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La asistencia a la toma de posesión del presidente Daniel Ortega, el 10 de enero de 2012, será determinante para medir el grado de legitimidad que tendrá su gobierno en los próximos cinco años, luego de alcanzar la reelección en medio de innumerables denuncias de irregularidades.

Así lo consideró el analista político, Mauricio Díaz, a menos de un mes de que Ortega asuma por tercera vez la Presidencia de la República, en esta ocasión de forma consecutiva, pese a lo que se establece en la Constitución Política de Nicaragua, gracias a un polémico fallo de la Corte Suprema de Justicia, CSJ.

“Esta elección dejó marcado al gobierno de Daniel Ortega, y eso se va a poder medir el día de la toma de posesión, ahí vamos a ver qué actitud van a asumir los países más serios del planeta frente a una elección que está muy cuestionada”, expresó el especialista.

Hasta el momento, según cables internacionales, solo cuatro países han confirmado su asistencia, ya sea a través de sus presidentes o de sus cancilleres. Uno de ellos es Hugo Chávez, principal aliado político y económico del mandatario en América Latina.

Los otros asistentes serán el canciller de Taiwan, la presidenta de Brasil y el presidente de Honduras. De tal forma que Chávez es el único miembro de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América, ALBA, que ha confirmado su presencia.

Y es que de acuerdo con los mismos cables internacionales, falta la confirmación de Ecuador, pero no hacen mención de los demás países del ALBA, como Cuba.

En el caso de Honduras, quien anunció la presencia del presidente Porfirio Lobo fue su embajador en Managua, Mario Duarte, aunque no ha habido una confirmación oficial desde Tegucigalpa.

En tanto, la primera dama y secretaria de Comunicación de la Presidencia, Rosario Murillo, ha señalado que la toma de posesión de Ortega será una “gran celebración popular”, y que se están preparando para recibir a varias delegaciones, sin precisar cargos ni de qué países.

“Si las delegaciones son de bajo nivel va a significar que la gente está muy pendiente de lo que sucedió aquí”, agregó Díaz.
Para este analista, el poder absoluto que consolidó Ortega en las pasadas elecciones representa, paradójicamente, una gran debilidad, ya que tendrá que legitimar tanta acumulación de poder.

El también analista político, Carlos Tünnermann, señaló que la falta de legitimidad es el gran problema con el que tomará posesión, nuevamente, el mandatario.

“Las elecciones han sido muy cuestionadas, no solo a nivel nacional, sino a nivel internacional, no pasan de una docena los gobiernos que han felicitado al presidente Ortega por su triunfo. En consecuencia, este Gobierno llega con serios problemas de falta de legitimidad”, enfatizó.