Jorge Eduardo Arellano
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Nicaragua estaba indefensa. “Constantes guerras intestinas, luchas ideológicas e inestabilidad dejaron un territorio desmembrado y fragmentado”, dice Mauricio Herdocia refiriéndose a las causas por las que Nicaragua ha perdido gran parte de su territorio. El primer fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya indica, sin embargo, que la historia empieza a escribirse diferente.

“Nicaragua pudo romper los candados que la encerraban en base a una estrategia nacional, una antorcha de soberanía encendida que fue pasando de mano en mano, de administración en administración y de generación en generación, relevos históricos que están culminando exitosamente”, escribe Herdocia en el libro “Demolición del meridiano 82”, ilustrativo sobre el diferendo entre Nicaragua y Colombia por su frontera marítima.

El año pasado la Corte Internacional de Justicia de la Haya (CJI) emitió un fallo en el que se declara competente para dirimir el conflicto limítrofe entre Nicaragua y Colombia. El mismo fallo contempla que el meridiano 82 no es el límite marítimo entre ambas naciones, botando así el principal argumento del país sudamericano.

La sentencia de la CJI lo dice claramente: “…Con-trario a los alegatos colombianos, los términos del Protocolo, en su significado ordinario no pueden ser interpretados como que se efectuó una delimitación de las fronteras marítimas entre Colombia y Nicaragua”.

Nicaragua demandó a Colombia en el año 2001, durante el gobierno de Enrique Bolaños. El fallo reconoció, explica Herdocia, que no existía una frontera en el paralelo 15 y proyectó los derechos de Nicaragua rumbo al paralelo 16 y el meridiano 80, ganando así más de 18 mil kilómetros cuadrados de territorio.

“La frontera inverosímil”

Herdocia denomina al meridiano 82 como la “frontera inverosímil”, puesto que “las distancias que separan al meridiano de la costa nicaragüense son también inverosímiles”.

“Es importante destacar que Colombia en su afán de contener a Nicaragua con un límite en el meridiano 82 cayó en su propia trampa con el Tratado Ramírez-López, ya que la Corte concluyó que su aceptación con Honduras, del paralelo 15, preconcluía toda posibilidad de extenderse al norte de dicho paralelo”, dice Herdocia refiriéndose a que Honduras y Costa Rica habían secundado las pretensiones de Colombia, absteniéndose luego Costa Rica de ratificar el Tratado Fernández-Facio mientras no se haya superado el conflicto marítimo.