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Un plato quedó vacío en la mesa del desayuno dispuesto para el encuentro entre la disidencia cubana y Roberta Jacobson, la jefa de la delegación estadounidense que inició esta semana el diálogo para la normalización de relaciones con Cuba.

La ausencia de Berta Soler, la líder de las Damas de Blanco, es la imagen más gráfica de la división que la noticia del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los históricos enemigos ha provocado entre los cubanos que llevan años tratando de hacer oír su voz disidente en la isla.

El Gobierno estadounidense había invitado a ocho opositores a compartir un encuentro con la funcionaria norteamericana de más alto rango que visita Cuba en más de 30 años, para cerrar su última jornada de trabajo antes de partir a Washington.

Era una “oportunidad de discutir sus perspectivas, escuchar bien sus discrepancias, a veces, o su apoyo a la nueva política”, explicó posteriormente Jacobson. “Es muy importante escuchar sus perspectivas y ver cómo podemos ayudar en el futuro”.

Interés de EE.UU.

Así lo entendieron activistas como Miriam Leiva, que apoya los cambios, o Antonio Rodiles, del proyecto Estado de Sats y que como Soler es muy crítico con la forma en que se han realizado. Ambos, al igual que Elizardo Sánchez, de la Comisión Cubana para los Derechos Humanos y la Reconciliación Nacional, Guillermo Fariñas y los exprisioneros políticos del Grupo de los 75 Héctor Maseda, Martha Beatriz Roque y José Daniel Ferrer aceptaron acudir al encuentro, en el que cada cual expresó sus puntos de vista, según Leiva.

“Jacobson mostró el interés del Gobierno norteamericano en mostrar el apoyo a la oposición cubana, a la disidencia, al respeto de los derechos humanos en Cuba, al deseo de que progrese el pueblo cubano”, explicó la fundadora de las Damas de Blanco, aunque hace años que se desvinculó del grupo que ahora lidera Soler. La diplomática estadounidense estuvo “muy abierta a escuchar”, aseveró.

Soler, sin embargo, mantiene otra visión. Su decisión de no asistir al encuentro responde, explicó posteriormente, a su deseo de dejar patente su incomodidad con lo que considera una presencia “desbalanceada” de las opiniones sobre el proceso iniciado el mes pasado entre Washington y La Habana, algo que asegura ya había indicado a las autoridades norteamericanas, sin éxito.

Niega fractura

“Es muy importante en estas conversaciones, contactos, que exista un balance”, insistió, aunque negó enfáticamente que esta acción constituya una fractura de la oposición en la isla.

En un encuentro posterior para grabar uno de los debates críticos que luego sube a la web en su proyecto “Estado de Sats”, Rodiles y Fariñas anunciaron que, a pesar de haber acudido al encuentro matutino con Jacobson, no asistirían a la recepción organizada en horas de la tarde en el mismo lugar, la residencia del jefe de la Sección de Intereses, en “solidaridad” con el gesto de Soler.