•   Beirut, Líbano  |
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  • EFE

El presidente sirio, Bachar al Asad, camina hacia la reelección en los comicios que se celebran hoy en Siria, tras una hábil jugada para perpetuarse en el poder como hizo su padre, Hafez al Asad.

No se sabe si Al Asad, un oftalmólogo de profesión que cuando accedió al poder parecía un hombre con poco carisma y de talante moderado, es un Maquiavelo que mueve los hilos o la cara visible de un régimen inexpugnable que maneja la situación.

Sea como fuere, Al Asad se ha valido del férreo sistema político construido por su padre, Hafez, del que heredó el cargo tras su muerte el 10 de junio de 2000, para mantenerse en el puesto y ahora intentar extender su mandato.

Su persona mueve pasiones entre los sirios, que lo odian a muerte o lo idolatran, dependiendo de su simpatía o enemistad con el régimen, aunque existe una gran masa que simplemente aspira a vivir en paz.

Frente a la rigidez de sus discursos, en las entrevistas que ha concedido en los últimos tres años el mandatario se ha exhibido siempre relajado, e incluso sonriente, conocedor de la idiosincrasia de la sociedad siria.

"La mayoría de los sirios está en el medio y luego tienes a gente que te apoya y a gente que está en contra, así que la mayoría siempre está en el medio, lo cual no significa que esté en contra", decía en una de esas intervenciones, en las que suele dominar la retórica con gran habilidad.

Pese a defender contra viento y marea que Siria afronta una lucha contra el terrorismo y pese a haber mandado a los tanques contra los manifestantes, ha admitido que el sistema político de su país no es democrático y que son necesarias reformas.

"Hay diferencia entre dictador y dictadura. La dictadura es el sistema y nunca dijimos que fuéramos una democracia, pero nos estamos moviendo hacia las reformas (...) Sobre mi persona, lo que haga debe basarse en la voluntad del pueblo, porque necesitas de legitimidad popular", afirmaba en diciembre de 2011.

Consciente de que su gran baza es la institución castrense, dirigida por oficiales próximos al régimen pertenecientes a la secta alauí -a la que él mismo pertenece-, Al Asad explicaba en otra entrevista que "en Siria hay estabilidad porque el Ejército no está dividido; si lo estuviera, no la habría".

Ha cumplido a rajatabla la hoja de ruta que esbozó en 2011, cuando adelantó que habría elecciones parlamentarias y una nueva Constitución antes de los comicios presidenciales en 2014.

Durante la campaña electoral, ha aumentado sus apariciones en público, en las que se ha mostrado paternalista y protector.