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Tuvo la sangre fría de saludarlo antes de disparar. “Don Carlos”, le dijo. La víctima, tratando de reconocer en el hombre de aspecto ruinoso a algún admirador de su programa, algún seguidor político o quizás a un pordiosero en busca de ayuda, le regresó el saludo asombrado: “¿Ajá, hombré?” Y sonaron los balazos.

El hombre que saludó a Carlos José Guadamuz Portillo no era su admirador, ni simpatizante político, tampoco un pordiosero. Se llamaba William Augusto Hurtado García y era su asesino.

Aquel mediodía del diez de febrero de 2004 disparó tres veces contra el otrora exitoso director de la voz oficial del Frente Sandinista (FSLN) y lo dejó moribundo en un charco de sangre frente al parqueo del Canal 23, en la Colonia Centroamérica, donde fue atrapado cuando intentaba huir.

Experto en violencia

Luego se descubrió quién era realmente: un veterano guerrillero y ex agente de la Seguridad del Estado hasta 1987, cuando cayó preso por intentar estafar al Estado. Tras salir de la cárcel en 1990, fue miembro de varios escuadrones de secuestros políticos, dinamiteros de templos y últimamente, comando electoral del FSLN en las elecciones de 2001.

En 2004 fue sentenciado por asesinato e intento de homicidio a 21 años y seis meses de prisión por el crimen.

Carlos Guadamuz, su víctima, no era tampoco un blanco común. Si bien a sus 59 años era un hombre venido a menos políticamente, solitario y con dificultades financieras, Guadamuz seguía hiriendo la dermis de la cúpula sandinista, a la que llegó a conocer a fondo y de la cual publicaba a diario sin piedad sus intimidades más escabrosas en su programa Dardos al Centro.

Había gozado de la confianza de Ortega y estuvo al frente de la Voz de Nicaragua y Radio Ya, emisoras oficiales del FSLN, entre 1980 y 1999, hasta que el afán político de buscar la candidatura de la Alcaldía de Managua en 1996, aun sin el respaldo de su organización, lo llevó a contrariar a su partido. Le quitaron la radio, lo echaron del partido y lo humillaron.

Recordando al padre

A cinco años del crimen, su familia no olvida el asunto, pero más que con dolor, ahora se le recuerda con cariño.

“No queremos que se politice el caso, no somos rencorosos ni vivimos atados al dolor, nos hace mucha falta mi padre, pero preferimos recordarlo como el gran padre y amigo que fue, y no como el político que quiso ser”, dice su hija Adilia Guadamuz.

“Cada año para nosotros es duro ver las mismas imágenes dolorosas de su muerte, oír los comentarios políticos, y siempre nos duele ver todo eso. Nosotros somos una familia cristiana y vivimos sin odio, por eso preferiríamos recordar al padre, al amigo y no al político”, dice ella, quien tenía 22 años cuando su padre fue asesinado.

“Nadie recuerda que mi padre dejó dos hijos menores, Fidel y Daniel (de nueve y 12 años, respectivamente, en aquella fecha) y que desde la Voz de Nicaragua y la Radio Ya ayudó a mucha gente pobre y le dio voz a los barrios más marginales”, exclama Adilia, quien pide esta vez, con la palabra por favor adelante, que no repitan la misma fotografía de su padre muerto en el piso.

El criminal anda libre

Hurtado logró salir libre el año pasado, con el regreso de su partido al poder, mediante una serie de eventos jurídicos elucubrados entre el Ministerio de Gobernación, el Poder Judicial y el Instituto de Medicina Legal, que determinaron su libertad para ser tratado fuera de condiciones carcelarias.

La ministra de Gobernación, Ana Isabel Morales, explicó que todo obedecía a “razones eminentemente médicas” y “motivos humanitarios”, porque el sentenciado Hurtado tenía “todas las condiciones en régimen carcelario para que se complique y ponga en riesgo su vida a través de una muerte repentina”.

No se murió repentinamente fuera de cárcel, pero sí se recuperó a tal punto, que fotografías suyas lo muestran como un hombre rebosante de salud que baila y goza de la vida.