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“El que a hierro mata a hierro muere”, advertía “amorosamente” un grupo de oradores y rezadoras del gobierno en las afueras de medios de comunicación independientes. Las críticas al gobierno, la labor de los medios de comunicación y el caso de Zoilamérica Narváez resucitado, podrían ser las causas de la “campaña contra el odio” que desarrollan los estrategas de comunicación del presidente Daniel Ortega.

También, sustentada con argumentos de fe, el candidato a la Alcaldía de Managua por el PLC, Eduardo Montealegre, inició una contracampaña, para lo cual ya mandó a imprimir enormes rótulos con citas bíblicas en su protesta por la “profanación” de la antigua Catedral de Managua.

Ortega predicador
Para reforzar sus ideas, el mismo Ortega ha actuado como predicador y, como tal, se sabe al pie de la letra citas y personajes bíblicos. Por su parte, la primera dama, Rosario Murillo, coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía del gobierno, hace lo suyo y escribe constantemente textos apelando a la emotividad y encomendándose a Dios y a la Virgen, como la más católica.

Para la escritora María López Vigil, estudiosa de la teología, la campaña “contra el odio” del gobierno es una forma de envasar religiosamente los problemas políticos. De esta forma es más fácil que la gente les crea.

Problemas terrenales
Lo curioso para la escritora es que, en una campaña contra el odio, en el que el término “contra” es negativo y resultara más creíble si fuese una campaña por el amor.

Según López Vigil, se debe aclarar qué es el odio que señalan desde el gobierno, porque la gente que ora y reza no tiene el concepto claro, y lo más concreto es la relación que hacen con movimientos feministas.

“Lo que Daniel Ortega tiene es un problema en los tribunales, es una acusación por un delito, pero ha sido envasado religiosamente, entonces ya no es eso y lo convierte en odio contra él”, explicó López Vigil.

Buscan cómo personalizar al diablo
Pero más allá del caso de Zoilamérica Narváez, la teóloga considera que el poder, en este caso el gobierno del presidente Ortega, quiere defenderse de sus adversarios apelando a sentimentalismos enraizados en la cultura religiosa de la sociedad nicaragüense.

De esta forma, el gobierno intenta establecer una diferencia entre el bien y el mal, en el que claramente ellos están del lado del bien y cualquier tipo de crítica obligatoriamente estará de lado del mal. Entonces, se busca personificar a protagonistas de la mitología cristiana, en este caso, al diablo.

Los otros
“Un viejito me decía: ‘Ellos quieren que pensemos que nosotros somos los malos y ellos son los únicos buenos’, con lo que se interpreta que lo dicho por otros es odio, pero sus declaraciones, aunque sean insultos, es reconciliación”, afirmó López Vigil.

Para la socióloga Nelly Miranda, los políticos utilizan el poder de la Iglesia aunado con el poder del Estado, para satanizar a sus adversarios.

“Las señoras rezadoras son manipuladas por el gobierno, pero no tienen la culpa, porque en este caso la figura del diablo es muy útil, es fuerte, porque en nombre del diablo estas mujeres satanizan a los medios de comunicación, y para ahuyentar al diablo, no hay mejor arma que la oración”, explicó Miranda.

Murillo: “Lucha es entre el bien y el mal”

Pero Murillo pretende dejarlo claro, y en su artículo “El feminismo y las guerras de baja intensidad”, considera que las protestas de grupos feministas son terrorismo político, cuando las discusiones actuales son entre el bien y el mal.

“A través de sus tiranías electrónicas, las agentes descobijadas, han desatado un terrorismo político sin precedentes, contra liderazgos, honras, reputaciones, y contra la más elemental dignidad humana de personas y familias enteras. Su cálculo político, su afán protagónico (…), les ha abierto puertas y portones en todos los escenarios donde la lucha se libra entre el bien y el mal, entre revolución y contrarrevolución, entre progreso y pobreza, entre paz creativa y devastación”, plantea Murillo.

Para López Vigil, los planteamientos de Murillo dejan claro que la división de la sociedad pretendida por el gobierno ya no es entre derecha e izquierda, entre pobres y ricos, sino entre buenos y malos, que es más delicado, más cuando el significado de lo bueno y lo malo es determinado por el poder de acuerdo con sus intereses.

Muralla con vigas de insultos
La evidencia de la discrecionalidad de lo bueno y de lo malo está en los señalamientos que hacen los medios oficialistas contra artistas y periodistas. López Vigil se dio a la tarea de extraer los descalificativos, y recogió en la transmisión de una sola nota informativa los epítetos: “mequetrefes, sinvergüenzas, diablos, corruptos, ladrones, fascistas, panfletos, secuaces, robatierras, voceros del odio y fantoches, o sea, que se hace una campaña contra el odio insultando a los demás, y con la certeza de que ellos, a pesar de saber que es un insulto, no poseen el odio”, afirmó la escritora.

Para López Vigil, las acciones llevadas a cabo por el gobierno y la movilización de señoras hasta en las rotondas, no sólo es un acto de manipulación --porque de ser así se pudiese poner en evidencia dónde está la manipulación--, sino que tanto Murillo como Ortega están convencidos de que crean una muralla para protegerse. Una muralla espiritual.

“Lo mismo que las flores sirven de muralla para que el Presidente no tenga problemas con el mal, lo mismo que el ojo y la mano, siempre puestos tras sus comparecencias públicas, brindan protección, es posible que el gobierno crea que con estos rezadores se crea una muralla que defiende al presidente”, valoró López Vigil.

Condicionados por la cultura
Adicionalmente, la escritora considera que las personas que pasan en vigilia en las rotondas de la capital, están claras de que defienden una causa política, pero a la vez creen que están haciendo algo importante al invocar una fuerza poderosa y sobrenatural.

Aunque la campaña no sea lo suficientemente efectiva para el gobierno, no deja de llegar a ciertos sectores de la sociedad. Para López Vigil, la cultura religiosa nicaragüense es providencial y no toma las responsabilidades de lo que pasa, por lo que muchos de los que están en las rotondas creen que con orar van a solucionar los problemas de Ortega. Pero, ¿los propios, dónde quedan?
“Y no tienen culpa, así se les ha dicho desde los medios oficialistas y de derecha, sobre todo en la televisión. Se habla de ángeles que circulan por nuestras casas, de conversiones, de que a un muchacho en tal barrio se le metió el diablo. Las dificultades de la gente las presentan como una beneficencia que hay que agradecer, cuando es un problema de salud pública”, explicó López Vigil.

¡Promoción!: cambiar delitos por pecado
En esa línea, tanto Murillo, Ortega y Montealegre, como otros políticos, también están convencidos de que fuerzas sobrenaturales actúan para resolver los problemas. Con lo cual problemas políticos y económicos están siendo envasados en la religión, algunos desde su inconsciente por sus creencias y otros deliberadamente.

“A un violador se le metió el diablo; a uno que robó, que Dios lo perdone. Tenemos que perdonarlo, si Dios lo perdona todo, tengo delitos los convierto en pecado, viene el cura y dice que todos somos pecadores, y si todos somos pecadores entonces olvidémonos, por todos lados se está promoviendo, desde el gobierno y desde la derecha política”, señaló López Vigil.


Poderosos por la gracia de Dios
Para el columnista Onofre Guevara, los políticos se envuelven en un celofán religioso a falta de razonamientos políticos sólidos, es decir es algo que brilla, pero que no tiene valor.

En cuanto a la política de comunicación del gobierno, Guevara considera que el presidente Ortega y la primera dama Rosario Murillo intentan justificar sus actos como algo proveniente de Dios, es decir, no debe existir objeción.

“Están utilizando la religión de una forma muy especializada con recursos sicológicos, están tratando de ubicarse como reyes de la Edad Media, que eran poderosos por la gracia de Dios”, apuntó Guevara.

El matiz religioso de los problemas políticos y económicos puede alejar al país de las soluciones a los grandes problemas, porque nadie asume su responsabilidad, por lo que según López Vigil, en los próximos meses o años lo que podríamos ver es una competencia por quién es más bueno, es más católico o más cristiano.


Los desprofanadores
Y no hay tanta confusión. Un rótulo de la propaganda de Eduardo Montealegre respondía citando pasajes de la Biblia relacionados con la capacidad de criticar las faltas de los demás, pero no de “ver la paja en su propio ojo”.

Para Montealegre, la instalación de un rótulo estatal no es destrucción de una obra arquitectónica invaluable, sino una profanación, y así lo repitió a todos sus simpatizantes, también el candidato a vicealcalde, el diputado Enrique Quiñónez.

Entonces, el ataque al gobierno por el rótulo fue otra cita bíblica del libro de Mateo: “Mi casa será llamada casa de oración. Pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones”.

Misas y oraciones
“Montealegre viene y dice que la catedral ha sido profanada, y él viene como católico a desprofanarla, y va a tapar con otro rótulo, con la Catedral iluminada que dice: No a Ortega, eso es política, no es nada religioso”, señaló López Vigil.

La pretendida desprofanación de la antigua Catedral será a través de una misa que celebrarán sacerdotes el día que abran campaña en la Plaza de la Revolución.

Al parecer, cada uno tiene líderes religiosos a su favor, Montealegre mencionó que invitarían al padre Nagib Eslaquit, a monseñor René Sándigo o al obispo Abelardo Mata, además de pastores, para que hicieran alguna oración.

Por su parte, el gobierno no ha desperdiciado su alianza con el cardenal Miguel Obando y Bravo, y sus cercanos colaboradores.


(Con la colaboración de Matilde Córdoba y Leonor Álvarez)