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A Miguel Gómez, de 66 años, le gusta “en puta” Nicaragua. Así lo dice, y justifica la palabrota que en su país evita pronunciar porque los nicaragüenses queremos todo en puta. O sea, insiste: “Me gusta mucho tu país”. Nació en Monagas, en el oriente del país sudamericano, cerca de la franja petrolera del Orinoco, donde está la mayor reserva petrolera del mundo.

Tiene seis años de vivir en el país y con frecuencia sale en los medios de comunicación, pues su paso por la embajada venezolana ha sido agitada: su presidente lo ha visitado tres veces en menos de un año y ha hecho un sinfín de promesas por las que él constantemente responde.

Su oficina huele a chavismo. Chávez en un retrato frontal con el rostro maquillado y sonriente, Bolívar erguido en otra fotografía, y en la mesa una pila de libros: “Patria, socialismo o muerte”, se lee en la carátula.

Gómez es de hablar rápido, pega las palabras cuando conversa y a veces es difícil entenderle. Igual que Chávez, defiende con firmeza el revés que hace una semana sufrió el gobierno cuando el 50.70% de los venezolanos que participaron en el referéndum sobre las reformas constitucionales que promovió Chávez, le dijo No. Un 49.29% apoyó a Chávez.

La reforma pretendía el cambio de 69 artículos de la Constitución. Contemplaba, entre otras cosas, la reelección presidencial indefinida, ampliaba de seis a siete el período presidencial, reducía a seis horas la jornada laboral y creaba un sistema de seguridad social para los trabajadores informales y autónomos.

Según Gómez, la derrota se debió a un simple asunto de mercadeo. “No pudimos hacer que la gente asimilara la propuesta”, dice sin bajar la guardia. Con ese No parte del socialismo del siglo XXI que Chávez vende, por el momento quedará paralizado. Para mientras, “hay que reflexionar”, dice Gómez.

¿Qué significa la victoria del No para el gobierno venezolano?

Nos sorprendió mucho el triunfo del No. Yo diría que más que el triunfo del No, fue la pérdida del Sí. En Venezuela éste es el onceavo acto electoral. Habían concurrido diez eventos y los había ganado el Presidente, entre ellos tres referéndum. De manera que hasta por inercia se pensaba que el Presidente iba a ganar. Sobrestimamos nuestra capacidad y nuestra fuerza.

Nos descuidamos al hacer el trabajo. La propuesta sustancial para convertir a Venezuela por la vía constitucional en un estado socialista, para producir grandes cambios en la estructura social, política y económica de Venezuela, no fue asimilada bien por la población. Coincido con el presidente Chávez en que ésta fue una propuesta a destiempo, anticipada.

Si analizas los resultados del referéndum, el No obtuvo apenas 120 mil votos más que los obtenidos en las elecciones de 2006, cuando se eligió al presidente de la República y hubo un incremento de casi tres millones de electores, de manera que el aumento de esa cantidad de votos es nada prácticamente. El Sí, en cambio, perdió tres millones de votos.

Esa pérdida de votos se debió a que nosotros no logramos hacer una campaña comunicacional que llevase la propuesta a la gente. La gente no tuvo tiempo de digerir la propuesta de fondo para transformar la realidad venezolana.

La gente asimiló la parte negativa de la oposición, que íbamos a quitar la patria potestad de los padres a los hijos, que íbamos a confiscar. El miedo de la gente a perder algo influyó.

¿Fue un asunto de mercadeo, no supieron vender bien la propuesta entonces?
Por supuesto. La gente no conocía a profundidad la propuesta.

E indefinida.
No es indefinida porque tiene fin, cuando el candidato se muera, tiene fin, cuando el candidato desista, tiene fin. Es continua, no indefinida. Cualquier persona, no sólo Chávez, cualquier venezolano podría postularse. No es exclusiva para Chávez.

En Venezuela se creó la idea de que era para perpetuarse en el gobierno. Si la gente no quiere reelegirte, no te reeliges. Pero además, Venezuela tiene un remedio contra eso: la Constitución del 99, que actualmente la oposición está tratando de tomar para sí, como bandera de ellos, esa Constitución tiene elementos muy importantes.

El presidente Chávez decía que va a haber otro momento para hacer las reformas, ¿cuándo será ese momento?
En esa Constitución existe el freno o el remedio para evitar que alguien se perpetúe en el poder. Tenemos la figura del referéndum revocatorio, que en un momento la oposición la promovió y el presidente salió victorioso.

¿Aceptan entonces que les faltó habilidad para ganar esta batalla?
Yo diría que uno de los factores principales de la derrota fue la sobrestimación de nuestras propias fuerzas. No recurrimos a los grandes movimientos de masas. Esa fue una falla importante.

Pero si Chávez tiene tanto apoyo ¿por qué el denominado chavismo no fue a las urnas a apoyarlo?
Fue mucho el factor comunicativo de la oposición de presentar la reforma como negativa. Eso inhibió a mucha gente de ir a votar.

¿Es el principio del fin de Hugo Chávez?
En absoluto. Viendo resultados, la oposición apenas creció en cien mil y pico. Su crecimiento es prácticamente cero, incluso, desde el punto de vista técnico, estadístico, hay un empate técnico, la diferencia es de décimas.

No fue una derrota total del chavismo, porque yo estoy seguro que si en Venezuela se hace una consulta sobre otro tema en este momento, yo estoy seguro de que el presidente Chávez ganaría las elecciones. Si en dos semanas se hace una elección presidencial, el presidente Chávez arrasaría.

Nosotros estamos llamando a una reflexión a nuestra gente, porque es necesario tomar medidas de corrección frente a eso. A principios de año debe haber un tipo de reunión importante de todos los partidarios, una especie de asamblea nacional donde se reúnan los sectores representativos y hablar sobre esa derrota que tuvimos y los planes que debemos hacer para corregir en el futuro.

Ayer el presidente calificaba la victoria de la oposición como “una victoria de mierda”, y la derrota, para él, era de coraje, ¿qué lectura se le da a esto?
Es que hay que tener bastante coraje para aceptar la derrota. Ya imagino que la victoria hubiese sido del Sí, ¡qué hubiese pasado en Venezuela! Seguramente la oposición hubiese desconocido los resultados inmediatamente. Los medios internacionales de comunicación que la han apoyado hubieran dicho que fue un fraude, que habría que dar un golpe de Estado.

Si fuera cierto que en Venezuela no hay separación de poderes, que el Consejo Nacional Electoral es un apéndice del Presidente, nunca el Consejo Nacional hubiese reconocido el triunfo del No. Es un acto de coraje porque tuvo valentía de reconocer que habíamos perdido y demostró que es un hombre de talante democrático. En cambio, la victoria fue muy pequeña.

Antes del referéndum, Chávez decía que probablemente para 2020 habrá alguien que podrá sucederlo. ¿Cuál es la percepción que hay dentro del mismo gobierno? ¿Quién puede reemplazarlo?
Toda persona puede ser reemplazada, aunque sea la más carismática del mundo. En este momento el presidente Chávez tiene un liderazgo que no tiene parangón, ni con la oposición ni dentro de las filas del partido. Estoy seguro que no quiere perpetuarse.

El presidente Chávez sabe que a su debido tiempo tendrá que buscar figuras para continuar trabajando por ese proyecto, que es de un colectivo muy grande, no de una sola persona. El socialismo del siglo XXI que queremos construir es con base en un movimiento de masas, no son liderazgos mesiánicos, es con base en liderazgos colectivos.

¿Qué impacto puede tener el triunfo del No en el liderazgo de Daniel Ortega?
El presidente Ortega es un líder histórico muy importante. Construyó un liderazgo muy importante que si bien es cierto se limitó en un momento electoral a un 38%, no tiene por qué ser deslegitimado. Para que sea un liderazgo legítimo no tiene por qué ser del 50% o más. Muchos presidentes en países importantes como los Estados Unidos han sido electos con el 18% y con menos. En Colombia, durante más de 40 años se ganaban las elecciones con el 13 ó 14% de los votos, y nadie discutía su legitimidad. El presidente Ortega ha hecho muchos avances desde el punto de vista de su formación como líder político. Está aprendiendo muchísimo.

Creo que la fuerza del presidente Ortega es de más del 38%. Me atrevería a opinar que el presidente Ortega tiene un nivel de credibilidad mayor que el que tenía cuando ganó las elecciones el año pasado.

La percepción de la gente es todo lo contrario.
No, no creo. Usualmente los gobernantes tienden a desgastarse en el poder.

¿Cree que lo que sucedió en Venezuela pueda ser un modelo a imitar por la oposición en países como Nicaragua?
En política es difícil copiar esos ejemplos. La unión de las fuerzas políticas a veces no se da porque la gente quiera unirse. Depende del propio devenir y de la dinámica de las fuerzas políticas. En Nicaragua las fuerzas de oposición son numerosas, son fuerzas que unidas pueden representar un riesgo para el próximo período electoral, pero tampoco se puede descartar que haya un crecimiento del Frente Sandinista, que pueden haber fuerzas que se alíen al Frente Sandinista y ser factores de convergencia, tal como ha venido sucediendo con los acuerdos con Yatama, con sectores de la Contra y otros.

En Venezuela fue determinante la participación de los movimientos estudiantiles, ¿cree que pueda existir la posibilidad de que en Nicaragua ocurra lo mismo?
En toda América Latina el movimiento estudiantil ha sido una vanguardia. En Venezuela los movimientos estudiantiles han sido revolucionarios, estuvieron siempre a la cabeza.

En este movimiento estudiantil la incidencia de la izquierda es muy leve. Lamentablemente lo hemos descuidado y es una fuerza vital. Yo diría que no hay un movimiento estudiantil porque no tienen la misma magnitud ni la misma fuerza, pero obviamente que la oposición supo manejar el concepto de la lucha de los estudiantes porque sabía de la fortaleza que le podían imprimir a esta lucha. Si bien la presencia del movimiento estudiantil fue notoria, yo no creo que haya sido tan masiva. Eran estudiantes de universidades privadas, lo que no los descalifica, pero no son de masas.

Pero aunque no sea de masas, como usted asegura, ni de universidades estatales, ¿no le parece peligroso tener a los estudiantes en contra?
Así es. No podemos tenerlos en contra, no tenemos una fuerza estudiantil de la izquierda para contrarrestar esta avanzada de estudiantes que apareció frente a la lucha de la oposición.

¿Por qué no hay incidencia en los estudiantes estatales si se supone que el gobierno ha dado mayores oportunidades a los universitarios?
Parece una contradicción, pero no tenemos organizaciones, los tenemos dispersos en todo el país. No hay un movimiento estudiantil cohesionado. Debemos volver la mirada a los liceos, a las universidades.