• Managua, Nicaragua |
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  • AFP

Los orteguistas mantenían ocupadas este jueves las calles de la capital de Nicaragua, donde una aparente normalidad ocultaba la tensión entre dos bandos que parecen irreconciliables en este país, luego de las cuestionadas elecciones municipales del 9 de noviembre.

Piquetes de partidarios del gobierno izquierdista de Daniel Ortega ocupan desde antes de las elecciones las rotondas que hay en Managua, donde alzan pancartas con consignas en favor de la paz, con música de salsa y otros ritmos tropicales, ante la mirada de automovilistas y peatones.

Desde hace 11 días, en las rotondas y otros puntos de la ciudad se han registrado hechos de violencia entre sandinistas y seguidores de la oposición liberal, con saldo de decenas de heridos, en acciones en las que ambos bandos se culpan mutuamente.

"El amor es más fuerte que el odio", dice una pancarta instalada por los seguidores de Ortega en la rotonda Simón Bolívar, frente al centro comercial Plaza Inter, cerca de donde se encontraba el antiguo búnker del dictador Anastasio Somoza, derrocado por la guerrilla sandinista en 1979.

Una veintena de manifestantes mantiene la presencia del sandinismo en cada rotonda --día y noche-- en una "oración contra el odio" que sirve, en la práctica, para disuadir a quienes quieren protestar por los resultados de los comicios, ganados oficialmente por el sandinismo, pero que la oposición exige anular alegando que hubo supuestamente fraude.

La presencia de militantes sandinistas en la vía pública contrasta con la actitud asumida por Ortega, a quien la oposición reprocha que no ha dado la cara para responder las acusaciones de que su gobierno cometió un gran fraude en el recuento de las actas electorales.

La capital amanece tranquila por las mañanas, pero en las tardes suelen actuar grupos de choque sandinistas ante la pasividad de la Policía, criticada por hacerse de la vista gorda cuando los seguidores del gobierno, que oran en favor de la paz, arrojan pedradas y proyectiles de morteros artesanales a sus rivales.

Por las tardes, el número de "oradores" de las rotondas se incrementa con funcionarios públicos, supuestamente presionados por sus superiores para que salgan a la calle a manifestar su apoyo al gobierno.

Hasta que estalla la violencia, la ciudad hace su vida normal cada día: el reconstruido Mercado Oriental (semidestruido por un incendio este año) ofrece vegetales y todo tipo de artículos a los clientes, y cambiadores informales de dólares compran y venden divisas frente al centro comercial Plaza España.

Este jueves, un puñado de trabajadores públicos instalaba en la Plaza de la Revolución, en pleno centro histórico de la capital, un árbol de Navidad de 52 metros de altura, con más de un millar de luces, que estará encendido desde los próximos días de diciembre hasta después de la festividad del Día de Reyes, el 6 de enero.

"Tiene que estar listo mañana para que hagan las pruebas de encendido el fin de semana", explicó a la AFP Ricardo Urrutia, funcionario de la empresa pública de transmisión eléctrica Enatrel.

Pero pocos nicaragüenses están preocupados de la Navidad y por comprar regalos por ahora, pues la crisis política postelectoral acapara la atención de los medios, de los ciudadanos comunes y hasta de los religiosos.

"Cómo se atreven a decir que son pacíficos, después de lo que han hecho", comentó --sobre los grupos de choque sandinistas-- una monja de hábitos blancos que conversaba con una muchacha cerca de la nueva Catedral de Managua.