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Intentó revertir en 2011 lo que en el período de su gobierno fue el inicio de su muerte política, años después que el “ingrato” de Enrique Bolaños --como él le llamara-- acusara en 2002 a su gobierno de “obras y no palabras”, de corrupción y lavado de dinero con el erario.

Y aunque quiso revivir su imagen deteriorada gritando a los cuatro vientos la ilegalidad de la candidatura del presidente Daniel Ortega, no pudo resucitar su perfil de político demócrata que lo llevó a disfrutar de las mieles del poder: primero como Alcalde de Managua y luego como Presidente de la República de Nicaragua.

Aun así, en sus últimas declaraciones a los medios de comunicación, en noviembre y principios de diciembre, Alemán dijo tener las siete vidas de un gato, y habló de la refundación de Nicaragua y la de su propia cúpula partidaria renovando su Comité Ejecutivo Nacional, CEN. El exmandatario se mostró muy confiado que de las cenizas brotaría la llama que  daría vida política a él y al partido que tanto dice amar.

Y como afirma su amigo y correligionario, Francisco Aguirre Sacasa, Alemán Lacayo ha hecho una lectura de lo que sucedió el 6 de noviembre de 2011, y ha trazado su retiro del partido para darle vida a lo que alguna vez presidió, y así permitir que nuevos rostros sean los que transformen al PLC mientras él se dedica a sus múltiples negocios.

Ahí estará Arnoldo Alemán en esta nueva etapa de su vida, ofreciendo su tiempo a su familia y a sus negocios personales, luego de estar desde 1990 en la política nacional, primero haciendo rotondas como alcalde de Managua, y luego bautizando con apodos a periodistas, camarógrafos y fotógrafos como Presidente de Nicaragua.

Aunque algunos periodistas como Jorge Loáisiga y Lucía Pineda, consideran que mientras su muerte no sea literal, Alemán, tendrá la esperanza de resurgir como el líder audaz y florido que mostró ser mientras era presidente.

El génesis de su muerte
El origen de la caída de Alemán inició, según el periodista independiente Jorge Loáisiga, después del Huracán Mitch, en 1998, durante su propia Administración, cuando el entonces mandatario obvió la urgencia que pasaban los miles de nicaragüenses, y decidió divertirse y visitar lujosos hoteles del mundo, derrochando fondos del erario con su entonces prometida, María Fernanda Flores, y con una gran comitiva de amigos y de familiares.

A esa insensibilidad --como algunos le llamaron a la actitud del hoy expresidente-- le siguieron las investigaciones de los medios de comunicación sobre las carreteras privadas hacia su finca, cuentas secretas y desviaciones de dinero para sus sociedades fantasmas, helipuertos, sobresueldos y festines con tarjetas de crédito pagadas por la Tesorería de la República, lo cual de alguna manera contribuyó a su derrumbe político.

Pero al descubrimiento de los actos de corrupción por parte de los periodistas de diferentes medios de comunicación, se unió Enrique Bolaños Geyer, un político a quien el caudillo liberal pensó que iba a controlar nombrándolo de dedo candidato a la presidencia, como su sucesor.

“Bolaños sabía de todo lo que estaba ocurriendo con las arcas del Estado (corrupción), y a su parecer, fue cómplice también cuando calló y no denunció lo que sabía de la mala administración del caudillo liberal”, manifiesta el periodista Loáisiga.

“Eso fue el inicio de la parte legal, cuando Bolaños después de pelearse con él (Alemán) y llegar a la Presidencia decide empujar los casos, porque él (Bolaños) apuntaba a que su gobierno iba en una lucha frontal contra la corrupción”, agrega.

“Se confió mucho de sus amigos”
La periodista Lucía Pineda Ubau, de 100% Noticias, apodada “La Chilindrina” por el exmandatario, señala que cuando a Arnoldo Alemán se le abrieron los juicios en la Administración de Enrique Bolaños, presintió la muerte política del mismo, y sintió tristeza por lo que le ocurría.

Pineda considera que Alemán es una gran persona, pero se confió mucho de sus amigos. “Podemos citar a Byron Jerez; y políticamente cometió el error de no corregir en su momento lo malo que se le estaban señalando. Nunca se supo manejar con la prensa y se confió mucho de los que decían que eran sus amigos”, expresa.
 
Para Pineda, Alemán, a pesar de sus errores políticos, tiene una gran virtud, “y es que ha sabido perdonar a los que le han criticado, sabe perdonar a los que le han faltado”.

No era contra Alemán, sino contra la corrupción
En su afán de cumplir con su promesa de “cero corrupción en su gobierno” --como lo señala el ex Procurador de la República, Alberto Novoa--, el gobierno de “La Nueva Era” de Enrique Bolaños, con el apoyo del FSLN, desaforó a Arnoldo Alemán en la Asamblea Nacional, para luego enjuiciarlo y encarcelarlo a través de la sentencia de la jueza Juan Méndez, de reconocida militancia sandinista.

Novoa señala que la corrupción de Alemán inició con el caso de Canal 6 y también, con el descubrimiento de la transferencia de fondos del erario a once cuentas abiertas en el Banco Central por órdenes directas del caudillo, a nombre de la Presidencia de la República.

“De esas cuentas se libraron cerca de diez mil trescientos cheques, y según la Contraloría, la defraudación ascendía a 57 millones de dólares y como unos 80 millones de córdobas. La contraloría realizó un informe y se comprobó la erogación de los fondos, pero se responsabilizó directamente al señor Esteban Duquestrada, cuando era Ministro de Hacienda”, afirma el doctor Alberto Novoa.

“El pacto con Daniel”

Pero no todo acabó ahí, el desbordamiento de la imagen de Alemán siguió con el pacto que realizó con el entonces secretario del FSLN y hoy presidente, Daniel Ortega, en las postrimerías de su gobierno.

La repartición de los poderes del Estado con el FSLN le quitó dominio al exmandatario hasta perder el control de algunas instituciones.

“Negoció de todas las formas posibles en nombre de la gobernabilidad, tratando de que le perdonaran la corrupción, y nunca tuvo la entereza de pedirle perdón al pueblo nicaragüense, a pesar de que sabía que muchos de los fondos defraudados provenían de la ayuda internacional, que se volcó a Nicaragua después del Huracán Mitch”, asegura Novoa.

Según Pineda Ubau, el pacto también “le abrió un abanico de oportunidades a su adversario Daniel Ortega”, y le puso en bandeja de plata la Presidencia de la República al Frente Sandinista en 2006.

Piensa que el FSLN supo jugar bien su ficha para sepultar políticamente a Arnoldo Alemán, primero aliándose con Enrique Bolaños para su desafuero y encarcelamiento; y luego le ofreció a Alemán un sobreseimiento de todos sus cargos, a cambio de entregar el control casi total de los poderes del Estado y demás instituciones.

“Es cadáver político”
Loáisiga considera que Arnoldo Alemán es en estos momentos un “cadáver político”. “En tanto existan dentro del PLC correligionarios como Leonel Teller y Freddy Torres, que son críticos al liderazgo del caudillo, Alemán estará aniquilado y enterrado políticamente”, estimó.

Sin embargo, añadió que mientras los medios y algunos de sus correligionarios le den oxigeno, podría revivir y levantarse de nuevo como líder del Partido Liberal Constitucionalista.

Pineda Ubau piensa que Alemán y ningún ser humano está muerto políticamente: “Siempre que vos te metás y estés en un cien por ciento activo, ahí te van a ver, y yo creo que él sigue siendo todavía un líder, porque es bien carismático, y en el campo hay gente que todavía lo quiere”, dijo.

El error
Pineda  Ubau, sin embargo, cree que Alemán se hubiera oxigenado políticamente si le hubiera cedido el vehículo, PLC, al excandidato del PLI, Fabio Gadea.

La periodista dijo que la candidatura presidencial de Arnoldo Alemán en 2011 fue un error de él mismo. “Su momento de ganar las elecciones no era este, más bien tenía muchas cosas que perder, y eso llevó también al porcentaje que lograron en las elecciones”.

“Si se hubiera esperado tal vez 10 años más, a los jóvenes, a la nueva generación (a lo mejor) se le habría olvidado lo que hizo en esa Administración. Se habría olvidado el pacto. La gente así es. Solo es darle tiempo al tiempo para olvidar”, sostuvo Pineda Ubau.

La periodista considera que Alemán se desesperó corriendo como candidato presidencial, y no tomó el ejemplo de Daniel Ortega, quien después de 15 años volvió al poder.

“Daniel no ganó (en tres elecciones) y ganó hasta 15 años después, porque  esta generación no sabe de guerra, de servicio militar, sabe de otra cosa de lo más refresco: la corrupción de los gobiernos neoliberales”, señala.

Lo que ahora hay que preguntarse, según Pineda Ubau, es si el exmandatario dentro de 10 o 15 años estará en buenas condiciones físicas para ser de nuevo aspirante a la primera magistratura de la República que durante cinco años ejerció.