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El receso del plenario en la Asamblea Nacional, sin antes aprobar la elección de funcionarios con cargos vencidos, fue calificado de “lamentable”, por monseñor Silvio José Báez, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, quien advirtió que el irrespeto a la Constitución Política lleva a la sociedad nicaragüense a un “callejón sin salida”.

“Lamentamos que siga prevaleciendo en Nicaragua esa voluntad de no reconstruir la institucionalidad y recuperar el Estado de Derecho, porque a la larga el país va a pagar las consecuencias”, sentenció monseñor Báez.

Aclaró que el problema no lo ve desde el punto de vista económico, sino moral, porque más allá de la petición de que se elijan los cargos vencidos y se respeten las leyes para no afectar la inversión extranjera y garantizar la seguridad jurídica para la economía, el país se va “degradando moralmente y esto es lo más grave”.

“Una sociedad que éticamente va perdiendo consistencia, es una sociedad que va destinada, progresivamente, a ser más pobre, a ser más dividida, a ser menos humana”. Es una sociedad que estamos construyendo sobre bases morales muy frágiles, y esto va a ser que se vuelva una sociedad cada vez más inhumana, donde la división entre ricos y pobres sea mayor, y donde no haya auténticos valores que nos lleven a convivir como seres humanos en libertad y justicia”, explicó el Obispo Auxiliar.

Por otra parte, Báez consideró que la reelección de algunos candidatos a alcaldes “forma parte de lo mismo”. “El irrespeto a la Constitución forma parte de esta degradación ética que está llevando a nuestra sociedad a un callejón sin salida”, enfatizó.

Sobre la próxima Carta Pastoral, adelantó que los miembros de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, se reunirán el 17 y el 18 de julio en Managua, y que el primer tema de agenda es, precisamente, la Carta Pastoral de cara a las elecciones municipales. Indicó que a mitad de julio decidirán la fecha de la publicación de este documento, pero que será antes de las elecciones.

Obispo advierte sobre “falsos profetas”

“Nicaragua vive momentos donde hay un vacío interior y es necesario escuchar la palabra profética, pero se debe reconocer a los verdaderos profetas de los falsos”. Esta recomendación fue hecha por monseñor Silvio José Báez, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Managua, al hablar de lo que los nicaragüenses deben aprender de la homilía de ayer.

“Hay épocas en la historia en donde hay como un vacío interior, como un sin sentido, un desconcierto en cuanto a los valores auténticos, desequilibrios sociales. En etapas como la que está viviendo la sociedad de Nicaragua desde hace algunos años, la palabra profética se hace necesaria. Son voces incómodas las de los profetas”, señaló monseñor Báez.

Manifestó que los profetas son incómodos porque hablan en nombre de Dios, anuncian su amor, consuelan en su nombre, pero también iluminan, “haciendo ver las cosas que son contrarias al proyecto y a la voluntad de Dios”.

Por estas razones, Báez consideró que los profetas no solo fueron perseguidos y torturados, sino también martirizados, y por eso la figura del profeta es “muy cercana a la del mártir”. Recomendó no tener miedo a los profetas, y pedir que haya voces proféticas en el país.

Reconocer falsos profetas

Sin embargo, Báez hizo una advertencia al señalar que “hay falsos profetas que en nombre de Dios, aparentemente, dicen cosas, pero que no corresponden a la voluntad de Dios”.

“Como el profeta no tiene ningún distintivo que lo haga diverso de los demás hombres, es muy difícil saber quién es falso y quién es verdadero. Jesús da una clave en el Evangelio: por sus frutos los conoceréis”, detalló el obispo Báez.

Agregó que el profeta “auténtico”, “justifica con su vida lo que dice, habla en modo coherente; lo que dice lo vive y se lo aplica a sí mismo”, enfatizó.

“El verdadero profeta es reconocido por el pueblo de Dios, que tiene una especie de sexto sentido, una intuición de fe. El pueblo de Dios, al que el profeta se dirige, capta misteriosamente cuándo lo que se está diciendo es de Dios y cuándo es una manipulación de lo religioso; y cuándo el nombre de Dios es pronunciado con sentido, con fuerza, y cuándo es pronunciado vacío y con otros intereses”, afirmó monseñor Báez.