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Monseñor Hombach es de origen alemán, tiene 22 años de vivir en Nicaragua, y a pesar de que es un férreo crítico de los políticos nicaragüenses, manifiesta que la fortaleza de ellos es que demuestran su religiosidad, lo que implica una esperanza para el país. El obispo de Granada compartió sus expectativas sobre el destino de Nicaragua en una entrevista con EL NUEVO DIARIO.

¿Por qué cree que el Presidente desea reelegirse?

Bueno, hay países donde esto es posible, pero aquí debería de conocer la opinión del pueblo antes, y a mí me parece que la mayoría del pueblo no está de acuerdo con la reelección.

Esto de la reelección es una característica principal de los gobierno de izquierda. ¿Por qué cree que se aferran tanto al poder?
A veces hay un buen presidente que inició una reforma o una obra en el país, y quiere terminarla, y si la legislación lo permite, no lo veo mal, pero por otra parte sabemos que el poder es muy difícil entregarlo para alguien que ya lo tuvo... bueno, yo lo entrego. Es muy difícil, en cierta forma el poder es muy pegajoso y quien lo tiene, pues, no lo suelta.

Y por otra parte, el poder muchas veces corrompe, ésta es una de las enseñanzas de la historia, que los que tienen poder absoluto después se creen que ellos pueden mandar en todo, y muchas cosas quedan impunes.

¿Cómo valora usted la política exterior del presidente Daniel Ortega, su relación con el presidente Hugo Chávez en contraste con funcionarios del gobierno de Estados Unidos en Nicaragua?
En cierta forma es normal que cada gobierno tenga relaciones más cordiales con uno que con otro país, con el que más se identifica, en el fondo esto es algo normal, pero es importante tener relaciones con todos los países, y es importante que también un país pobre como Nicaragua, aprecie la solidaridad de otros países que están dispuestos a ayudar, siempre guardando la independencia y la dignidad. Un país no se va a vender porque reciba algo de otro país.

¿Cómo reaccionarán los países donantes en el futuro inmediato?
Muchos países dicen: “No queremos congelar toda nuestra ayuda, porque sabemos que el que sufre es el pueblo”, y en ese sentido hay muchos gobiernos que de una u otra forma siguen cooperando y buscan también otros caminos que no son los oficiales. Tal vez por medio de las ONG o de una ayuda indirecta, y la mayoría de los gobiernos sigue con sus obras que empezaron. Por ejemplo, hay carreteras que ya están iniciadas y otros proyectos, que eran proyectos con el gobierno, y así como yo lo entiendo los van a terminar.

¿Hacia dónde va Nicaragua en estas circunstancias?

Hay muchos políticos capaces en Nicaragua, pero muchas veces se quedan en stand-by, no quieren quemarse o no son amigos de la confrontación, y por eso se quedan afuera, pero hay que animarlos para que se expresen y así haya una purificación de los partidos.

Nosotros en la última carta pastoral hemos hablado de unas situaciones pecaminosas en la sociedad, y yo creo que todos necesitamos una conversión, un acercarse a Dios. Nicaragua es uno de los países donde yo diría que hay una religiosidad y una fe profundas en el pueblo y en los mismos políticos, la mayoría de los políticos muestran que son creyentes, contrario a lo que ocurre en los países europeos. Esta formación que han recibido desde niños para mí es una esperanza para el país.