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Pasaban las nueve de la noche de un día de marzo de 2004 cuando Arnoldo Alemán empacó diez maletas para irse a la Cárcel Modelo. Poco después regresó a su casa. Luego se fue al hospital. Más tarde volvió a la casa. Un día de tantos fue a León a escuchar misa, y jamás paró su periplo, a pesar de que padecía de estrés y obesidad y hasta de problemas cardíacos.

A los 63 años dice que conoció la libertad, aunque este hombre, ex reo, ex presidente y ex diputado, siempre ha estado libre. Pero hay alguien que no lo cree completamente. “Nunca Daniel Ortega hará semejante concesión sin tener certeza de que lo tiene agarrado por otro lado”, comenta Dora María Téllez, una de las tantas que aún califica de ladrón a Alemán.

Arnoldo Alemán fue condenado a 20 años de prisión el siete de diciembre de 2003 por varios delitos, entre ellos fraude al Estado, malversación de caudales públicos y lavado de dinero.

Este reo, sin embargo, tenía demasiado poder para ser un reo común; demasiadas enfermedades para estar en una cárcel; demasiados diputados en el Parlamento, magistrados en la Corte Suprema de Justicia, y una carta bajo la manga: actuar ante el primer tropezón de Daniel Ortega, a quien muchos consideraban como su carcelero.

“Él (Alemán) encontró en Daniel (Ortega) una pareja perfecta para sus amarres. El sobreseimiento definitivo siempre estuvo en la agenda de negociación, pero Daniel no estaba dispuesto a pagar el precio, y ahora lo pagó porque quiere echar tierra al tema del fraude”, prosigue Téllez.

El mismo día que se firmó la sentencia que “liberó” a Alemán, los diputados liberales en el Parlamento votaron junto a los del FSLN para elegir la Junta Directiva. Esto en momentos en que la oposición impulsa una ley para anular las elecciones municipales, consideradas fraudulentas.

Éste es el inicio
El siete de diciembre de 2003 Arnoldo Alemán no pudo celebrar la Purísima. Ese día la jueza Juana Méndez lo condenó. Antes, había mandado a recluirlo en la Dirección de Investigaciones Criminales de la Policía Nacional. Desde entonces, Nicaragua supo que además de dicharachero y a veces grosero, el ex mandatario tenía más enfermedades que las que se atienden en un hospital.

Luego de la condena logró, sin embargo, quedarse en su casa-hacienda El Chile. Hasta que esa noche del 19 de marzo de 2004, aciaga para la familia de Alemán y típicamente fría, se lo llevaron a La Modelo con sus buenos “piñazos” adentro, pues celebraba su onomástico, día de San José.

Aquel día todo era ofuscación y gritos, pero la jueza Juana Méndez no se inmutaba. Estaba en el lugar con todo y chaleco antibalas para llevarse al ex presidente acusado de corrupción.

“Nunca vas a llegar a ser magistrada. Daniel Ortega fue el que te dio la orden. Ahí murió tu carrera”, le gritaba María Fernanda Flores, esposa de Alemán, a Méndez. Flores quedó ronca de tanto gritar. También ofendió y empujó para evitar que se le llevasen al marido.

Esa noche, Flores también se equivocó, Méndez es magistrada, pero antes de serlo otras cosas ocurrieron.

El más enfermo de los enfermos
Abril de 2004. El Instituto de Medicina Legal emite un dictamen. A Alemán le sobran las enfermedades. El doctor Hugo Argüello, Director General del Instituto de Medicina Legal, explica que, aunque no está en riesgo la vida del reo, su salud puede recaer peligrosamente y necesitaría atención oportuna.

Por su problema en la cadera precisaba terapia tres veces por semana, pero también padece -–o padecía-- de estrés, de enfermedades cardiovasculares crónicas, gastritis y escoliosis lumbar. Dos meses después, Alemán se opera un dedo y permanece en el hospital por más de cinco meses.

En agosto de ese año le conceden el beneficio de realizar una fiesta en el hospital. Entonces, una de sus hijas se bautizó y los familiares se reunieron en el lugar.

Managua por cárcel
En julio de 2005 la juez Primero de Ejecución de Sentencia y Vigilancia Penitenciaria, Roxana Zapata López -–esposa del magistrado Sergio Cuarezma, quien leyó la sentencia que absolvió a Alemán-- le concedió el departamento de Managua por cárcel a Alemán Lacayo.

Dos años después Alemán subió a su lujosa camioneta. Su régimen de convivencia familiar se extendía a toda Nicaragua. “Unámonos y limemos asperezas”, exhortó triunfante Alemán, quien desde 2004 presentó un recurso de apelación que dormía el sueño de los justos en la Corte Suprema de Justicia, CSJ. Un día después se fue a agradecerle a Dios en León.

Pocos días después la Asamblea Nacional eligió a magistrados de la CSJ y al fiscal de la República. Una de las magistradas era Juana Méndez.

La mañana del viernes 16 de este mes, Méndez, magistrada de la Sala Penal de la CSJ, se inhibió de conocer la sentencia que liberó a Alemán. Su suplente, Ligia Molina, está fuera del país, entonces el magistrado liberal Iván Escobar Fornos asumió. Así fue que los liberales firmaron la libertad del ex reo.

Para Dora María Téllez aún queda algo: “Un punto que Alemán y Daniel amarraron y que no está a la vista”.