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Las manifestaciones en Paraguay y Honduras contra el presidente Daniel Ortega son un factor más que contribuye al deterioro de la imagen de Nicaragua en el exterior, considera Julio Icaza Gallard, académico y ex embajador, para quien la campaña de organizaciones feministas contra el mandatario es un “elemento grave”, pero no necesariamente se traduce en cambios en las relaciones con ambos países.

A juicio de Icaza Gallard el problema de fondo es otro: La falta de credibilidad de la diplomacia de Nicaragua. “Hoy se dice una cosa y mañana otra, y hay una tendencia a la confrontación y al autoaislamiento. Dentro de ese marco la campaña de las feministas es un elemento más, no el más grave, pero sí preocupante”, sostiene.

Los hechos
Las manifestaciones contra Ortega iniciaron en Asunción, Paraguay, a mediados de agosto, durante la toma de posesión del presidente de ese país, Fernando Lugo. El repudio contra el mandatario estuvo encabezado por la Secretaria de la Mujer de ese país, quien junto a otras feministas llamó violador a Ortega por la acusación que hizo su hijastra, Zoilamérica Narváez, contra él en 1998.

Iguales manifestaciones hubo en Honduras durante la firma de adhesión de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba) a la que Ortega asistió. El punto álgido de éstas se dio cuando la ministra de la Mujer renunció porque se oponía a la visita del mandatario.

Mujeres vestidas de luto recibieron a Ortega en el festejo. “Como se les agotaron esas mentiras están recurriendo a otras que ya habían utilizado en otras campañas; las vuelven a freír en el mismo aceite, están refritando las mentiras, las infamias”, dijo Ortega poco después del escándalo que provocó en Paraguay.

Más deterioro
El catedrático de la Universidad Americana (UAM), Mario Torres, coincide con Icaza en que con estas protestas contra Ortega se deteriora la imagen del país, pues a quien repudian es al presidente de Nicaragua.

“Esto tiene consecuencias múltiples. Resta legitimidad a la máxima autoridad del país y de esta campaña harán notar que no hay ley en Nicaragua”, explica Torres, doctor en Ciencias Políticas.

Además del daño a la figura internacional de Ortega, las manifestaciones en su contra pueden hacer que el clima de inversiones no sea tan alentador para los extranjeros, opina Torres.

Una más contra política exterior
“Se podría afectar la participación de Nicaragua en actividades internacionales en detrimento de la profundización de las relaciones con otros países”, expresa por su parte Icaza, quien durante el anterior gobierno sandinista fungió como embajador en la Organización de Naciones Unidas (ONU).

“Ahora se habla con romper con Colombia, con la Organización de Estados Americanos (OEA), algo que jamás se pensó en la década de los 80, cuando sí había guerra”, dice Icaza.

El especialista hace un recuento de algunas de las acciones que en materia de política exterior ha emprendido el actual gobierno. “Nicaragua no está en guerra con el mundo. El efecto es grave: Nicaragua se está autoaislando”, expresa en referencia a las ofensas de esta administración contra algunos miembros de la comunidad internacional, como la europea, a la que Ortega calificó como “moscas que se paran en la inmundicia”; y al pleito recurrente contra Colombia.

A criterio de Icaza, Nicaragua debe prestar especial atención a países de “peso” en América Latina, como Chile y Brasil. “Todo este desorden de ideas y posiciones tiene como objetivo mantener vivo un frente de conflicto”, expresa.