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Bien pudo reventar. No lo hizo cuando más de un centenar de pobladores abarrotaron el auditorio de la Alcaldía de Tipitapa en la segunda sesión del Concejo, donde el Frente Sandinista logró absorber a dos concejales liberales que le permitieron el control absoluto de las comisiones y elegir como secretario del concejo al cuestionado concejal Leopoldo Bello.

Los concejales Álvaro Guadamuz y Aura Lila González, del Partido Liberal Constitucionalista, PLC, en una sola masa con concejales orteguistas excluyeron de las comisiones a tres concejales de la Bancada “Vamos con Eduardo”.


Concejal con pasado no muy claro
Adicionalmente los liberales respaldaron la designación de Bello como secretario del Concejo. Bello es señalado de tráfico de influencias en 2007, cuando fungía como concejal. En ese entonces se emitieron cheques por la suma de 200 mil córdobas a nombre de Nidia Flores, en concepto de gastos de imprenta. Pero luego ella misma reveló que habían usado su nombre y que en realidad quien se beneficiaba era el papá de Leopoldo Bello.

La Contraloría General de la República, CGR, no ha emitido ninguna resolución respecto a esas denuncias.

A mediados de la sesión, la bancada eduardista se opuso a que el FSLN tuviera el control de la comisión de Transporte al señalar la necesidad de que haya transparencia en la emisión de concesiones. Al final la comisión fue conformada por dos miembros del PLC y tres del FSLN. Ninguna propuesta de los opositores fue aceptada, excepto darle mayores funciones a la vicealcaldesa.


El caldo de violencia
La gente apretujada estaba atenta hasta la más mínima expresión de los concejales y tanto quienes apoyaban al alcalde como a los concejales eduardistas, comenzaron a responderse mutuamente y apoyar a los concejales de su preferencia. Al final de la sesión ciudadanos señalaron a Bello de irregularidades en el uso de fondos para la organización de las fiestas patronales, así como de conductas indebidas.

Pero la trifulca estalló cuando simpatizantes del FSLN intentaron linchar a un liberal a quien supuestamente oyeron decir que mataría al alcalde, finalmente éste dio la mano al edil que intentó calmar a la gente, pero ambos debieron ser custodiados por los guardas de seguridad y algunos oficiales de la Policía Nacional para salir del recinto.