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Al quedar en segundo lugar en las elecciones nacionales del 6 de noviembre, el Partido Liberal Independiente, PLI, tiene el reto de formular una estrategia de “oposición” convincente y eficaz con apenas 25 diputados en el Parlamento.

Sus dirigentes Eduardo Mon-tealegre y Eliseo Núñez Morales, admiten que el desafío es grande, pero hablan con optimismo de cara a los próximos cinco años en los que el partido de gobierno actuará con un poder absoluto: 62 diputados en la Asamblea, y funcionarios que responden a sus intereses en los demás poderes del Estado.

Y es que según estos dos políticos, la lucha no solo se puede hacer desde el Poder Legislativo, sino que en vista de la nueva situación política, las denuncias contra del Gobierno y las propuestas de nación, deben hacerse desde las calles con el respaldo de la sociedad civil, del sector privado e incluso de sectores religiosos.

“Tenemos que hacer una concertación de una serie de factores: alianza PLI, sector privado, sociedad civil e iglesias, tanto nicaragüenses en Nicaragua como fuera de del país, para que tengamos una buena estrategia. (…) parte de esa lucha es en la Asamblea Nacional, pero no es el único (aunque) entiendo que hay algunos que no estén de acuerdo conque vayamos”, expresó Montealegre.

Nuevo ajedrez político
Mientras que para Núñez Morales, un buen comienzo es que con la derrota del Partido Liberal Constitucionalista, PLC, en los recién pasados comicios, “ya no hay seudo opositores en la Asamblea”.

“Al no existir seudo opositores hay posibilidades de plantear una estrategia que te permita llevar líneas coherentes de principio a fin. Creemos que esta tiene que ser una oposición denunciante, una oposición que ejerza presión política y que esté íntimamente concatenada con las acciones que podamos hacer en las calles”, enfatizó Núñez Morales.
“Sabemos que producto del fraude tenemos una desventaja numérica dentro de la Asamblea Nacional, pero esto habrá que concatenarlo con acciones políticas en la calle que permitan presionar y enrumbar el país hacia un Estado de Derecho”, agregó.

Al respecto, Montealegre señala que los 25 diputados de la alianza PLI serán un frente de lucha por la democracia en Nicaragua, la cual se debe dar con posiciones claras, planteamientos propositivos y argumentos en contra de aquellos que quieran aplastar la democracia.

¿Oposición de denuncia?
Antes de hablar de sus 25 diputados en el Parlamento, los dirigentes del PLI pasaron por el dilema de asumir o no esas curules, ya que desconocen los resultados presentados por el Consejo Supremo Electoral, CSE, y porque de hacerlo se iban a enfrentar a una “aplanadora sandinista”.

Sin embargo, al final, la decisión fue asumir, bajo el argumento de ocupar la Asamblea Nacional como una trinchera de denuncia y como un foro para plantear una propuesta de nación.

El único que no se incorporará el próximo 10 de enero es el excandidato a presidente, Fabio Gadea Mantilla, a pesar de tener derecho a una diputación por disposición constitucional. Su argumento es que él ganó la Presidencia de la República y no una silla de diputado.

Edmundo Jarquín justificó la decisión de la alianza PLI, indicando que la Asamblea no es solamente un órgano para legislar.

“La Asamblea tiene tres funciones, lamentablemente siempre se está pensando en la función legislativa, pero los Parlamentos tienen una función de legislación, de representación y de fiscalización”, dijo Jarquín.
 
“De tal manera que la bancada de la alianza PLI, si bien va a tener una incidencia muy limitada en materia legislativa, puede cumplir ampliamente la función de representación y de fiscalización”, añadió.

Núñez Morales insiste en que la oposición de la alianza PLI no será solo de denuncia, pues dice que ante “la posibilidad de que los votos del Gobierno operen como aplanadora”, hay dos recursos: la denuncia y la movilización ciudadana.

“Hoy la Asamblea se convierte en una herramienta más de esta bancada, contrario a la anterior, donde había opositores en mayor número y podías usar a la Asamblea como un agente de cambio legislativo; esta no podes usarla así, pero sí la podés usar como una plataforma de denuncias que debe tener sus contrapartes en la movilización ciudadana alrededor de temas específicos”, planteó Núñez.

El primer gran paso

Según Montealegre, el PLI se enfocará en “regresar el país al sendero del respeto a la institucionalidad, a la Constitución y a las leyes, que en los últimos años han sufrido un deterioro importante”.

Ello, de acuerdo con Núñez Morales, conlleva que en los primeros meses del próximo año trabajen en cambiar “las reglas electorales”. “Si el sistema electoral no se reforma, y esta es una opinión muy personal, es inútil pensar en elecciones municipales, donde el Gobierno vaya y asigne los alcaldes y concejales que quiera, porque el actual sistema electoral es un sistema en que no hay seguridad de los resultados”, sostuvo.

Arrepentidos...  cinco años tarde
A Montealegre y Núñez Morales se les preguntó qué error reconocían haber cometido en el último quinquenio y que prometen no volver a cometer. El primero contestó: “Creer que Arnoldo Alemán quería algo positivo para Nicaragua”, y, el segundo: “Haber admitido como opositores a quienes no lo eran, a quienes eran parte del sistema”.

A juicio del doctor Irving Dávila, esas son respuestas “ilusas”, pues asegura que “todo el país sabe que Arnoldo Alemán era socio del pacto de 2000, que cambió las correlaciones de poder entre él y Daniel Ortega… es ingenuidad política”.

Dávila es miembro de la Sociedad Civil Organizada, y se muestra poco optimista con la oposición que puede lograr la alianza PLI. Lo único que le reconoce a esta organización es que Gadea Mantilla representó, en la contienda electoral, la intención de miles de nicaragüenses de enfrentarse al presidente Daniel Ortega; sin embargo, indica que ese elemento  no le da la “consistencia” suficiente para ser una verdadera oposición política.

“Esta alianza tiene muchas fragilidades: no tiene un verdadero liderazgo político como alianza, Vamos con Eduardo no es un grupo político, no tiene identidad de partido político, no tiene una propuesta programática, su liderazgo es sumamente frágil, Eduardo Montealegre está sujeto a mucha presión por parte del orteguismo, siempre lo están amenazando con la cárcel, con lo de los Cenis”, subrayó.

También reprocha que ahora quieran hacer una oposición consensuada con la sociedad civil, cuando en los últimos cinco años --en los que estuvieron en mejor posición-- no se interesaron en hacerlo.

“Solo te puedo dar un dato: los tres mil millones (de córdobas) sobre recaudados (en 2010) fueron para pagar la deuda interna, y hasta hubo un sobrepago de la deuda interna. Se le planteó a Montealegre que votara en contra de eso para que se trasladara esa parte del presupuesto a actividades sociales, pero se abstuvieron en la Asamblea”, señaló.

Manifestó que Montealegre, “como banquero, obedeció a la necesidad del pago a los banqueros, porque a quienes se les debe esa deuda es a los banqueros. Es muy difícil que eso pueda ser una verdadera oposición y que ellos puedan representar los intereses de la sociedad civil, ni por demagogia ni porque tengan verdadera identificación con los intereses sociales”, remató.

Asumir = legitimar

Dávila critica la decisión de asumir las diputaciones de la Asamblea Nacional, bajo el argumento de usarla como tribuna, pues afirma que con el 60% en control del Frente Andinista, ahí no se va a cambiar nada que no quiera el presidente Ortega.

“Cinco años después de estar compartiendo el poder en la Asamblea Nacional se dieron cuenta de que hay que hacer concertación con los demás, me parece un contrasentido para alguien que anda militando en política. Ellos como grupo político tendrán sus propios intereses, pero yo no creo que vayan a lograr nada más que el derecho al berreo”,  consideró.

Además, cree que asumiendo esas 25 curules facilitarán la legitimidad que --según él-- está buscando este Gobierno, ya que hasta el momento sólo lo han reconocido 10 países.

“Si vamos a hacer oposición hay que obligar a este régimen a que retroceda, y para eso hay que aislarlo, hay que buscar cómo no se legitime, y ello comienza por no sentarse (en la Asamblea)”, valoró.

“Creo que el hecho de sentarse en la Asamblea Nacional y agarrar las curules va a ser el inicio del desgaste de esa alianza electoral”, detalló.

Para Dávila, el segundo gran error de la alianza PLI --después de asumir las diputaciones-- es empeñarse en intentar cambiar el sistema electoral, pues a su criterio, los problemas que se deben plantear para buscarles una solución son las necesidades diarias de la población: la alimentación, el pago de servicios básicos, la educación, la salud, etc. “¿Con quién esperan hablar para saber que eso problemas están ahí?, me parece que eso es miopía política”, increpó.

Pruebas de cambio en mentalidad política

Si el PLI quiere hacer alianza con la sociedad civil tiene que demostrar un enorme cambio en su mentalidad política que, en primer lugar, se traduce en dejar a un lado las leyes que benefician a sectores privilegiados y en impulsar las que benefician a la mayoría de la población, consideró Dávila.

“Yo no niego que podamos andar juntos con el PLI o con cualquier otra fuerza política, pero son ellos los que tienen que bajarse de donde están, son ellos los que tienen que bajarse de la Asamblea y venir a empolvarse los zapatos, pero no en campaña electoral para andar buscando un voto”, expresó Dávila.

Manifestó que se trata de defender el derecho a la salud, a la vida, a la dignidad, que se genere riqueza y que se genere trabajo, “pero para eso hay que trabajar en una reforma tributaria, en la reforma fiscal, en la reforma educativa, entonces, si esas cosas la hacen nos vamos a encontrar en el camino y seguramente vamos a caminar juntos”, puntualizó.