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Mucho se ha especulado sobre las razones reales de la renuncia de Benedicto XVI, en el sentido de que los problemas y las supuestas divisiones que enfrenta la Iglesia Católica fueron los principales motivos que llevaron al Papa a tomar esa decisión trascendental.

Sin embargo, hay una razón objetiva y es su fragilidad por los quebrantos de salud y los 85 años que cumplió en abril del año pasado.

El portavoz del Vaticano, sacerdote Federico Lombardi, remarcó a las agencias de noticias internacionales que la renuncia del papa Benedicto XVI, de 85 años, no fue por una enfermedad sino por una serie de afectaciones propias de su edad, lo que le llevó a tomar la difícil decisión.

Según Lombardi, Benedicto XVI fue sometido hace algunos meses a una operación para sustituirle el marcapasos, todo llevado con la más absoluta discreción y sin interrumpir la agenda del Papa. Lombardi aseguró que la intervención fue “normal y rutinaria”, y no tenía “ninguna relevancia especial”.

Marcapasos no es el problema

El cardiólogo nicaragüense Leonardo Detrinidad Prado, destacó que si bien el marcapasos es un sistema generador de impulsos eléctricos para mantener el ritmo cardíaco, cuando el marcapasos natural del corazón ya no puede sostener su ritmo y frecuencia, la persona no tiene problemas para llevar su vida normal.

“Sin embargo, las personas mayores de 75 años --como es el caso de Benedicto XVI-- se ven diezmadas por enfermedades relativas a la edad”, dijo el especialista, señalando que entre estas afectaciones se encuentran la diabetes, cardiopatías y derrames cerebrales, las cuales el paciente debe prevenir y cuidarse.

Comentó que los marcapasos son muy seguros, pero no son para prevenir un ataque cardíaco, sino únicamente para mantener el ritmo normal del corazón. Indicó que estos aparatos se han desarrollado tecnológicamente y cada día son más pequeños. Tienen una vida útil de aproximadamente once años y contienen una batería de litio que se cambia después de ocho años de actividad.

Para “instalar” un marcapasos se realiza una incisión de aproximadamente cuatro centímetros en la zona del tórax, y bajo la piel se hace una bolsita que lleva el generador y las baterías, de donde salen los cables que van al corazón y lo estimulan.

Para el cambio de baterías se instala un sustituto que sostenga el estímulo cardíaco, mientras se realizan las acciones pertinentes.

(Con apoyo de agencias.)

 

Historial médico

Benedicto XVI, aunque sufrió una herida de guerra en una mano, su primer contratiempo importante fue un derrame cerebral en 1991, a los 64 años. Se recuperó satisfactoriamente, aunque le dejó secuelas leves visibles en el rostro.

En el verano de 1992 sufrió una caída en el cuarto de baño mientras estaba de vacaciones. Se golpeó la cabeza y necesitó 10 puntos de sutura.

En el año 2003, cuando Juan Pablo II se encontraba ya muy disminuido, Ratzinger se perfilaba como uno de los candidatos con mayor posibilidad de sucederlo.

Para el período de su elección sufrió un segundo “ictus” cerebral. Desde entonces redujo su actividad y descansaba regularmente cada día para sobrevivir a la carga de ser Papa.

Joseph Aloisius Ratzinger fue elegido como 265 Papa, el 19 de abril de 2005 por los cardenales que votaron en el Cónclave.

En 2009 otra desafortunada caída doméstica sacudió la salud del pontífice. De esta salió con una muñeca fracturada que tuvo que operarse. Para cuando cumplió siete años de Pontificado, Benedicto XVI podía sentirse orgulloso de ser quizá el único Papa que nunca tuvo que cancelar audiencias o ceremonias por gripe u otra enfermedad.

A pesar de esto, su vulnerabilidad se reflejó durante los últimos meses en su cargo, que fue evidente con la utilización de una plataforma móvil, a partir del 2011, para reducir la fatiga al oficiar la misa dominical del Vaticano y recorrer el largo pasillo central de la Basílica de San Pedro.