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Hasta hace una semana, el Partido Liberal Independiente (PLI) era sólo una casilla. Una personalidad jurídica. Un número: el 13. Hoy se habla de una renovación profunda, que podría desembocar en el verdadero cauce donde la oposición tome fuerza, ¿lo lograrán?
El diputado Indalecio Rodríguez es el presidente de esta organización, y en sus palabras hay un triunfalismo evidente. Según él, “ésta es la oportunidad para que Nicaragua encuentre una opción que represente la ética y la honestidad”.

La oportunidad de la que habla el legislador surgió a finales de enero, cuando el dirigente liberal Eduardo Montealegre puso punto final a los acuerdos con el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y emprendió la retirada.

Montealegre pretende refundar el PLI y convertir a sus bases, aquellas que en un principio fueron PLC, luego se convirtieron en Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), y más tarde en Movimiento Vamos con Eduardo, en un partido con marcada preponderancia.

El PLI es un nombre de peso. “La importancia de este partido es que fue formado por personalidades de la época que demostraron divergencias con las ansias reeleccionistas de Anastasio Somoza García”, explica el columnista Onofre Guevara.

Son las aspiraciones de reelección del actual mandatario, Daniel Ortega, las que pretenden atacar desde el PLI.

Su época de esplendor

El Partido Liberal Independiente nace en abril de 1944 tras romper con el somocismo por el tema de la reelección --a la cual se oponían--, hecho que le hizo acumular un capital político envidiable, a extremos que la oposición oficial cuyo monopolio lo tenía el Partido Conservador tuvo que llevar un candidato liberal independiente para enfrentarse a Somoza García.

1947 es el año que marcó al PLI. Tres años antes, el dictador Anastasio Somoza García exteriorizo sus deseos de perpetuarse en el poder. Estaba en el poder desde 1937, y justo en 1947 se acababa su período como gobernante.

Ante tal confesión, personalidades del liberalismo se organizaron, formando así el PLI, una organización política sin personalidad jurídica que, poco tiempo después, se alió con el Partido Conservador. De ese acuerdo político resultó la candidatura de Enoc Aguado.

Una foto de Aguado --maltratada por el tiempo-- cuelga de lo más alto de una pared en la casa del PLI en Managua. Este liberal fue quien impregnó vida a la organización política antisomocista.

En las elecciones de 1947, Aguado se enfrenta ante el candidato somocista Leonardo Argüello Barreto, en lo que constituyó, según la historia, el fraude electoral más grande conocido en la vida republicana de Nicaragua. Entonces, la Guardia Nacional contó los votos de las Juntas Receptoras de Votos. Según Onofre Guevara, ese fraude sólo puede ser comparado con el del 9 de noviembre de 2008, ahora con Daniel Ortega en el poder.

“Los PLI captaron simpatía de amplios sectores populares y aportaron el primer mártir civil, el estudiante Uriel Sotomayor”, prosigue Onofre Guevara, quien entonces era miembro del Partido Socialista.

Nuevas alianzas

Ese capital político que el PLI logró en las elecciones de 1947 empezó a aminorarse cuando el Partido Conservador pactó con Somoza García, pero a partir de 1954, cuando se trunca el Pacto de los Generales, este partido forma una alianza con el PC, el Partido de Renovación Nacional y la Unión Nacional de Acción Popular que se llamó “Frente Defensor de la República”.

Algunos miembros del PLI habían logrado notoriedad por su participación en acciones armadas en El Chaparral y en Olama y Mollejones.

“El PLI nace como una organización política de centro derecha que con el correr del tiempo fue evolucionando hacia posiciones de centro izquierda y progresistas. Al final de la lucha contra la dictadura mantuvo relaciones informales con las distintas tendencias del Frente Sandinista”, explica el sociólogo Oscar René Vargas en su libro sobre los partidos políticos.

Onofre Guevara, por su parte, considera que el PLI nació “como una expresión liberal anti-reeleccionista que captó opiniones favorables, a diferencia del Partido Conservador”.

Y es que al finalizar la década de los 70, el PLI forma parte de la Union Nacional Opositora y participa en las elecciones presidenciales de 1967 contra el tercero de la dinastía somocista, logrando entonces tener representación en el Parlamento con un senador.

Por la lucha armada

“En mayo de 1978, en la Asamblea Nacional del PLI en la ciudad de Masaya, ese partido declaró oficialmente que el único camino viable para lograr el derrocamiento de la dictadura somocista era la lucha armada, y reconocía como vanguardia de esa lucha al FSLN”, registra Vargas en su libro.

Entonces el PLI era dirigido por el catedrático universitario Virgilio Godoy Reyes, uno de los vestigios que aún perdura de esta organización política que, muchos años después, pretende renacer entre un clima político polarizado.

El PLI de hoy

El rótulo rojo carcomido por el sol que pende de la Casa Nacional del PLI muestra la vejez de este partido y la poca preponderancia que tiene en la vida política. El sitio está ubicado en las inmediaciones del Mercado Oriental, y adentro, en una antesala improvisada, están colgadas las fotografías de los ilustres que alguna vez pertenecieron al PLI.

Ahí están Rigoberto López Pérez, Enoc Aguado, Alejo Icaza, Humberto Alvarado, Buenaventura Selva y Rodolfo Robelo, entre otros. Dentro, en una oficina donde abundan los recuerdos, más fotografías y artefactos antiguos, está Virgilio Godoy. Golpeado ya por los años, Godoy es actualmente lo único que identifica al PLI.

El señor habla muy poco, pues le aqueja una enfermedad, pero mientras busca papeles logra decir frases cortas, pero contundentes: “Esperamos que esto fortalezca la unidad liberal y al PLI”.

Esto a lo que se refiere es al nuevo acuerdo al que llegaron con Eduardo Montealegre. “Nosotros hemos sido una alternativa pese a la falta de recursos, y creemos que Montealegre logrará un posicionamiento mucho más convincente”, prosigue Godoy.

Godoy fue Vicepresidente de la República durante la Administración de Violeta Barrios, en la coalición que derrotó al sandinismo en las elecciones de 1990. Ese rol que jugó, sin embargo, a juicio de Guevara, “los acabó de liquidar”. “Ni el mismo Godoy tenía oficina, estaba en decadencia”, recuerda.

Desde la fecha, esta organización política ha sido sólo de nombre. Las bases, al parecer, están ocultas. Cuando su presidente Indalecio Rodríguez habla al respecto, cambia el tono: “Eso de que no tenemos bases es un mito”, asegura.

Y a continuación hace una aseveración que puede morir en el camino: “Después del Frente (Sandinista) somos el partido que tiene la personalidad jurídica más sólida, tenemos directivos en los 153 municipios, lo no que tenemos son recursos para manifestaciones multitudinarias”.

“Hemos sido un partido de cuadros”, dice Rodríguez, al tiempo que saca un vetusto documento donde supuestamente están constituidas las juntas directivas del PLI en toda Nicaragua.

En mayo está prevista la realización de la convención para ratificar a los miembros de las actuales estructuras nacionales, departamentales y municipales, tomando en cuenta que habrá cambios por la unión de los miembros del Movimiento Vamos con Eduardo.

Sobre los hombros de Montealegre

“Primero nos tocó sufrir persecución de los Somoza, luego del FSLN, y después el acoso de Antonio Lacayo”, recuerda Indalecio Rodríguez. Durante el primer gobierno sandinista el PLI se integró en un inicio al gabinete, pero luego expresaron posiciones diferentes, propugnaban por la separación del Ejército, y el partido y se inclinaban más a una economía mixta.

Esas diferencias llevaron al PLI a unirse a la Unión Nacional Opositora (UNO), que encabezaron Violeta Barrios y Virgilio Godoy.

La meta que pretende lograr ahora el PLI --en el ocaso de su vida-- es incrementar el número de afiliados y ser la oposición “demócrata que ha desaparecido”, explicó Indalecio Rodríguez.

Onofre Guevara no ve disparatado el propósito que persiguen el PLI y el Movimiento que dirige Montealegre. “Las posibilidades (de que se conviertan en una fuerza) están latentes. Todavía hay condiciones porque hay efervescencia popular dispersa, y hace falta un partido aglutinador”.

Eduardo Montealegre es quien se supone encabezaría la reforma del PLI, que en las elecciones municipales pasadas participó junto al PLC, y que ahora pretende tomar distancia de este partido.

Uno de los acuerdos que firmaron conjuntamente el PLC, el Movimiento Vamos con Eduardo y el PLI, fue que de no lograrse la unidad en las municipales, en las próximas elecciones nacionales utilizarían la casilla 13.

PLC preocupado

Algunos miembros del PLC han expresado su desacuerdo por la división de lo que ellos llaman “fuerzas democráticas”, pues aunque ocasionalmente colaboran con el partido de Gobierno, insisten que los liberales deben unirse.

“Lamento que haya tomado esa decisión, pone en desventaja al partido ante el Frente Sandinista, el liberalismo se debilita y le da más fuerza al proyecto del gobierno”, expresó en días recientes Ramón González, jefe de la bancada del PLC en el Parlamento.

“Esta integración que estamos haciendo al Partido Liberal Independiente nos da tres cosas a los nicaragüenses: un partido, un liberalismo e independencia, y esas son las tres razones”, explicó Montealegre.

A juicio de Montealegre, diputado y ex candidato presidencial y a la alcaldía de Managua, “éste era el momento de integrarse al PLI, porque desde ese partido comenzarán una lucha que los llevará a conformar una gran coalición democrática”.