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Ciertamente que Nicaragua no ganó nada en la V Cumbre de las Américas, pero tampoco perdió, porque esos encuentros simplemente se han convertido en escenarios y en situaciones coyunturales de los que muy pocas veces sale algo concreto en lo que se refiere a las políticas públicas.

Lo anterior lo manifestó el director del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, Ieepp, Javier Meléndez, quien sostiene que no entiende el por qué muchos analistas son del criterio que con el largo discurso del presidente Daniel Ortega, Nicaragua perdió oportunidades. ¿Oportunidades de qué?, se preguntó.

¿Perdió el presidente Ortega una oportunidad de oro para Nicaragua con su extenso discurso en la Cumbre?
La verdad que interpretar o analizar las posiciones del presidente Ortega sobre el orden internacional, siempre es un desafío. Y más cuando se trata de discursos como el de la reciente Cumbre de Presidentes. Varios de sus planteamientos pudieran ser ciertos, pero la forma en que los hizo, no es apropiada. Por ejemplo, Estados Unidos sí tiene que dar más cooperación para combatir el narcotráfico, pero las cifras que dio el presidente Ortega fueron sesgadas y un poco irresponsables. El millón y medio de dólares que Nicaragua recibió a través de la Iniciativa Mérida, es sólo parte de un paquete de cooperación más amplio. Pero insisto, lo que da Estados Unidos a través de esa Iniciativa, todavía es muy poco en relación al trabajo formidable que hacen las fuerzas de seguridad contra el narcotráfico en Nicaragua….allí el Presidente tiene razón, pero insisto, la forma en que hace sus planteamientos, sólo agrada a quienes se preocupan por mantener su agenda anti Estados Unidos.

Finalmente, no termino de entender qué oportunidades perdió Nicaragua con el largo discurso del Presidente. Pienso que sólo se perdió la oportunidad de que el presidente Ortega se hubiera mostrado constructivo y mesurado ante la Comunidad Internacional. Más aún cuando casi había un consenso generalizado sobre la situación de Cuba. Pero en realidad en estas cumbres ningún país gana ni pierde nada, porque simplemente son escenarios y situaciones de los que muy pocas veces sale algo concreto en términos de políticas públicas que beneficien a la gente.

¿Qué consecuencias tiene este tipo de reuniones para Centroamérica?
Estas cumbres, más allá de la oportunidad que tienen los presidentes de encontrarse y ponerse más o menos al día con los problemas del hemisferio, no tienen realmente un agregado significativo a lo que se hace en materia de seguridad ambiental o económica en América Latina. De hecho, desde 1994 que iniciaron estas cumbres, es difícil recordar algo que haya salido de esos encuentros y que haya sido trascendental para el beneficio de la región latinoamericana; con excepción quizás de la Cumbre de Quebec, que fue el evento en que la declaración política hizo referencia a la Carta Democrática. Curiosamente esta cumbre hace una referencia marginal a la Carta Democrática.

¿Había muchas expectativas por el rumbo de las relaciones entre el nuevo presidente de Estados Unidos y América Latina?
En gran parte, las expectativas se debían a que era la primera oportunidad que tenía.

El presidente Obama de interactuar con presidentes de una región latinoamericana, que además de ser en su mayoría de izquierda, representaban países donde la memoria inmediata hacia Estados Unidos es de desconfianza, de recelo. Pero aparte de eso, y del tema cubano, la Cumbre no fue nada más que una excelente oportunidad para poner al menos por un par de días a nuestra región en los ojos de Estados Unidos y tratar temas importantes que son de todos conocidos y que no estoy seguro que se modifiquen dramáticamente después de la reunión. Al menos en el corto y mediano plazo.

¿De la declaración final qué aspectos son relevantes en materia de seguridad desde su punto de vista ante un escenario de creciente inseguridad en Nicaragua y Centroamérica?
En materia de seguridad nada nuevo. Se reiteraron varios de los instrumentos que ya habían sido enunciados y asumidos en otros momentos, como por ejemplo el Compromiso por la Seguridad Pública de las Américas, que firmaron los ministros de Seguridad en Octubre del 2008. Se reitera la corresponsabilidad en la prevención y combate al tráfico y consumo de drogas.