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De entrada, la descortesía de los agentes encargados de la seguridad del evento, las trabas y restricciones para el fotógrafo. Pero al final, un agente nos conduce a la tarima dispuesta para los medios, y en el trayecto el ensordecedor ruido de las bandas escolares tocando al unísono no permite distinguir una sola nota. Estudiantes bañados en sudor en sus trajes de gala. Y más que azul y blanco, rosado “chicha” por todos lados; más que héroes y próceres, Daniel Ortega es la efigie.

Estudiantes de los colegios privados con sus incómodos y calurosos trajes avanzan a la par de los de colegios públicos vestidos con el sencillo azul y blanco de sus uniformes. En total: ocho mil alumnos de 90 colegios. También la globalización se hace ver en el vestuario: jovencitas con gorras Fila; trajes que copian el estilo RBD; pero lo más extraño y llamativo, un grupo de jóvenes vestidos de militares, imagen que hace recordar a los cachorros del Servicio Militar Patriótico como jugando a la guerra. “Ya no son bandas de guerra, son bandas rítmicas”, murmura alguien en tono de burla.

Esto parece ser un juego de adolescentes, se vitorean los ritmos que tocan. Bolsitas de agua en el suelo, una actitud contra el civismo.

De pronto… la lluvia
La amenaza de lluvia sólo los alienta a gritar y tocar, los infaltables desmayos por insolación son atendidos por el Cuerpo de Bomberos. Finalmente se deja caer el aguacero, como casi todos los años.

Los periodistas se refugian bajo la tarima, otras personas aprovechan para resguardarse en el improvisado techo, aquello parece un bus de transporte urbano en hora pico. El agua empapa a todos excepto a quienes presidían el acto; a falta de un lugar para resguardarse, los estudiantes, casi en su totalidad, reciben el baño de lluvia después del baño de sol.

“Sólo al presidente Ortega se le ocurre hacer estos actos en la noche”, reacciona molesta una estudiante. “Y después, ¿cómo nos vamos a ir a la casa?”, dice otra. La lluvia cesa, arranca el acto con el saludo de Daniel a los estudiantes y las notas del himno nacional. El discurso del presidente inicia con la alusión de la frase dariana: “Juventud divino tesoro”.

(*) Estudiante de Comunicación Social, UCA.