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“Tengo que decir --se escuchaba a través de las ondas hertzianas--, que a mí me sorprendió muchísimo: de 192 embajadores o representantes que tienen los pueblos del mundo ante las Naciones Unidas, ¡solamente hay 16 mujeres!”, comentó extrañada la primera dama de Nicaragua, Rosario Murillo, sobre los puestos de importancia que ocupan las mujeres en el mundo.

Murillo había llegado a la 62 Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York acompañando al presidente Daniel Ortega. Era septiembre, y en una transmisión en vivo por una radio nacional mostró su extrañeza e inmediatamente resaltó lo que para ella es la política de género del gobierno.

“Nosotros tenemos la satisfacción de poder decir que ya hemos tenido una mujer embajadora, nuestra siempre recordada, incomparable, hermana, luchadora, Norita Astorga, y ahora, nuestra hermana Mary Rubiales. “Esto, por supuesto, que marca una diferencia, demuestra un compromiso, y demuestra la consecuencia con ese compromiso”, continuó Murillo.

Habían pasado ocho meses desde que el compañero de Murillo asumió el gobierno. Ocho meses en los que igual cantidad de mujeres habían sido destituidas del gobierno. Todas las remociones habían sido filtradas a los medios de comunicación, y éstos, sin una explicación gubernamental, habían elucubrado de todas las formas imaginables. Al final, el silencio dio la razón.

Cuenta regresiva
En medio de las flores y del colorido de los actos gubernamentales, el presidente Daniel Ortega determinó la política de género de su gobierno: 50% para las mujeres y 50% para los hombres. En su esposa recayó la cantidad destinada para las féminas. Él lo dijo sin el menor recato: “50% para Rosario y 50% para mí”.

10 de febrero. “Despiden a titular de MiFamilia”, titula EL NUEVO DIARIO. Glenda Ramírez, quien había sido nombrada un mes antes estaba siendo destituida. No hubo reacción oficial, sólo se supo que recibió una carta firmada por el presidente Ortega.

Se rumora que Ramírez empleó a familiares en el ministerio con salarios exorbitantes, pero como no hay respuesta oficial, todo quedó en especulación.

Un meses después. El turno lo tocó a Margine Gutiérrez, directora del Instituto Nicaragüense de la Cultura, una destacada militante sandinista, originaria de Matagalpa, con una fecunda hoja de vida que la coloca entre destacados guerrilleros.

“Si los hubiera regalado don Enrique Bolaños no hubiera pasado nada. Pero eso no significa que saludemos el hecho”, dijo un día antes de su destitución a un medio local refiriéndose al regalo que su jefe, el presidente Ortega, le había hecho a su homólogo venezolano, Hugo Chávez.

Ortega le obsequió a Chávez tres manuscritos de Rubén Darío sobre Bolívar, lo que ocasionando una airada reacción entre diversos sectores nicaragüenses, pues los manuscritos formaban parte del patrimonio cultural de la nación. El pecado de Gutiérrez fue “no saludar” el hecho, y lo que es peor, no saludarlo públicamente.

“No me han dado detalles. Desde ayer me empezaron a llamar, imagino que fue después de que leyeron la entrevista. Intuí que esto (la entrevista) me iba a traer consecuencias. Pero no quiero agravar más la situación. Quiero volver a mi casa, tranquila, y continuar con todo”, dijo un día después de que salió publicada la entrevista, el mismo día de su despido.

“Son riesgos que se corren, y al final estoy muriendo como corresponde, por la libertad de expresión”, expresó Gutiérrez a los medios de comunicación, antes de salir altiva del Palacio Nacional de la Cultura, adonde minutos después llegó Emilia Torres.

Entra en escena Torres
Torres Aguilar inició en el gobierno de Daniel Ortega como directora del Instituto Nicaragüense de la Mujer (INIM). Según ella, “nadie está fijo en un cargo”, porque la labor que realizan los funcionarios es un “proceso de trabajo”, donde lo más importante no es el tiempo que duren en él, sino “lo que se llega a hacer”.

Bien sabía de lo que hablaba. Tres meses después de que asumió el cargo en el Instituto de Cultura fue destituida. ¿Las razones? Desconocidas. A pesar de que quiso disimular su tristeza apelando a la disciplina que hay en el Frente Sandinista, fue visible su rostro compungido.

“Aquí no hay las tragedias que ustedes puedan imaginarse, lo que hay es un cambio de dirección, sencillo, normal, afectuoso, fraterno”, dijo, mientras entregaba su cargo a Luis Morales, reconocido allegado a la primera dama Rosario Murillo.

En ese momento, Torres dijo que sería ubicada en otro cargo, pero hasta el momento eso no ha sucedido. Al tiempo que destituían a Torres, también defenestraron a la directora del Instituto de Desarrollo Rural (IDR), María Auxiliadora Briones. Tampoco hubo explicaciones. Karla Patricia Rodríguez López sustituyó a Briones y también fue destituida.

Cero y van tres
21 de marzo. Cae otra ministra. Esta vez Amanda Lorío, quien hasta ese momento tuvo un papel tímido en el gabinete de gobierno. De oficio reflexóloga, Lorío, nombrada ministra del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), fue la única funcionaria a quien el presidente Ortega le agradeció su pequeña estadía en el gobierno, y dio las razones por las que la destituyó.

“Con toda la buena intención (Amanda Lorío) trató de hacer un proyecto que no es compatible con las funciones de este ministerio”, dijo el presidente Ortega en una conferencia de prensa, en la que anunció la supuesta renuncia de Lorío. La ex ministra ofreció a los trabajadores del Marena los servicios de una internista, especialista en homeopatía y terapia floral de nombre María Teresa Hilari.

Hilari atendió a 33 trabajadores del Marena en la clínica que la misma ministra improvisó en la Dirección de Desechos Sólidos, dentro de las instalaciones del Marena, los días 11, 12 y 13 de abril pasado. La consulta fue pagada por los trabajadores a diferentes costos: 120 córdobas para oficinistas y 70 córdobas para personal de apoyo como conserjes, vigilantes y conductores.

Lorío se resbaló en la cáscara de banano que, aseguran fuentes del Marena, le pusieron sus subordinados. “Ella es muy capaz en temas del medio ambiente, igualmente en temas de medicina natural”, dijo Ortega, refiriéndose a Lorío Arana, quien tiene una clínica de medicina alternativa adonde llegaban a tratarse problemas de salud el presidente Ortega y su esposa, Rosario Murillo.

Lorío Arana pretendía con las consultas conocer la demanda de esta rama de la medicina, para luego instalar una clínica dentro del Marena, según expresó el secretario general del Marena, Raomir Manzanares, a quien le atribuyen ser parte de la conspiración que le costó el cargo a la ministra.

…Y siguieron cayendo
Luego le tocó el turno a Mireya Molina, en la Intendencia de la Propiedad; a Rita Fletes, en el Instituto de la Mujer, y a Leana del Socorro Lacayo, quien fue viceministra de Economía y Fomento, y trasladada a la Cancillería a un puesto de menor relevancia.

La defenestración de mayor impacto fue el de la ministra de Salud, Maritza Cuan, quien había sobresalido en el gabinete por su diligencia en momentos importantes, como la emergencia provocada por el paso del huracán Félix por la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).

Según investigaciones periodísticas de EL NUEVO DIARIO, Cuan fue obligada a renunciar luego de que se realizara el Congreso Centroamericana de VIH-Sida. Para la realización de dicho Congreso, la ministra autorizó un spot publicitario dando la bienvenida a los participantes. Una semana después estaba la cancelación de su nombramiento en La Gaceta.

Cuan renunció argumentando que tenía serios problemas de salud, increíble para quienes vieron movilizarse a la ex ministra a lugares lejanos del país. Las mismas fuentes aseguran que también fue víctima de una “serruchada de piso”.

¿El 50% para las mujeres? Aún está por verse.