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El historiador, político y poeta francés, Alphonse de Lamartine, dijo que “la casualidad nos da casi siempre lo que nunca se nos hubiera ocurrido pedir”, y de acuerdo con Augusto César Zamora, quien estuvo a cargo de las demandas territoriales de Nicaragua desde 1979, lo que dio lugar al fallo de la Corte Internacional de Justicia, CIJ, del 19 de noviembre de 2012, producto del cual Nicaragua recuperó la plataforma continental y el mar territorial, esta tiene como origen “un hecho casi accidental”.

¿De dónde surge la demanda que da lugar al fallo del 19 de noviembre de 2012?

Como tantas cosas en la historia, el origen está en un hecho casi accidental. Después del triunfo de la revolución, el Frente me manda a trabajar a la cancillería, donde era el Ministerio del Exterior, porque soy experto en relaciones internacionales y derecho internacional, y se consideró que ese cargo era mí.

En la Cancillería y en casi todo el país, todo el mundo quería ser político o militar, las cuestiones legales eran vistas como absolutamente residuales, pero el padre Miguel D’Escoto, en ese entonces canciller, me envió a ordenar un área donde estaban los compromisos internacionales.

Dentro de ese paquete me encontré con la situación de los derechos territoriales de Nicaragua, sobre todo en el Mar Caribe, en el norte con Honduras y hacia el este con Colombia. Me encontré el mapa oficial de la dictadura somocista que terminaba por el este en el meridiano 82 y borraba las islas.

Otro aspecto fortuito de la historia, es que la revolución triunfa en un momento en que estaba en su apogeo la Tercera Conferencia de Naciones Unidas sobre derechos del mar, cuyo propósito era desembocar en un Código del Mar, que al final se firmó en Jamaica en 1982.

¿Por qué se enseñó ese mapa en las escuelas?

Por un mal diseño de la educación en este campo, no tenemos ni idea de la conformación del Estado de Nicaragua. Te lo cuentan un poco así: esto era la Capitanía General de Guatemala, luego nos independizamos y vino la República Federal, nos independizamos y ya está.

Pero el proceso de formación de Nicaragua como Estado fue muy duro. Al independizarse, la Costa Caribe la había ocupado Inglaterra, la única salida al Caribe que tenía Nicaragua era San Juan del Norte.

Para nosotros como país ese hecho fue fundamental. Sin la reincorporación de la Mosquitia hubiéramos tenido ahí un Belice, como que dos y dos son cuatro. No hubiera habido Caribe que pelear.

Al recuperar la Mosquitia podemos plantearle a Colombia la cuestión de las islas, porque ya somos soberanos de la costa. Nicaragua empieza a plantear el litigio y es cuando una expedición nicaragüense ocupa las islas Mangle.

¿Qué pasa en la Conferencia de Derechos del Mar con Colombia, que no firmó?

En esa conferencia conozco a José María Zelaya, que había escrito un libro de los Estados hegemónicos, donde denunciaba toda la situación existente en el Caribe, y me sirvió para conocer una serie de cuestiones y documentaciones que no estaban en Cancillería, porque uno de los problemas en Nicaragua es que aquí no hay archivos.

Fue posible situar a Nicaragua en los grupos y las áreas para defender lo que a Nicaragua le interesaba. Colombia le tuvo miedo al final a la Convención del Mar. Nosotros nos dimos cuenta de que esa Convención venía a favorecer enormemente a países como Nicaragua, y fue aquí, aproximadamente en noviembre (1979), que propongo que Nicaragua emita una ley de salvaguarda de derechos soberanos en sus dos mares, sobre todo mirando al Caribe, para la cual pedí la colaboración del doctor Luis Pasos Argüello. Se llamó Ley de Plataforma Continental y Mar Adyacente.

Con esta Ley se busca poner un monolito legal. Nicaragua reclama 200 millas de Plataforma Continental y Mar Adyacente. La ley fue leída por el doctor Sergio Ramírez y por mí el 15 de diciembre de 1979.

¿Colombia no reaccionó en ese momento?

No, porque era una época de mucha efervescencia, y, por lo tanto, los países estaban sacando leyes y ellos no pensaron. El meridiano 82 está a unas 78 millas de Nicaragua.

En diciembre del 79, le planteo al padre Miguel D’Escoto algo que aprendí en la universidad, en Derecho Penal, y es que la mejor defensa es el ataque. Le dije: “Padre, la dictadura ha dejado a Nicaragua en la peor situación territorial posible, en el norte con el Paralelo 15, pero sobre todo, lo más terrible, el meridiano 82 con Colombia”.

Teníamos que tirarnos contra el tratado en que Nicaragua entregó a Colombia las islas. El tratado había sido nulo e inválido de raíz, por lo tanto no era realmente un tratado.

El razonamiento era: No creo que haya tribunal en el mundo que le quite a Colombia las islas y que se las dé a Nicaragua. Pero obligamos a Colombia a pelear por lo que ya tiene, y un tribunal podría así dividir el área disputada dándole a Colombia las islas que ya tienen y darnos a nosotros el mar y la plataforma continental que no tenemos.

Muchos dijeron que las islas se pelearon por orgullo...

No, se pelearon por inteligencia.

Se preparó la declaración de nulidad y el Libro Blanco que la sustenta. Eso lo hice hasta enero de 1980. Recuerdo, como si fuera ayer, que cuando se declara nulo e inválido el tratado de 1928, el embajador colombiano se levantó como una bala. Ese fue un acto de unidad nacional absoluta.

¿Cuáles fueron los siguientes pasos luego de la declaración y del Libro Blanco?

Una batalla informativa, porque el Libro Blanco se imprimió en español, se hacen traducciones al inglés, al francés, al árabe, y lo distribuimos en Naciones Unidas, en la OEA, en el Movimiento de Países No Alineados, lo enviamos a todas las cancillerías y hacemos una enorme labor de divulgación.

El siguiente paso fue cambiar los mapas. El primer mapa oficial de la revolución, lo contrario al mapa de la dictadura, porque aparecía el Caribe de Nicaragua, se hizo con Ineter en dos mitades.

Eso deja planteado el litigio en la situación que más favorecía a Nicaragua. Una cosa curiosa es que Colombia se creyó en serio la posibilidad de perder San Andrés y Providencia.

¿Se había pensado demandar a Colombia en La Haya o se fueron armando las piezas en el camino?

La demanda estuvo ahí siempre en el horizonte, pero sabíamos que no podía ser en esos momentos porque teníamos muy pocos elementos. Necesitábamos fortalecer jurídicamente más nuestra posición, y necesitábamos --y eso está en un memorándum que yo escribí de diseño de estrategia, que necesitábamos-- crear un consenso centroamericano.

Se hizo un lobby con los países centroamericanos con resultados desastrosos. Ocurrió lo contrario en los meses y en los años siguientes: casi todos se aliaron con Colombia.

¿Qué pensó en el momento en que se está leyendo el fallo y dibujándose el mapa?

Pensé: ¡Dios mío!, si alguien me hubiera dicho a mí a finales de 1979 que aquel disparate mío iba a terminar en esto, no me lo hubiera creído. Realmente, no siempre uno tiene la suerte de ver culminar un esfuerzo de esta magnitud, porque no es solo de Colombia, ganamos lo de Honduras. Modestia aparte, yo derribé el paralelo 15.

Con Honduras, cuando ellos reclamaban el paralelo 15 como línea tradicional, yo agarré un estribillo. Todas y cada de las notas de respuesta sobre el paralelo 15 las acompañaba del siguiente estribillo: “Yo le recuerdo al señor ministro que las fronteras marítimas entre Honduras y Nicaragua no han sido nunca delimitadas”.

En marzo de 1982 recibo de Honduras una nota, donde el Ministro de Asuntos Exteriores por la Ley de Honduras, firma una nota que dice: “Ciertamente que nuestras fronteras no han sido nunca delimitadas, y yo le propongo a usted que fijemos una línea tradicional”, y a confesión de parte, relevo de pruebas. Cuando Honduras invoca la línea tradicional en el juicio con Nicaragua la Corte le restriega esa nota.

Siento que en mi papel como abogado territorialista cumplí con mi parte. La fortuna me puso a mí en el sitio adecuado, en el momento adecuado y con la persona adecuada: el padre Miguel D’Escoto.

Lobby centroamericano desastroso

Augusto César Zamora relató que como parte de la estrategia para llegar a demandar a Colombia ante la Corte Internacional de Justicia se hizo un lobby con los países centroamericanos, pero este resultó “desastroso”, porque casi todos se aliaron con Colombia.

“Nosotros queríamos más que nada el respaldo político y que la controversia con Colombia se presentara como una controversia entre Centroamérica --como heredera de los territorios de la Capitanía General de Guatemala, a la que pertenecían las Islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina-- y Colombia. La situación cambió radicalmente y abandonamos ese escenario cuando verificamos que Honduras, sobre todo, y Costa Rica, habían decidido hacer causa común con Colombia”, explicó Zamora.