Jorge Eduardo Arellano
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Le llaman prepotente y oligarca, le acusan de creerse intocable. Sin embargo, cada día admiramos más la figura del periodista Carlos Fernando Chamorro. La supuesta prepotencia referida por la Fiscal Adjunta Ana Julia Guido es algo que los serviles no logran comprender. Se trata de algo que no se consigue ni con dinero, poder político, tráfico de influencias, ni barriendo el piso por donde pasan violadores, corruptos y acosadores. Eso que no existe en el diccionario de los cínicos se llama dignidad.

Actualmente, ni el Ministerio de Gobernación ni la Fiscalía tienen idea de cuál es el delito de Carlos Fernando Chamorro. Inicialmente, el Ministerio de Gobernación habló de sospecha de “lavado de dinero” frente a un convenio entre una organización con personería jurídica, en este caso el Centro de Investigaciones de la Comunicación, CINCO, del cual Carlos es Director, y el Movimiento Autónomo de Mujeres, MAM, para acceder a un fondo establecido de manera lícita y transparente por gobiernos europeos.

Pero cuando se habla de “sospecha” es donde se evidencia la intensión de imputar un delito. En un inicio, el Ministerio de Gobernación habló de algunas evidencias, pero cuando fueron retados a mostrarlas, no apareció absolutamente nadie con las supuestas pruebas.

Lo más absurdo es que la Fiscalía acepta abrir una investigación sin acusación alguna o cuyo señalamiento (inconcebible) es por “actividades anómalas e irregulares”, como si la Constitución o el Código Penal tipificaran algo tan abstracto.

Este surrealismo no puede concebirse ni en la literatura. Sin embargo, Ana Julia Guido asume que la gente es ignorante para no advertir la creación forzada de un delito inexistente y sin nombre.

En definitiva, es un caso que, como ha dicho el Fiscal General de la República, Julio Centeno Gómez, jamás debió llegar a la Fiscalía, pues no tenía méritos para investigarse.

He ahí las grandes contradicciones del sistema y donde no es necesario ser estudiado para comprender que es una persecución política.

Carlos Fernando Chamorro se ha opuesto a dicha investigación porque sabe que no hay delito, que todo es un acoso por ser crítico, por no ser rehén de Ortega ni servil, como tantos, en el Gobierno actual.

Estas persecuciones del Gobierno contra mujeres nicaragüenses, poetas como el caso de Ernesto Cardenal, cantautores como los hermanos Mejía Godoy, organizaciones que inciden en el desarrollo social de la nación y periodistas como Carlos Fernando Chamorro, sólo provocan repudio absoluto contra Ortega, contra la Fiscalía y contra los distintos Poderes del Estado. También provoca que el pueblo les niegue un voto de confianza y consecuentemente un voto en las urnas electorales.

Los jóvenes estamos conscientes de que nos enfrentamos a un gobierno intolerante, que nos persigue, nos golpea y nos quita el derecho a la participación ciudadana. ¿Votaríamos nosotros en las elecciones municipales para favorecer el proyecto de Daniel Ortega y Rosario Murillo a través de los candidatos del Frente Sandinista? Jamás.

Daniel Ortega y Rosario Murillo deben saber que ellos han alejado a la gente con su actitud prepotente y autoritaria. Y nosotros no estamos dispuestos a ser engañados pues afortunadamente tenemos criterio, opinión, y no nos dejamos manipular ni amedrentar por nadie. De ahí que los jóvenes también seamos una amenaza para gobiernos dictatoriales.

Mucho se ha dicho que los jóvenes carecemos de paradigmas en la sociedad. A mí me produce orgullo decir que Carlos Fernando Chamorro es un paradigma para nosotros, porque no se deja intimidar, porque defiende sus derechos hasta las últimas consecuencias y porque sigue demostrando, tal como su padre, que vale la pena luchar por la libertad de expresión. Libertad humana que ningún gobierno podrá quitarle.


*El autor es poeta.