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Para el doctor Joaquín Roy, Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami, Florida, Centroamérica no tiene más alternativa que asociarse y consolidar sus relaciones con Europa, pero también advierte que este continente necesita de Centroamérica y del resto de América Latina, para subsistir como región, tanto política, como económicamente

De origen español y con plena confianza en que la integración europea rendirá sus frutos, Roy ni siquiera piensa en la posibilidad de una Europa “desintegrada”, pese a que reconoce lo profundo de la crisis que, como mancomunidad, enfrenta actualmente.

A la luz de lo que usted plantea sobre los problemas políticos y socioeconómicos que enfrenta actualmente Europa, ¿qué futuro tiene la Unión Europea?

El mismo que tenía en 1950. Hay una decisión política tomada desde 1950 y la Unión Europea ha continuado por esa senda, a pesar de las dificultades periódicas, porque esta no es la primera y probablemente no será la última. Esto no es un proyecto utópico, con un guión muy específico donde se acaba una etapa y continúa otra y todo está previsto y todo es ideal… No es así. La historia de la Unión Europea demuestra que ha habido dificultades en avanzar.

La diferencia con otros precedentes es que la UE de hoy no es como el proyecto relativamente modesto de los años 50, estamos hablando de la primera economía del mundo, el primer bloque que quiere decir integración. Estamos hablando de una Unión de Estados soberanos que voluntariamente acuerdan fundar un ente diferente, mientras los Estados continúan, algo que es muy diferente a entidades como la Comunidad Andina o como una entidad que no existe como es Centroamérica.

Los académicos somos reticentes a comparar a la Unión Europea con confederaciones o federaciones… La Unión Europea no es una federación.

¿Confía usted en que va a salir de esta crisis?

Absolutamente, porque el capital político invertido en esto y además porque ciertos mecanismos, como es el euro –porque no es el único–, son demasiado importantes y valiosos y va a haber unos movimientos para que esto continúe; y no será la primera vez en la historia de la Unión Europea, ni la última, en que se ha aprendido de los errores.

En este caso concreto, el error que se considera que es el más importante política y económicamente, es que se pone en marcha el euro sin una unión fiscal.

¿No tomaron en cuenta ese detalle los países al momento de asumir el euro como moneda única?

Lo tomaron en cuenta, lo consideraron, pero el problema es, como pasa muchas veces en la Unión Europea, el impulso político es demasiado fuerte para ser resistido, entonces se considera que el impulso de un movimiento económico tendrá efecto después de lo político.

Cuando se pone en marcha la Unión Europea con el carbón y el acero no se plantea ¿y después de esto qué vamos a hacer? No (se hizo) hacemos esto y veremos qué es lo que pasa. Entonces se pone en marcha el mercado común en el año 57 y sucede lo mismo y la Unión Europea se pasa casi 20 años congelada. Los que consideran que esto ha sido un camino de rosas, están equivocados.

Siendo así, en un proceso de integración ¿qué debería pesar más lo político o lo económico?

Los dos. Pero el impulso o la meta siempre ha sido política; el medio ha sido económico y esto es lo que nosotros constantemente debemos insistir, el poner el carbón y el acero encima de la mesa fue el medio económico hacia un fin político. Esto quiere decir que el fin político primordial era parar las guerras europeas; segundo, hacer algo más para garantizar que eso no se repetirá nunca y así los países utilizaron palabras como federación, unión, etcétera y así se colocan esos dos sectores que se consideraban entonces sensibles como el carbón y el acero que eran los necesarios para construir las armas.

Luego un paso más, ¿qué sigue? Usted puede eliminar en un país o Estado-Nación todas las prerrogativas que tiene, pero no puede eliminar dos para que ese Estado deje de existir o de actuar, no se puede eliminar la autoridad para controlar el territorio; segundo, si se tiene la frontera y tiene unas monedas que en el otro lado le dicen que no vale y que tiene que ir al banco para cambiarlas, entonces se enfrenta a otro límite de un Estado.

Es decir, hay dos cosas sagradas, una es el control físico del territorio y el control económico-comercial de un Estado.

¿Entonces usted está planteando trasladar controles que tiene cada Estado independiente a una entidad suprema que controle toda la Unión?

Ahí está, pero en fases. Se comienza por la transferencia, no cesión, porque yo pertenezco a una tendencia académica en la que rechazamos la palabra pérdida de soberanía, entonces preferimos hablar de una soberanía compartida.

La clave es que (un Estado) no pierde su soberanía, sino que la pone en manos de una entidad común y su representante se sienta a la mesa del Consejo y sigue administrando la soberanía común que ha compartido.

¿Nadie quiere ceder entonces?

¡No! ¡Cuidado! Eso es lo que ciertos movimientos, como consecuencia de los problemas políticos, están en marcha para ponerle un freno. O sea, hay una tendencia en estos momentos, en cierta manera, a una renacionalización de la conducta europea y esa es la cuestión.

¿Usted cree que este renacimiento de estos nacionalismos ponga en peligro la Unión?

Lo pone.

¿Al punto de que desaparezca?

¡No! No puedo predecir el futuro, pero canalizando el pasado y analizando el presente, no lo creo.

¿Qué elementos garantizan a Centroamérica de que esa Unión con la que se acaba de suscribir un Acuerdo de Asociación no se va a desintegrar?

Bueno, la alternativa es carísima, porque la alternativa es peor que la que estamos pasando. Esto es un poco la repetición de lo que en los años 80 se llamó el costo de la “No Europa”.

Para efectos prácticos, usted sabe el costo que tendrá cambiar todos los cajeros automáticos (de euros a otra moneda) o lo que le costará a Alemania si Grecia sale del euro…

Pero también hay una percepción un tanto negativa de parte de las poblaciones de cada uno de los países que integran la Unión

En el sentido de interpretar que la culpa de todo esto es de un ente que se llama la Unión Europea o de culpar al euro de todos esos problemas.

¿Qué puntos debe mejorar la Unión Europea para mantenerse como tal?

Más unión. Es lo que se llama “más Europa” y esto quiere decir que debe haber más integración, una integración más profunda y, por ejemplo, una de las ideas que sopesan en este momento es que la Comisión Europea ha sido marginada, que no tiene poder en estos momentos, entonces hay que buscar métodos para convertir al presidente de la Comisión en electo y por tanto debería tener la legitimación del pueblo.

También se está analizando conformar otra cámara del Parlamento Europeo, es decir, una segunda cámara en representación de los Parlamentos de cada uno de los Estados.

¿Van a asumir los costos económicos que eso significa?

Ese es uno de los mitos. La Unión Europea es barata, es decir, lo que puede ser comparativo de caro es lo que cobra mi amigo el Embajador (de la Unión Europea en Nicaragua). La Unión Europea en sí, es un ente barato, cuesta menos el presupuesto de la Unión Europea que una ciudad media en Europa, es decir, la Unión Europea menos que Hamburgo.

Tengo la impresión de que se está enfocando la crisis del euro como el fracaso en sí de la Unión Europea. ¿Por qué?

Porque es definible, es identificable y es cierto que con la puesta en marcha del euro hubo mayores oportunidades de crédito y disponibilidad de capitales que antes no existían y entonces lo que pasó es que los Estados, interpretando esto que podemos llamar pérdida o cesión de soberanía, quedaron privados de un mecanismo que tenían antes que era la devaluación y entonces quién tiene la culpa de esto, pues el euro.

¿Cómo cree que pueda afectar esta crisis europea a Centroamérica, considerando la reciente firma del Acuerdo de Asociación?

En plan concreto, es posible (que afecte). En el caso de los países europeos, ahora que estuve en Barcelona, por ejemplo, se recortaron los servicios médicos en un 10 por ciento y pueden venir medidas surrealistas como pedirles a los inmigrantes sin papeles que tienen que pagar un seguro; es decir, hay recortes, hay menos recursos.

El origen es la falta de crecimiento económico, el cual empieza a descender en Europa, lo cual quiere decir, que si hay un descenso en el crecimiento hay menos ingresos fiscales, y por tanto, el Estado no puede sostener ciertos servicios que antes tenía.

Entonces si hay reducción de gastos en ciertas ciudades, autonomías o países europeos, dígame usted qué es lo primero que se corta… Le contesto en plan periodístico y lo primero que se corta es a los colaboradores exteriores… Se corta lo que se considera superfluo.

Los retos de la Unión Europea para poder sobrevivir


El desprestigio de los partidos políticos tradicionales, la difuminación de la influencia de la socialdemocracia, la generación de partidos y formaciones de ultraderecha, el refuerzo de alternativas de la ultraizquierda, así como el renacimiento del nacionalismo son, entre otros, los principales problemas políticos que enfrenta actualmente la Unión Europea, según expresó Joaquín Roy, Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami.

En el sector económico y social, los problemas que afectan la unión, según Roy, son la desconfianza en el sistema bancario, la percepción generalizada de la ausencia de castigo para los “banksters” y el alarmante nivel de desempleo, sobre todo en los jóvenes y graduados universitarios.

Pese a todo, Roy considera que la UE “no es un modelo, pero sí un punto de referencia para cualquier intento de integración político o económico”.

A juicio de Roy otro dilema que enfrenta la UE es la manera en cómo enfrentar la crisis económica al oscilar de “salvar el euro para salvar Europa”, a “salvar Europa para salvar el euro”; además de enfrentar el debate entre mantener “el euro a toda costa” y “el costo (de mantener) el euro”.

No obstante, Roy considera que, pese a esta profunda crisis, cabe preguntarse “cuál es el costo del euro y cuál será el costo de la no integración”, en alusión a los planes para mantener dentro de la Unión a países como España y Grecia. Y, hablando de su natal España, Roy señala los mayores desafíos que este país enfrenta como son “una corrupción campante, una mayor violación fiscal; mayor fuga de capitales y una mayor ‘insolidaridad’ social”. En España, señala Roy, “hay una solidaridad, pero una solidaridad limitada”.

El caso de Grecia, apunta Roy, ha planteado la perspectiva de si vale la pena ampliar la UE y sobre “si se fue demasiado rápido” en el proceso de integración.