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La campaña electoral oficialmente inició, pero no hay propuestas concretas. La propaganda de los principales candidatos a alcaldes compite con la del Presidente de la República en tamaño, fotos y ubicación. ¿Cuál es el mensaje más efectivo? Los expertos en la materia no se aventuran a contestar la pregunta. Lo cierto es que una vez más los discursos están vacíos y las propagandas escasas de creatividad

Todavía no han dicho qué van a hacer por Managua. Mientras el candidato del Frente Sandinista, Alexis Argüello, habla de amor y reconciliación y se vende como el más honesto; su principal contrincante, de la Alianza Partido Liberal Constitucionalista, PLC, Eduardo Montealegre, se quedó dos años atrás y como si estuviese en las elecciones nacionales insta a los electores a votar “contra Ortega”.

¿Y Managua? De la capital es de la que menos se habla. A criterio de la Directora Ejecutiva de Crea Comunicaciones, empresa especializada en relaciones públicas, Claudia Neira, “la campaña no está siendo propositiva” y están convirtiendo las elecciones municipales en un indicador de quienes están a favor y en contra del gobierno, dejando a un lado los principales problemas que aquejan a las municipalidades.

“Una campaña hecha en Managua no va a ser siempre buena”, explica Neira refiriéndose a la centralización de la propaganda, que podría ser un escollo para muchos candidatos a alcaldes.

Según Neira, la principal deficiencia en esta campaña electoral es que se hayan “nacionalizado” las elecciones. A las pruebas remitámonos para analizar esta centralización. Los anuncios propagandísticos televisivos y radiales se concentran en potenciar sólo a los candidatos a alcaldes de Managua, pero ni aun así estos explican cómo es que resolverán los problemas del electorado, pues generalizan o prometen proyectos irrealizables, como el de Alexis Argüello de reconstruir el centro histórico de Managua, con tren eléctrico incluido.

Una musiquita expectante dejaba a los oyentes con la curiosidad. Ya viene, decía el locutor y la musiquita volvía a irse. No era cosmético alguno ni una nueva gaseosa para diabéticos. Era Eduardo Montealegre. Quien venía era el candidato a alcalde de la casilla Uno. Y, según él, no venía solo. Llegaba junto a todos los que están contra el presidente Daniel Ortega.

Terminó de llegar el día que oficializó la apertura de su campaña electoral, en un acto realizado en una plaza de Managua, luego de pelear y concentrar la atención en si le permitían o no la Plaza de la Revolución (o República) para hacer ese concentración, una plaza que el gobierno prácticamente tiene tapizada con rótulos del mandatario.

De camisa roja, con un rótulo tricolor a sus espaldas y una muchedumbre que vociferaba contra Alexis Argüello, Montealegre prometió derrotar a Ortega. Todavía no tiene un plan de gobierno finalizado y ha concentrado su propaganda en potenciar su imagen.

El especialista en temas comunicativos, Guillermo Rothschuh, considera que Montealegre apela a su calidad profesional, pero no hay nada que lo identifique. Neira refuerza esta afirmación. En la propaganda del candidato liberal no hay una concatenación de ideas. “Todo dice algo diferente, las vallas dicen una cosa, la televisión otra, la radio otra y él también dice otra cosa”, expresa Neira.

En las calles de Managua la propaganda electoral compite con los anuncios publicitarios. Pero la principal competencia quizá sea la del presidente Daniel Ortega. Una foto de Montealegre junto a una niña morena ojos verdes y con el lema “Oye Managua”, reviste las principales calles de la ciudad. Otra del candidato con una joven morena sonriente más adelante topa con una del Poder Ciudadano, donde Ortega alza el puño y recuerda el “Poder del Pueblo”. ¿Qué quiere decirle a los votantes? Los expertos coinciden en que no hay ningún mensaje sustantivo en los rótulos.

Rothschuh insiste en que no se debe ver de lado la cobertura periodística a los candidatos, pues la propaganda no se reduce a las vallas, los espectaculares afiches y al tiempo que pagan los partidos políticos en las canales de televisión y en las radios.

“En los medios de comunicación hay alineamientos”, explica, y agrega que la política está “mass-mediatizada”, lo que significa que cada espacio que los medios de comunicación dedican a determinado candidato es también una forma de propaganda que puede ir a favor o en contra del aspirante en cuestión.

El Frente Sandinista quiere hacer omnipresente a su candidato, denominado “El Campeón” por los estrategas de la campaña electoral pro gubernamental. Argüello acompaña al presidente Ortega, inaugura centros de salud y hasta comenta sobre boxeo. Esto último es lógico pues Arguello es una celebridad en ese deporte, es un Tricampeón mundial en el ocaso de su gloria. Aunque no debe verse de lado que las peleas que comenta son seguidas por una gran teleaudiencia a nivel nacional.

El Frente Sandinista visualmente tiene ganado espacio, analiza Neira. “Tienen una marca posicionada, tiene elementos propios y podés identificarlo comunicacionalmente con lo mismo siempre”.

“A Alexis lo sacan en los anuncios televisivos en construcciones de casa y se pierde la perspectiva”, expresa Rothschuh refiriéndose a uno de los spots propagandísticos del candidato sandinista, quien oficializó el inicio de la campaña electoral el sábado pasado con una fiesta popular.

La propaganda del candidato sandinista es una réplica de la gubernamental. Los mismos colores, el mismo tipo de letra y el mismo discurso. Eso mismo hace indicar, considera Neira, que sea difícil que alguien que no sea sandinista vote por Argüello.

La apertura de campaña del “Campeón” fue poco concurrida. Jóvenes de distintas partes de Managua acudieron al llamado, que esta vez no fue como suelen ser las manifestaciones sandinistas. Pocos se quedaron bailando en la fiesta organizada por el Frente Sandinista, que empezó después del breve discurso de Argüello y de su compañera de fórmula, Daysi Tórrez. Ninguno dijo nada concreto para resolver los problemas de la ciudad, que ese mismo día se inundó por el aguacero que cayó.


El problema fundamental es que las propagandas “no apuntan al grueso de votantes, a los indecisos, que son los que inclinan la balanza”, insiste Rothschuh, quien evoca al célebre asesor del ex presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, Dick Morris.


A juicio de Rothschuh, las visitas casa a casa son la única estrategia para atraer al electorado que finalmente decidirá los resultados del próximo nueve de noviembre, eso si no se da el acostumbrado nivel de abstencionismo registrado en las anteriores elecciones municipales.

Morris, autor del libro “El Nuevo Príncipe”, llevó a la Presidencia de Estados Unidos por segunda vez al político demócrata y sostiene que los ciudadanos están cansados de campañas negativas y que debido a esto sólo quieren responder a mensajes positivos.

Las campañas sucias son un elemento importante que los candidatos han agregado en las propagandas de estas elecciones. Por un lado los medios de comunicación oficialistas califican de ladrón a Montealegre. Según un análisis realizado por el semanario Confidencial, de 36 spots que transmite el oficialista Canal 4 con duración de 38 segundos cada uno, 20 de ellos --es decir el 55%-- pertenecen a la campaña en contra de Eduardo Montealegre, por el caso de los Cenis bancarios, en distintas versiones y firmadas por el “Poder Ciudadano”.

La gente, según Morris entrevistado por El País, de España, no está interesada en escándalos y fracasos. Argüello se ha enfocado en potenciar su honestidad resaltando la denuncia contra Montealegre, quien durante la administración de Enrique Bolaños fue ministro de Hacienda y Crédito Público, renegoció los Certificados Negociables de Inversión (Cenis) y subastó los bienes de los cuatro bancos quebrados en las postrimerías del gobierno de Arnoldo Alemán.

“Los candidatos con éxito son aquellos que ofrecen amplias esperanzas y elevados ideales, más que aquellos que apelan demagógicamente al bolsillo personal de los votantes. Según Morris, la mejor receta para conquistar la presidencia y para mantenerla es una moral de corazón afectuoso”, publica El País.

Un mal periódico que Rothschuh señala es el uso de los bienes del Estado para la campaña electoral. “Un vicio recurrente de los que están en el poder es poner toda su maquinaria a favor del candidato. Todos lo han hecho, pero ahora no se cuidan de tener el más mínimo respeto a las leyes”, señala.

Y es que las pancartas que promueven a Alexis Argüello están en las instituciones del gobierno, pero no hay que irse lejos, pues el mismo presidente Ortega hace campaña a favor del candidato de su partido.

El inciso dos del artículo 87 de la Ley Electoral prohibe que se coloquen pancartas, carteles, afiches y medios similares en monumentos, edificios públicos, iglesias y templos. Como también se prohibe la difusión de la campaña electoral que dañe la integridad de los candidatos inscritos.

“En la propaganda juega un papel fundamental el dinero”, explica Rothschuh, pues sólo quienes tienen capacidad de conseguirlo o lo tienen, pueden costear los recursos que implica la promoción de los candidatos. “¿Entonces, dónde queda el principio constitucional de que todos podemos elegir y ser electos?”, pregunta.