Ary Pantoja
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Todavía recuerdo perfectamente la película porque fue la segunda vez que asistí solo a una sala de cines a principio de los ochenta. La versión cinematográfica de la novela escrita por el gran Ernest Hemingway en 1940 y llevada a la pantalla grande en 1943 por el director Sam Wood, me pareció magistral, aunque debo reconocer que es mejor el libro.

El título de la cinta, protagonizada por Gary Cooper e Ingrid Bergman, nunca lo olvidé, y aunque en realidad fue acuñado en 1624 por John Donne, es cada vez más actual, sobre todo en la vida política nicaragüense. No se necesita ser un genio para saber ¿Por quién doblan las campanas… en la ALN?

A diferencia de la novela de Hemingway, la situación por la que atraviesa la Alianza Liberal Nicaragüense, ALN, no trata precisamente de la historia de amor en medio de la guerra civil española, sino más bien –y a juzgar por los hechos-, de la crónica del fracaso anunciado de un proyecto político, matizado por ambiciones personales, afán de protagonismo y aspiraciones candidaturales de sus estelares protagonistas.

Un elemento a sumar es la supeditación de los principales agentes políticos de este partido, a los intereses foráneos y empresariales. A esto hay que agregar, según denuncias de los que llamaríamos extras, ciertos tintes de clasismo, discriminación racial y segregación por origen de castas.

Montealegre en la vorágine

Los críticos fueron poco benévolos con Gary Cooper, a quien le atribuyen una pobre actuación en el papel de Roberto Jordan en la película. Al presidente de la ALN, Eduardo Montealegre, sus detractores no le conceden un ápice de buena conducción política al frente del partido, sobre todo porque son sus propios correligionarios quienes han desertado de las filas de la bandera roja con el “check”.

Después de la separación oficial de cuatro diputados que ya formaron su propia bancada, y de la rebeldía interna de dos más, Monteaelegre se lamenta de lo ocurrido, viaja al exterior en los peores momentos y prefiere reunirse con “analistas políticos” de la ultra derecha extranjera, en lugar de impedir la huida de sus copartidarios. Antes bien, los insta a irse si así lo desean.

“Las puertas de la ALN están abiertas para el que se quiera ir”, expresa Montealegre en un gesto nada político o conciliador, al mejor estilo de lo que ha criticado férreamente: el caudillismo.

Acusaciones y nueva bancada

Los hechos hablan por sí solos. El diputado Ramiro Silva fue el primero en renunciar a la bancada ALN-PC, argumentando maltrato y discriminación por parte de “los blanquitos e inteligentes” del Partido Conservador.

El descontento alcanzó a Jamileth Bonilla Madrigal, la jefa de la nueva “Bancada por la Unidad” quien, previo a su renuncia oficial al grupo ALN-PC, tuvo serias discrepancias privadas y discusiones públicas con Montealegre por la forma de dirigir el partido y la bancada legislativa. Lo que no se entiende es cómo Bonilla divide a la ALN y llama “Unidad” a su bancada.

Bonilla reclamó durante mucho tiempo la remoción de la jefa de bancada, María Eugenia Sequeira, a quien no le dirige la palabra desde hace varios meses. Bonilla también se queja de la inexperiencia política de Montealegre, al punto que pidió su renuncia como presidente de la ALN.

Cada uno con sus quejas

El último en dejar las filas del partido fue Ramón Macías Luna, ex presidente departamental en León. Macías acusó a Montealegre de ceder a presiones de empresarios leoneses, para destronarlo a través de la organización e inscripción “ilegal” de una junta directiva departamental paralela.

Eduardo Gómez López, presidente de la Alianza por la República, Apre, se separó argumentando irrespeto a su autoridad y discriminación.

En el caso de Gómez, dirigentes de la ALN se dieron a la tarea de difundir la información de que fue presionado por el Frente Sandinista a renunciar, amenazado con supuestos resultados de responsabilidad penal a través de una auditoría que realiza la Contraloría General de la República, a la gestión de Gómez cuando fue presidente de la Asamblea Nacional.

Por su parte, Montealegre acusó a los desertores de “prestarse al juego” del Frente Sandinista y del Partido Liberal Constitucionalista, PLC, a los que responsabiliza de la debacle interna de la ALN.

A través de dos notas de prensa, Montealegre y Sequeira se limitan a “lamentar la deserción” de los cuatro diputados y los invitan a regresar al seno partidario, porque “lo único que hacen es contribuir a las acciones maquiavélicas del FSLN, en querer desestabilizar, querer desmembrar y desquebrajar a esta bancada”, expresó Sequeira.

Por su parte, Montealgre dijo que “los brazos de la bancada siempre estarán abiertos, porque aquí se trata de trabajar para algo mucho más importante que simplemente un deseo personal”.

Los cargos de la discordia

El descontento Carlos García Bonilla se niega a irse de la ALN, pero no asiste a las reuniones de bancada mientras María Eugenia Sequeira continúe al frente. En sus últimas acusaciones, la semana pasada, García dijo que Montealegre falsificó las actas de constitución de juntas directivas de los 153 municipios del país y con esos documentos las inscribió “ilegalmente” ante el Consejo Supremo Electoral, CSE.

García señaló que el diputado Eliseo Núñez Hernández --otro descontento interno--, ya puso la denuncia ante la Dirección de Atención a Partidos Políticos del CSE, e impugnó las directivas municipales.

Con estos señalamientos y el reclamo de Núñez para que se reconozca su autoridad como único y legítimo representante de ALN, Montealegre podría quedar sin partido y no tendría más remedio que refugiarse en el regazo conservador, cuyos dirigentes se han convertido en sus más férreos defensores.

Por primera vez, García reveló el origen de las discrepancias, y es que Montealegre cedió a las presiones empresariales y a las exigencias conservadoras al imponer a Luis Callejas Callejas y a Javier Vallejo Fernández, respectivamente, como miembros de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional.

Recriminaciones

Según García, los candidatos idóneos y propuestos inicialemente para ocupar eso cargos eran Jamileth Bonilla y Eliseo Núñez. “Tienen la experiencia política, y Montealegre la desaprovechó y ya ves lo que nos ha pasado con Callejas y Vallejo”, expresó García.

García se refiere a los fracasos legislativos producto de la mala actuación, según dijo, de los directivos de ALN. A juicio de García, la inexperiencia de Callejas y Vallejo le costó la diputación a Alejandro Bolaños Davis, eso entre otras desacertadas decisiones legislativas de ambos.

En medio del pleito quedó Eliseo Núñez Morales --hijo de Núñez Hernández--, quien acusó a su padre de “pactar” con el Frente Sandinista y con el PLC para “desintegrar” la ALN. Núñez Morales está seguro de que los magistrados del Poder Electoral darán la razón a su padre para quedarse con el partido.

Los escenarios

El panorama para el protagonista de esta novela no es muy alentador. Cuatro diputados menos oficialmente y dos virtuales. Otros tres podrían sumarse a la “Bancada por la Unidad”.

La nueva bancada la conforman Jamileth Bonilla, Ramiro Silva, Ramón Macías y Eduardo Gómez. Otros posibles integrantes serían Francisco Jarquín, Elman Urbina y Wilber López, quienes abandonarían el barco de ALN-PC.

Estos tres enfrentan las mismas circunstanstancias que llevaron a Ramiro Silva a ser el primero en renunciar a ALN-PC: la discriminación por ser pobres.

Cuatro diputados más podrían enfrentar acusaciones ante el Consejo Supremo Electoral, por tener una segunda nacionalidad que los inhibe de ejercer el cargo. Carlos Langrand, Luis Callejas, Javier Vallejo y Alejandro Ruiz serían los acusados.

De comprobarse la acusación, ALN-PC perdería cuatro diputados, pero sobre todo, a los dos miembros de la Junta Directiva parlamentaria.

¿Qué quiere Núñez Hernández?

Eliseo Núñez y Carlos García no tienen la mínima intención de irse pues, su misión al parecer, es quedarse con los sellos de ALN y convertirse en los representantes legales. Eliseo Núñez es el actual presidente honorario del partido; mientras que Carlos García es el secretario.

Si el CSE decide reconocer la autoridad de Núñez, a Montealegre no le queda más que unirse al PC y podría mantener a sus dos aliados del Partido Liberal Independiente, PLI, los diputados Indalecio Aniceto Rodríguez Alaniz y Adolfo Martínez Cole.

Con Montealegre también se quedarían María Eugenia Sequeira, Pedro Joaquín Chamorro Barrios, Augusto Valle Castellón, Carlos Langrand Hernández, Alejandro Ruiz Jirón, Javier Vallejo Fernández, Luis Callejas Callejas, Jorge Matamoros y Norman de la Trinidad Zavala Lugo.

Se desconoce, de momento la decisión del diputado conservador Stanford Cash Dash, quien no estaría muy contento con Montealegre después de la jugada que le quiso montar junto a sus propios correliginarios para que no asumiera la diputación, luego de la destitución de Alejandro Bolaños Davis.

Si la acusación contra cuatro “extranjeros” prospera y el CSE decide suspender la diputación, en lugar de Carlos Langrand asumiría su suplente Reynaldo Antonio Tercero. Por Alejandro Ruiz Jirón, quedaría Miguel Ángel Mora Barrios; por Javier Vallejo, Mauricio Chamorro, y por Luis Callejas asumiría José Francisco Espinoza Cáceres.

Nueva correlación de fuerzas

Lo único claro hasta el momento es que la correlación de fuerzas en el Parlamento cambió totalmente. Con cinco bancadas el panorama legislativo parece diversificarse, sin embargo, el PLC no ha perdido tiempo y desde ya “coquetea” con la “Bancada por la Unidad”.

El lunes pasado, cuando Jamileth Bonilla renunció a la ALN, inmediatamente sostuvo una reunión a puerta cerrada con el primer secretario del parlamento y primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, Wilfredo Navarro. No se revelaron detalles de la conversación.

Tres días después, el jueves, Bonilla junto a Ramiro Silva, Eduardo Gómez y Ramón Macías, anunciaron la conformación del nuevo grupo parlamentario. En conferencia de prensa, Bonilla dejó claro el interés de su recién constituida bancada de “pelear” un puesto en una futura Junta Directiva parlamentaria.

No obstante, recordó que se necesita reformar la Ley Orgánica del Poder Legislativo, pues la actual Junta Directiva, conforme con la ley, tiene un período de dos años.

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