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Encarnación Mejía, un nativo de 62 años, llegó temprano ayer a un centro de votación en Izalco, 60 kilómetros al oeste de la capital, con la esperanza puesta en que el presidente que resulte electo en el balotaje reconozca por fin a los indígenas sus derechos ancestrales.

De contextura delgada, casi enjuto, el hombre exhibió el dedo pulgar de su mano derecha manchado de tinta, como muestra de que había cumplido con depositar su voto.

No los reconocen

“Yo voté pensando no solo en mí sino en toda la comunidad indígena que hay en el país. Voté esperanzado en que el nuevo gobierno que estamos eligiendo va a reconocer que existimos, que tenemos derechos ancestrales en la Madre Tierra”, dijo a la AFP el veterano indígena.

“Hasta hace poquito”, recordó, no se reconocía la existencia y los derechos de los pueblos indígenas en El Salvador. Lo vino a hacer una reforma a la Constitución que el anterior Congreso aprobó en abril de 2012, pero que la actual legislatura no ha ratificado, por lo que no ha entrado en vigencia.

Izalco es uno de los asentamientos de nativos más representativo del país, y en 1932 también fue uno de los escenarios de un levantamiento indígena durante el régimen militar del general y presidente Maximiliano Hernández Martínez, quien ordenó al ejército reprimir la insurrección a sangre y fuego.

Durante la insurrección, más de 32,000 indígenas fueron asesinados por las fuerzas gubernamentales, aunque organizaciones campesinas estiman que esa cifra de muertos es muy conservadora.