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El sacerdote jesuita Luis Ugalde, Rector de la Universidad Católica “Andrés Bello” de Venezuela y Presidente de la Asociación Latinoamericana de Universidades Jesuitas, Ausjal, compartió con EL NUEVO DIARIO su opinión sobre los vicios más comunes de la política, como la demagogia, el caudillismo y la reelección. También analiza el daño que causan estas prácticas a las débiles democracias en Latinoamérica.

De origen vasco, pero nacionalizado venezolano, comentó que en nuestros países existen democracias no bien logradas y el peligro está en el caudillismo. “Digo eso de la forma más suave posible, pues ven el Estado como un botín”, expresó el jesuita.

Afirmó que la política causa crispación en los países, debido a que es excluyente, por eso las universidades deben ser una escuela permanente donde converjan los diferentes puntos de vista.

Las universidades

“El pluralismo requiere de escuelas, y éstas deben ser las universidades, donde cada uno expone sus razones y se discuten”, expresó Ugalde. El jesuita abogó por el respeto a las distintas opiniones, ya sean religiosas, culturales y fundamentalmente políticas, pues sólo así se construirá una sociedad democrática.

Gobierno quiere que se le alabe

Además, lamentó que en estas sociedades la política está muy polarizada, y siempre se tiende a descalificar al opositor, en vez de discutir las razones.

Recordó que, “en un tiempo, la Universidad Centroamericana fue tildada de sandinista, ahora de oligarca. Es normal recibir acusaciones del gobierno, sobre todo porque el que está en el poder siempre quiere que se le alabe”.

Y es que Ugalde cree que “las universidades no deben ser monaguillas del poder, y sería irresponsable si siempre alabaran todas sus acciones. Un profesional graduado debe ser crítico en el quehacer político, pues debe asumir lo público”.

¿Qué piensa de la política actual?

En el mundo hay un descrédito de la acción política. Para muchos es sinónimo de corrupción e ineficiencia. Esto es una lástima porque lo público debería ser un sistema de calidad.

Un ejemplo sería la educación. Entiendo que el ministro de Educación (Miguel De Castilla) es una persona seria, competente. Él está consciente de que se van a discutir las políticas educativas, temas de presupuesto, la infraestructura de las escuelas, el pago de los maestros, todo esto es discutible.

Él está claro de que el país necesita una educación de base, pero si el maestro está maltratado --y basta con ver los sueldos de los docentes en Nicaragua--, debe crear alianzas con las universidades y reforzar su formación. Esto no significa que me estoy aliando de forma partidista con el gobierno, sino que participo del bien público.

Sabemos que en tiempos electorales nos acusan de todo, pero cuando pasa todo, hay gente que opina que no fue lo más equilibrado o sensato.


¿Cómo involucrar a los jóvenes en la política si éstos muestran apatía y es común que los gobiernos no abran espacios?
He visto en Venezuela que los jóvenes están despertando en lo público, pues se ha hecho mucha demagogia. El partidismo estrecho sin ninguna visión ha provocado que la juventud no quiera meterse en política.

Decir política es casi una mala palabra. Es por eso que la universidad debe asumir lo público, conocer las causas del porqué estamos como estamos y proponer soluciones. No podemos permitir tanta demagogia, debemos acabar con el caudillismo, y para eso debemos formar nuevos líderes.


¿Qué papel desempeñan las universidades en la formación de la democracia?
Todo lo que he dicho, es lo que tiene que enseñar uno en la universidad. Pero no siempre gusta que enseñemos esto. Nosotros debemos criticar al neoliberalismo, pues no valora el papel del Estado, pero también el populismo demagógico, ya que es un peligro si se perpetúa.

Hay que mantenerse abiertos y no demonizar al adversario, ni criminalizar la oposición. En una democracia están todos los partidos y organizaciones, y deben aportar ideas. La demonización es el enemigo de la sana política. Es normal no estar de acuerdo, pues cada uno tiene su forma de pensar, pero el disidente no es delincuente, por tanto no tiene que ir a la cárcel, tampoco al exilio, menos al paredón.


¿Cuál es su opinión acerca de la reelección presidencial?
Hay un movimiento nuevo en América Latina que pretende ser nuevo, pero es viejo. Cada caudillo después de los primeros cinco años --si hacen algunas cosas buenas-- se sienten como Dios en la tierra, y que sin ellos no hay futuro para el país.

Veamos el caso de (Robert) Mugabe en África, un héroe nacional que hizo cosas buenas los primeros cinco años, después se le metió en la cabeza que se tiene que perpetuar, y ahora es un desastre para el país.

Eso le pasó a Ceaucescu en Rumania; a Stalin en Rusia; a Franco en España, y a Somoza en Nicaragua, así que no es nada nuevo. El poder manipula al que está en el poder.

En Venezuela antes los períodos presidenciales eran de cinco años, y al igual que en muchos países, estaba prohibido que un gobernante fuera inmediatamente reelecto. Sin embargo, la ley plantea que un periodo después podría volver a contender.

Luego se reformó la ley para que el presidente Hugo Chávez pudiese reelegirse por seis años más, y estar 12 años en el poder, de los cuales todavía faltan cuatro años para que termine su doble periodo, pero ahora piensa en una reelección indefinida.

Postulación permanente en vez de reelección

Chávez pretende perpetuarse y para eso debe modificar las leyes, pero los venezolanos no están de acuerdo. La nueva ley plantea que puede ser reelecto de inmediato y por un tiempo indefinido.

En base a eso se hizo un referendo, donde los venezolanos expresaron que no estaban de acuerdo con la reelección. Sin embargo, ahora vuelven a plantearlo, pero de manera, que no salga la palabra reelección, sino postulación permanente.

Preguntan a los ciudadanos si aprueban los artículos 160, 162, 174, 192, y 230 de la Constitución --donde todos prohíben la reelección después de un período-- que amplían los derechos políticos de la población.

¿Qué daños causa la reelección indefinida?

Cuando se inventaron las constituciones fue para limitar y controlar el abuso de poder, ya sea de izquierda o derecha. Éste casi siempre se convierte en un monstruo y termina diciendo que viene de Dios. Los faraones, los imperios, las monarquías absolutas, eran puestos “por gracia de Dios”, y tenían que obedecerlos.

Los presidentes deben jurar ante la Constitución, lo que significa que esta persona no es la última palabra en el país. Además, si uno ejerce temporalmente el poder, no va a cometer ciertos atropellos, pues sabe que después de ese período vuelve a ser un ciudadano más y se le podrá juzgar.

Cuando uno sabe que va a volver a ser ciudadano, no monta un aparataje de dominación. La reelección indefinida es una perversión política. No es que yo me voy a apoderar del Estado como si fuera un bien propio y crear clientelismo, porque yo doy los privilegios.

Eso hizo Somoza, Pinochet, Stroessner, no importa si es de izquierda o de derecha. El poder absoluto corrompe, y por eso hay que ponerle límites.

La Responsabilidad Social Universitaria

El sacerdote Luis Ugalde participó en un encuentro centroamericano de universidades jesuitas con Responsabilidad Social Universitaria, donde afirmó que las casas de estudio superior deben formar profesionales comprometidos con el país.

“No hay futuro para el país si no tenemos profesionales bien formados y comprometidos. Las universidades jesuitas conformadas por 250 mil estudiantes, insistimos en que el profesional que sale de estas universidades debe entender que no hay un yo, sino un nosotros”, dijo Ugalde.

Expresó que en América Latina el contraste entre ricos y pobres es más grande, y no está disminuyendo. Es por eso que el jesuita instó a las universidades a ser inclusivas y profesionalizar a los estudiantes de escasos recursos.

“Las personas que no tienen ingresos deben profesionalizarse, y es ahí donde entra la responsabilidad social de los recursos públicos. Si el Estado invierte una cantidad muy significativa para formar un médico, y éste al terminar su carrera monta un negocio y no tiene obligación con nadie, no hay una regresión para la sociedad”, añadió.

Alto humanismo

“Entonces la universidad se transforma en un sistema perverso, pues lo público se convierte en privado y se olvida de la responsabilidad social con los excluidos”, explicó el catedrático.

Agregó que la Responsabilidad Social Universitaria no es más que la forma efectiva en que responde un profesional ante la sociedad. “Nuestro objetivo es formar seres humanos con un alto sentido de humanismo, pero sobre todo que contribuyan al desarrollo de su país”, concluyó el Presidente de la Asociación Latinoamericana de Universidades Jesuitas, Ausjal.

Utopía política y democracia

Luis Ugalde, sj, ha sido profesor de Teorías Políticas Contemporáneas por más de tres décadas. Es miembro de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales de Venezuela.

El discurso de incorporación a la Academia se tituló “Utopía política, entre la esperanza y la opresión”, y en el mismo señala el peligro de los regímenes utópicos.

“Cuando un régimen pretende ser la encarnación de la utopía, entonces el régimen es el bien absoluto. Todo el que critica, todo el que se opone, va a la guillotina o al campo de concentración.

“La preocupación política fundamental en los actuales tiempos es que la democracia funcione, que se mantenga el respeto a la institucionalidad y que el sistema democrático produzca bienestar para todos por igual y no para un grupo reducido.

“Cualquier democracia que no sea capaz de establecer la justicia social y al mismo tiempo preservar las libertades, la pluralidad de opiniones y la autonomía de las instituciones, deja de ser democracia
“Los pueblos americanos sienten una profunda vocación por la libertad. Es un sentimiento tradicionalmente arraigado en el hombre americano. Nuestros ancestros raciales más recónditos, no obstante el mestizaje posterior, la han convertido en una cuestión somática. Esa indeleble vocación libertaria se ha transformado lentamente, con el transcurrir de los tiempos y de los acontecimientos, en una profunda e indómita pasión que muchas penalidades, lágrimas y vidas ha costado. Allí está, pues en cierto modo, la explicación de nuestra rebeldía confundida en ocasiones con la misma anarquía; y allí está, también, la causa última de nuestro inconformismo político. ¡Es ciertamente un fenómeno latino, muy nuestro!