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A unas semanas de la decisión de si se aprobará o no el “waiver” o dispensa, gracias al cual Nicaragua recibe apoyo bilateral de Estados Unidos y un voto favorable en las instituciones financieras internacionales, las relaciones entre estos países ha subido y bajado de tono, en especial por las recién pasadas elecciones nicaragüenses y por los próximos comicios estadounidenses.

El primer indicio de un cambio en las relaciones entre Nicaragua y Estados Unidos fue quizá la falta de un embajador, desde el 19 de julio de 2011, cuando Robert Callahan finalizó su período, hasta el 2 de mayo de 2012, cuando Phyllis Powers entregó sus credenciales al presidente Daniel Ortega.

Sin embargo, uno de los detonantes o subidas de esta relación fueron las declaraciones de que hizo el Encargado de Negocios, Robert Downes, el 19 de noviembre de 2011, cuando refiriéndose a las elecciones que recién pasaban en Nicaragua, advirtió que “toda acción tiene una consecuencia”, y aclaró: “No es una amenaza, es un hecho”.

El hecho de Downes

“Un hecho es que los donantes tradicionales están saliendo de aquí, el hecho es que el pueblo tiene menos confianza en los procesos electorales de aquí que antes. Nosotros estamos mirando las opciones y vamos a seguir aquí. Estamos comprometidos al pueblo”, añadió Downes entonces.

Desde ese momento, muchos analistas y expertos en relaciones internacionales advirtieron que las relaciones entre ambos países estaban mal, y que a medida que se acercaran las elecciones en Estados Unidos, los nicaragüenses, de alguna manera, seríamos tema electoral.

Durante una audiencia con el director de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional, Usaid, Rajiv Shah, la congresista republicana Ileana Ros-Lehtinen cuestionó la asistencia que brinda esta agencia en países de Latinoamérica que se oponen a la política exterior de Estados Unidos en la región.

La insistencia de Ros-Lehtinen

Ros-Lehtinen planteó que el recorte en asistencia a la democracia en países como Cuba y Venezuela envía un mensaje equivocado, y la distribución de fondos a países como Nicaragua, Ecuador y Bolivia “premia a los dictadores”.

En respuesta a Ros-Lehtinen, el administrador adjunto para América Latina y el Caribe de la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos, Usaid, Mark Feierstein, afirmó que hay un recorte en el apoyo a Nicaragua, Bolivia y Ecuador.

“Bolivia bajando, Ecuador bajando y Nicaragua bajando”, recalcó el funcionario de Usaid, sin precisar cifras.

Las cartas de Nicaragua

De acuerdo con el excanciller Francisco Aguirre Sacasa, las relaciones entre Nicaragua y EU andaban por mal camino desde hace tiempo, y el desenlace podría ser grave económicamente para Nicaragua.

Consideró que a unas semanas de que se decida si otorgar el “waiver” de la propiedad, “todas las señales apuntan a que esa decisión podría ser negativa por primera vez”.

“El retroceso de la gobernabilidad en Nicaragua ha venido aumentando desde 2007. Pero en este juego de póker internacional, temo que el gobierno del comandante Ortega ha jugado mal sus cartas. No parece haberle dado la lectura correcta al peligro que corre Nicaragua de sufrir un recorte adicional de ayuda internacional. Alternativamente, puede ser que descontó la pérdida del “waiver” y que no le importa”, expresó Aguirre Sacasa.

Añadió que es “innegable” el rechazo de la comunidad de donantes tradicionales que valora la democracia representativa en Nicaragua.

“Después de las fraudulentas elecciones municipales de 2008, los primeros en actuar fueron los europeos, que cancelaron la millonaria ayuda de rápido desembolso que tenían en la tubería para nuestro país, a menos de un mes después de las municipales. Esto contribuyó al desastroso año que, en términos económicos, vivió el país en 2009. Estados Unidos actuó a mediados de 2009, cuando canceló US$64 millones de la Cuenta Reto del Milenio”, recordó Aguirre.

Manifestó que pese a estas reacciones de parte de la comunidad internacional, Ortega siguió “aferrándose al decretazo” e induciendo un fallo de la Corte Suprema de Justicia que le permitió su reelección, y creó una “crisis constitucional”.

“El golpe de gracia”

Las elecciones generales de 2011 se catalogaron como “el golpe de gracia”, por la falta de observación internacional “oportuna” y sin observación nacional “creíble”, con magistrados del CSE con períodos vencidos y con un sinnúmero de anomalías que fueron denunciadas por la OEA y por la Unión Europea.

Lo antes mencionado provocó la decisión de varios países europeos de cerrar sus embajadas en Nicaragua, sumado a las declaraciones de Hillary Clinton, Secretaria de Estado, el 26 de enero de este año, de que estas elecciones no fueron “transparentes e imparciales”, y que fueron “empañadas por significativas irregularidades”.

La advertencia de Clinton

Para la secretaria de Estado, Hillary Clinton, había “un retroceso en la democracia en Nicaragua”, y dio a entender que podría darse una reacción en las instituciones financieras internacionales si el gobierno no acataba las recomendaciones de la OEA y de la UE para crear un ambiente de mayor confianza para las municipales de 2012.

“¡Más claro no canta un gallo! Con sus declaraciones, Clinton había puesto en juego el “waiver” de la propiedad. Ya no se le daría un trato técnico al “waiver”. Había pasado a la arena política. Mientras algunos politólogos nacionales discutían qué significaban las declaraciones de la cancillera, el 14 de febrero su mensaje fue reforzado por fuertes señalamientos de senadores demócratas y republicanos en la audiencia de confirmación de la embajadora Phyllis Powers. Daniel Ortega había logrado crear un nuevo consenso en Washington: apoyar la democracia representativa en Nicaragua era importante para Estados Unidos”, explicó Aguirre.

La llegada de Powers

La llegada de Powers y la entrega de sus credenciales representaron una de las bajadas de tono en estas relaciones. Ortega ofreció a la nueva embajadora amplias libertades.

“Aquí está en Nicaragua y podrá conversar con quien usted quiera, aquí existe amplia libertad de expresión, podrá ver los medios de comunicación todos los días y hablar con los que usted desee. Podrá conversar con las personas que usted desee, las diferentes fuerzas políticas, sociales, grupos económicos. Aquí tendrá la oportunidad de comunicarse con el pueblo nicaragüense, y que esto nos permita acercarnos”, afirmó Ortega.

Powers y Amcham

Pero la bajada de tono no duró mucho tiempo, y nueve días después del encuentro entre la embajadora y el presidente, Powers se dirigió a los empresarios en una actividad de la Cámara Comercio Americana de Nicaragua, Amcham, y dijo que la democracia cabía dentro de “la gama de intereses estadounidenses”, por lo que “las condiciones para este año hacen que la decisión para el otorgamiento de las dispensas sea muy difícil”, manifestó Powers.

“La reacción del Gobierno nicaragüense fue igual de clara. El comandante Ortega no asistió a la Cumbre de las Américas en Cartagena, un desprecio al presidente Obama, pero sí anunció que Nicaragua asistiría a la reunión de los países no alineados en Teherán”, comentó Aguirre Sacasa.

Agregó que, además, Ortega mandó a aprobar una reforma electoral que “no inspiró confianza alguna en los comicios de noviembre”. “Y en la reunión de la OEA en Cochabamba, Nicaragua participó en una ofensiva de los países ALBA en contra de la OEA, se retiró del Pacto de Río y pidió el desmantelamiento de la Corte y el Comité Interamericano de Derechos Humanos”, dijo.

“Esto lo presenció la Subsecretaria para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, la señora Roberta Jacobson quien recientemente llamó a la embajadora Powers a Washington para consultas, y hace un par de días anunció que Estados Unidos defendería la integridad de la OEA y su misión en pro de la democracia”, relató Aguirre Sacasa.

Manifestó que en cuanto al “waiver” de la propiedad “la moneda está en el aire”. “Pero en términos médicos, está en cuidados intensivos y con pronóstico reservado”, expresó.

La confirmación con Usaid

El excanciller comentó que el recorte de Usaid confirma lo que ya era “un secreto a voces” en Managua. “Estados Unidos estaba recortando su ayuda bilateral a Nicaragua, aunque no para la guerra contra el tráfico de estupefacientes y las ONG que apoyan la gobernabilidad en nuestro país”, dijo.

La Ley

La Sección 527 de la Ley de Autorización de Relaciones Exteriores de los Años Fiscales 1994 y 1995, prohíbe la asistencia y el apoyo de los Estados Unidos a todo país donde los ciudadanos estadounidenses no hayan recibido una compensación adecuada y efectiva por los reclamos pendientes contra el Gobierno por propiedades confiscadas, como es el caso de Nicaragua.

La Ley también autoriza al Secretario y al Vicesecretario de Estado, en quienes delega el Presidente, a suspender dicha prohibición de ayuda económica si este determinara que tal suspensión redunda en el interés nacional de los Estados Unidos, y si el Congreso es notificado al respecto.

Sin la concesión de una dispensa (“waiver”), la Sección 527 prohíbe la mayor parte de las formas de ayuda bilateral estadounidense, y nos obliga a votar en contra del otorgamiento de préstamos por parte de instituciones financieras internacionales (IFI, por sus siglas en inglés) a dicho país, mientras existan reclamos sin resolver.

La solución la tiene el gobierno

Monseñor Silvio José Báez, Secretario de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, señaló que “los países cooperantes que ayudan a Nicaragua tienen todo el derecho de exigir condiciones mínimas para dar su ayuda y colaboración”, y que se debe estar claro de que la solución está en el país y no buscarla fuera. “La solución está en hacer una gestión pública mucho más transparente, en respetar la Constitución Política del país, en decidirse a nombrar de una vez por todas a las autoridades que sustituyan a quienes todavía están de facto ejerciendo los cargos públicos, una revisión de la marcha que lleva el gobierno de no actuar como una aplanadora política”, detalló monseñor Báez.

Recordó que el tener una mayoría “abrumadora” debe ser para escuchar a otros sectores, porque esa es la democracia. “La democracia supone escuchar a otros, y entre todos buscar el bien del país”, dijo.

“Estas son las condiciones que están dificultando no solo la aprobación de los ‘waivers’ por parte de Estados Unidos, sino también la pérdida de tantas ayudas internacionales que estamos sufriendo. La solución está aquí y la tiene el gobierno”, aclaró monseñor Báez.