajando poco, pero están bajando el esfuerzo global para la cooperación y como la Unión Europea es la emanación de los estados miembros, imagino que los estados miembros van a insistir en tener menos presupuesto para la unión, incluyendo las relaciones exteriores en la cooperación. Pero estamos a un nivel muy alto, además, para los países más pobres como Centroamérica, Bolivia, Haití, unos países africanos, creo que esto no va a cambiar mucho el volumen.

Las áreas de intervención dependen, porque si el gobierno nos dice que no quiere cooperación ni en justicia, ni en temas electorales, ni en gobernación en general, entonces respetamos la decisión, pero existe el riesgo habrá un poco menos de recursos.

¿Dos años y siete meses después cambió su opinión de Nicaragua?
Es un país que ahora conocemos mejor. Hemos conocido la parte turística, las playas, las ciudades coloniales.

¿Y a los nicaragüenses?
Claro, tenemos una impresión muy positiva, un pueblo muy valiente, hospitalario, muy abierto al diálogo, con mucha cultura, que hemos encontrado en cada esquina. Hemos tenido mucho contacto, a través de los proyectos, con los artesanos, con la poesía por supuesto hemos participado y apoyado el festival de poesía internacional, donde siempre había financiamiento europea.

¿Cuál es el siguiente paso?
El siguiente paso va a ser regresar a la casa, acercarnos a nuestras hijas, reinstalarnos en Bruselas, estar con nuestros amigos y descansar un poco después de este esfuerzo. Buscar otro camino para continuar activos, transmitir lo que hemos aprendido, escribir, enseñar. Tal vez aconsejar en alguna otra cosa.

¿Volverían a Nicaragua con toda la familia?
Sí, con mucho gusto y con toda la familia por qué no, ya estuvimos acá hace un año exactamente las dos hijas, el novio y la pasamos lindísimo.

¿A qué lugar irían?
Bueno, lugares que todavía no hemos conocido como la RAAS (Región Autónoma del Atlántico Sur), hemos conocido la RAAN, una sola vez. No hemos conocido la RAAS. Al final faltó el tiempo, no podemos olvidar que estamos acreditados por los otros países de América Central. Hemos viajado mucho a los otros países, así que al final con las elecciones, además nos faltó el tiempo, pero bueno vamos a regresar.