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Las tres noticias quedaron registradas durante la misma semana, la última de septiembre de 2007. Las tres tienen el mismo peso. ¿Las mismas consecuencias? Aún es temprano para determinarlo. ¿El mismo impacto? No. Impactaron de forma diferente. ¿Provocan el mismo desgaste? Por separado sí, y unidas, peor. ¿El factor en común? Daniel Ortega Saavedra.

A ocho meses de haber asumido el gobierno, Daniel Ortega, Presidente electo de Nicaragua, enfrentó tres polémicas. Lo inusual no son las polémicas en su gobierno, sino que hayan llegado la misma semana, y que cada una haya provocado graves consecuencias en la buena imagen que Ortega y Rosario Murillo cada día se esmeran por construir.

Con el dedo índice izquierdo levantado, vestido de saco negro y corbata roja, Ortega disertó sobre todo en la 62 Asamblea General de las Naciones Unidas. 33 minutos duró la alocución, que le fue concedida ,entre otras cosas, porque recién había pasado el huracán “Félix” por el Caribe Norte.

“¿Con qué derecho cuestionan el derecho de estos pueblos, como Irán y Corea del Norte, a utilizar el desarrollo atómico con fines pacíficos? Y aún más, si quisieran utilizarlo con fines militares, ¿con qué autoridad, con qué derecho lo hacen los que han sido el único Estado en la historia de la humanidad que han lanzado bombas atómicas sobre pueblos indefensos como Hiroshima y Nagasaki?”, se preguntó Ortega.


Desdén a una desgracia
El mandatario no pidió ni un minuto de silencio por los muertos que ocasionó “Félix”. El desastre enlutó a más de 150 familias y dejó 188 mil damnificados. El documento que miskitos y mayangnas elaboraron para que Ortega leyese ante los representantes del mundo congregados en la ONU fue mencionado rápidamente.

No sólo eso, Ortega minimizó la “ayuda internacional” que, en el caso de los Estados Unidos, puntualizó, no era más que “la deuda histórica” que tenía con Nicaragua.


El turno de Nicho
La misma fecha. Furioso, con el entrecejo arrugado y las manos temblorosas, con las que sostenía un micrófono el alcalde de Managua, Dionisio Marenco, se presentó ante el Concejo y los medios de comunicación. “Muchas balas han pasado por mi cabeza como para tenerle miedo a las tapas de cualquier pendejo”, dijo Marenco.

Luego expresó las causas de su enojo: momentos antes de darse la reunión del Concejo de Managua en el que elegirían al vicealcalde, la familia de uno de los candidatos, Nery Orochena, fue amenazada de muerte.

“Si éste es el sandinismo que queremos, lo denuncio y lo rechazo públicamente”, continuó Marenco. Un día después dijo públicamente que Rosario Murillo lo había llamado traidor. “Rosario Murillo me acusó de traidor, y las traiciones en el FSLN son como condenas a muerte”, agregó.

Así se abrió una crisis en el Frente Sandinista, que supuestamente terminó después de que el mandatario dijera que él “no dijo nada cuando miraba los grandes hoyos en Managua y cuando construyeron mal un paso a desnivel”. Marenco está callado desde ese tiempo. Quizá los trapos sucios se están lavando adentro.


La supuesta renuncia
No menos importante fue la supuesta renuncia de la ex ministra de Salud Maritza Cuan, quien, según informaciones periodísticas, dimitió por presiones y serruchadas de piso.

Los sucesos calaron en la ciudadanía, que vio a uno de los amigos cercanos del presidente Daniel Ortega cuestionarlo públicamente por su forma de gobernar y molesto por los ataques de la Primera Dama.

Así también, se observó a un mandatario preocupado por defender los intereses de uno de sus amigos en la ONU en detrimento de las necesidades urgentes de la población, y despreocupado por dejar ir a una de las funcionarias con mejor proyección entre la gente. Todo en menos de una semana.