•  |
  •  |
  • END

José Pallais se tira una carcajada sonora muy típica en él cuando recuerda el bando al que pertenecía en la década de los ochenta. Era un “burgués vendepatria, un títere del imperialismo”. Ahora no pasa de ser un pelele, pues esa es la palabra de moda, con la que el gobierno de turno denomina a los opositores, como en su momento lo fue ser un “sandino-comunista”.

Hay modas de modas. Ésta de los términos para denominar a los opositores ha sido una de las más variantes. “Es una manera de descalificar y recurre a la emotividad de la gente”, explica un conocedor del lenguaje, Onofre Guevara.

Tanto se dice,
que se queda
“El recurso se vuelve tan común y tan poco comprobable que la gente se acostumbra a oírlo y a repetirlo, incluso sin ahondar en el contenido, en su significado”, prosigue Guevara, autor del libro “¿Cómo dice que dijo?” Lo ejemplos están a la vista: Una viñeta de una radio en León invita a la población a manifestarse contra los “peleles, vendepatria”, dos términos a los que usualmente recurre el presidente Daniel Ortega cuando se refiere a sus adversarios.

¿Peleles? “Los peleles son los del MRS (Movimiento Renovador Sandinista)”, contesta un señor en la calle. Él es partidario del Frente Sandinista, bajito y con grandes bigotes, no sabe explicar el significado de la palabra que usa el mandatario y que tomó prestada de un manifiesto de Augusto César Sandino.

Los bandoleros...

Pero esto de las palabras no es una invención de Ortega. Muchos años atrás, en la década de los cuarenta, el dictador Anastasio Somoza García llamaba bandolero a todo opositor. “Eso crea bandos opuestos irreconciliables, y entre más burdo y fuerte el epíteto, es más fuerte el golpe creen ellos”, continúa Guevara.

“El Somoza viejo llegó a inventar que había visto un submarino ruso en las costas del Masachapa”, cuenta Guevara. Y es que en las postrimerías de los setenta, durante la lucha contra la dictadura somocista, el último de los Somoza, Anastasio Somoza Debayle, veía en todo el pueblo reprimido a “agentes de Moscú”.

Tras el teléfono se ve la sonrisa de Mónica Baltodano, ex guerrillera. “Sí, recuerdo que éramos sandino-comunistas”, dice. Guevara menciona otros términos del somocismo: “Rusófilos” y “tontos útiles del comunismo internacional”.

En el otro bando
“En los ochenta todo el mundo era contrarrevolucionario y agente de la CIA (Central de Inteligencia Estadounidense)”, recuerda Onofre Guevara. Pallais trata de recordar otros términos, pues entonces era contrario al gobierno revolucionario y, aunque no era partidario, sí fue un claro opositor.

“Ya era un vendepatria”, dice un tanto orgulloso Pallais, quien ahora se opone a los del FSLN desde la Asamblea Nacional. “No me sentía ofendido ¡qué va! Orgullosos nos sentíamos, nos estaban reconociendo como adversarios, era sentirse uno realizado, te estaban tomando en serio”, justifica el “reaccionario” de entonces.

A pesar de lo generalizado de los términos, Guevara considera que éstos no tienen acogida en toda la sociedad, sino en el grupo partidario de quien repite la frase.

¿Y los gobierno neoliberales?
Las administraciones que sucedieron al gobierno sandinista, esos a los que el presidente Ortega llama “peleles del imperio”, no fueron tan fecundos en la invención de términos. A la fecha siguen repitiendo que son demócratas y una que otra vez, Enrique Quiñónez llama “piñateros” a los principales dirigentes del FSLN.

“Lo corriente en el lenguaje de los alemancistas (de Arnoldo Alemán) era antidemocráticos. (Enrique) Bolaños no tenía, era muy frecuente que también se expusiera como defensor de la democracia”, recuerda Guevara, quien ve en esta práctica una cortina de humo, un recurso que usan en ausencia de razonamientos lógicos.

Entretanto, pelele y vendepatria, que han proliferado en Nicaragua, se queda el diputado Pallais, uno de “los muchachos” en tiempos de la ex presidenta Violeta Barrios, quien, asegura, es la única mandataria que no ha descalificado a sus opositores con términos peyorativos.