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Pese a la contundencia del anuncio del Departamento de Estado de Estados Unidos respecto a Nicaragua, su impacto es todavía un acertijo para especialistas en relaciones internacionales, pues por un lado lo consideran una concesión al sector republicano que critica la política exterior del presidente Barack Obama, pero por otro creen que podría poner en peligro la fluidez de la cooperación tradicional.

El excanciller de la República, Norman Caldera, no descartó que la medida tenga “razones electoreras”, es decir, que esté dirigida a congraciarse con la población del estado de Florida, el cual es una plaza importante para elegir al candidato presidencial de los republicanos.

Además, explicó que el Departamento de Estado —que es el equivalente de las Cancillerías— no puede separarse de la política exterior definida por el Presidente para todo su período y, en ese sentido, el interés de Obama hacia Latinoamérica ha sido el control del narcotráfico y de los problemas que derivan de este.

El estudioso en relaciones exteriores, Alberto Alemán Aguirre, señaló por su parte que el anuncio representa la posición definitiva de Estado Unidos frente a las recientes elecciones nacionales, calificadas como “fraudulentas”.  


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Este experto también cree que la medida podría representar una “manera de adelantarse a las críticas internas, sobre todo del lobby cubano-americano que tiene representantes en el Congreso y en el Senado y que tiene gran influencia política en los medios (de comunicación) de Estados Unidos”.

“Este sector ha sido muy crítico de la postura que ellos llaman suave de la administración de Barack Obama hacia países que consideran adversarios de Estados Unidos como Cuba, Eduardo, Venezuela y Nicaragua”, apuntó al respecto.

Alemán agregó el hecho que el presidente Obama está a la espera de que el Senado apruebe la nominación de la exembajadora de Panamá, Phyllis Powers, como embajadora en Nicaragua. Antes los republicanos en el Senado rechazaron la nominación de Jonathan Farrar.


El riesgo latente

Sin embargo, ambos especialistas advirtieron que el anuncio del Departamento de Estado, especialmente lo referido a llevar a cabo un “escrutinio agresivo” de préstamos del Banco Interamericanote Desarrollo (BID) y del Banco Mundial (BM), pone en peligro la disponibilidad de otras potencias del mundo a la hora de aprobar desembolsos a Nicaragua.

Caldera recordó que Holanda y Alemania ni siquiera esperaron el informe final de la misión de observación electoral de la Unión Europea para anunciar medidas y que esos dos países junto con Estados Unidos acumulan suficiente influencia sobre organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI).   
“Estados Unidos no lo podría hacer solo, pero si la Unión Europea comienza a ponerse de su lado van a tener suficiente peso como para poder hacer lo que quieran”, enfatizó. El informe final de la misión de observación de la Unión Europea será dado a conocer el próximo 20 de enero.

El peso del veto
En tanto, Alemán Aguirre subrayó que “los valores de la diplomacia estadounidense son como la promoción de la democracia, los derechos humanos y el libre comercio no son banales y no se les pueden ignorar.

Si Estados Unidos bloquea préstamos a Nicaragua en organismos internacionales puede influir en la actitud de otros cooperantes, aunque ya hay muchos europeos que se han retirado, pero otros van a estar atentos si hay un cambio radical de la postura de Estados Unidos, expresó el experto.

Alemán Aguirre hizo hincapié en que Estados Unidos es el principal social en el BID y el BM, mientras que en el FMI el director general es siempre un europeo.

Caldera también señaló que “el principal peligro es poner todos los huevos en la misma canasta”, es decir, permitir que la cooperación tradicional se retire y quedar dependiendo únicamente de la cooperación venezolana. “Estamos arriesgando demasiado”, dijo.