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Vivía Nicaragua el inicio de la década de los años 30 cuando un grupo de jóvenes provenientes de la oligarquía conservadora apoyaba la candidatura vitalicia del general Anastasio Somoza García, jefe director de la Guardia Nacional, quien poco a poco iba desobedeciendo las órdenes del comandante general del cuerpo castrense, el presidente Juan Bautista Sacasa, el mismo que se abraza con Sandino, héroe de Las Segovias al que después Somoza García, en contubernio con el gobierno de los Estados Unidos, asesina.

Los Camisas Azules estaban constituidos por jóvenes intelectuales, no necesariamente una fuerza de choque, sin embargo, emergieron otros grupos de clase media que se encargarían de atacar a los opositores a Somoza García, mismo que se apropiaba del Partido Liberal tradicionalista, y con ello creaba las condiciones para llegar al poder.

El catedrático e historiador nicaragüense Rafael Casanova Fuertes, establece diferencias geográficas de los grupos juveniles que apoyan a Somoza: uno en León y otro en Granada. El de Granada estaba encabezado por René Schick Gutiérrez y Julio “El Negro Quintana”, jóvenes de origen liberal y de clase media. Los jóvenes Camisas Azules eran de extracción conservadora, hijos de la oligarquía, como en el caso de Pablo Antonio Cuadra; también José Coronel Urtecho y jóvenes de la clase media, como Luis Alberto Cabrales, entre otros.


Los de la “Merced”

Los últimos personajes intelectuales venían de romper con Darío en 1927, cuando desde la iglesia La Merced, de Granada, luego que José Coronel Urtecho regresara de Estados Unidos y Luis Alberto Cabrales, de Francia, lanzan su proclama como movimiento de Vanguardia y Coronel Urtecho publica la emblemática “Oda a Rubén Darío”.

Cinco años antes, en Italia, en 1922, recuerda Casanova Fuertes, Benito Mussolini daba un golpe de estado y era el fundador del movimiento fascista partidario, con dos elementos que influirían en la cultura política nacional: el caudillismo, el poder concentrado en un solo hombre, el militarismo y el nacionalismo.

Este hecho coincide con el desarrollo en Alemania de otro partido con carácter nacionalista y totalitario, el Partido Nacional Socialista, con la diferencia de que tendía a más militarismo y era más racista.


Las simpatías
Según el historiador, muchos países comenzaron a ver con simpatía estos movimientos, porque eran partidarios del poder fuerte, el control total del Estado. En algunos países de América Latina, la clase media estaba satisfecha con estos movimientos, pero por la razón nacionalista en tanto éstos estaban siendo afectados por la intervención norteamericana.

Casanova ilustra el contexto con caudillos fuertes que se oponían a Estados Unidos, como el gobierno nacionalista de Bolivia; Perón en Argentina y Vargas en Brasil, donde jóvenes de la clase media y militares apoyaron estos movimientos que después perdieron su naturaleza fascistoide.


Somoza asesina a Sandino y derroca a Sacasa
En el caso de Nicaragua, señala Casanova, contradictoriamente, son jóvenes de la oligarquía, los fundadores del movimiento de los Camisas Azules, en el momento que el país estaba saliendo de dos guerras: la de 1926 a 1927 y la segunda, la larga guerra del general Sandino contra la intervención.

Somoza, además, con mucha habilidad para convencer a uno y otro bando, fue capaz de dividir al creciente y fuerte movimiento obrero en Managua y León, encabezado por el primer partido de los trabajadores nicaragüenses; lo divide entre el sector de izquierda partidario del socialismo y que después funda el Partido Socialista en 1944 y un sector que logra ser manipulado por Somoza, encabezado por Jesús María Almendárez, Roberto González y Emilio Quintana, el autor de Bananos, afirma el historiador.

Luego que Somoza asesina a Sandino, comienza a gozar de las simpatías de estos grupos de jóvenes que le ayudan a crear las condiciones para llegar al poder. Posteriormente, la historia registra dos hechos interesantes: El mismo día y año, el 1 enero de 1933, asume el poder Adolfo Hitler como canciller, hasta llegar a ser el hombre fuerte de Alemania, y en Nicaragua, Juan Bautista Sacasa asume la Presidencia de la República para que años después, el 6 de junio de 1936, Somoza lo derrocara y asumiera el cargo, transitoriamente, Carlos Brenes Jarquín.


Corta vida a los Camisas Azules
Cuando Somoza García llega al poder, recuerda Casanova, ofrece cargos a los Camisas Azules, pero no a todos, y en 1937, el Partido Conservador toma distancia de Somoza, pero antes lo legitima al participar en las elecciones.

Cuando Somoza le declara la guerra a Japón y a Alemania, y cierra filas alrededor de Estados Unidos, incluso destituye a algunos oficiales de la GN, como Rigoberto Reyes quien es expulsado acusado de fascista. Esta nueva coyuntura hace perder sentido a los Camisas Azules mientras los intelectuales fueron absorbidos por el sistema y se convierten en diputados, ministros y embajadores.

En una carta dirigida por el historiador Mario Manuel Martínez Álvarez a Mario Alfaro Alvarado, a propósito de su libro “43 años de dictadura”, y donde le solicita incluya un capítulo sobre los Camisas Azules, cuenta cómo Pablo Antonio Cuadra y José Coronel Urtecho se convierten en diputados y Luis Pasos Argüello, embajador en Europa. Estos intelectuales habían proclamado para la historia que “Somoza es el hombre del destino”.

Años después, tanto Pablo Antonio Cuadra como José Coronel Urtecho habrían reconocido, por separado, una infeliz etapa en sus vidas.

Cuadra fue encarcelado por el primer dictador de la dinastía Somoza en 1937; en 1954, volvió a la cárcel de nuevo; también en 1956, según escribe Paul Berman en una entrevista al poeta.

En la misma entrevista Berman escribe con asombro cómo estos personajes recobran “con una velocidad notable, al reconocer que la muerte de Sandino había demostrado que sin duda habría de encontrarse en alguna parte de Nicaragua un líder fuerte y decisivo. Ese líder era Somoza. Y así, en una espectacular pirueta política, los poetas pasaron, de admirar a Sandino en sus remotas montañas, a admirar a Somoza en sus barracas en Managua”.


Somoza contra el alcalde de Managua
En su libro “Cómo y Por qué caí del Poder”, Sacasa escribió que desde esos momentos “eran notorias las manifestaciones de aliento que el general Somoza recibía de algunos elementos destacados y de una parte de las “masas” del Partido Conservador”. Estas “masas”, según acotación del historiador Roberto Cajina, no eran otros que los “Camisas Azules”, elite radicalizada de la extrema derecha criolla que actuaba como abanderada de una suerte de fascismo tropicalizado que el humor popular bautizó como nacional-somocismo”, escribe el periodista Ignacio Briones Tórrez
Al arribar 1936, Somoza empezó a hacerse aparecer como un campeón defensor de la clase trabajadora. El 11 de febrero de ese año se puso a la cabeza de una huelga de choferes que protestaban por la escasez y alza del precio de la gasolina. Estos exigían la renuncia del alcalde de Managua don Porfirio Pérez, a quien le incendiaron un negocio comercial que poseía en el centro de la ciudad. Somoza estimuló la quema.


Legiones azules contra medios
Otros historiadores como Mario Manuel Martínez Álvarez, en carta del 14 de diciembre de 1979, describe a los Camisas Azules como “fuerzas de choque o paramilitares” con que Somoza alentó el asesinato de Sandino, la toma de la Presidencia, pasar por encima de la Constitución Política y vejar al pueblo nicaragüense de esa época.

Entres esos militantes intelectuales, Martínez menciona a Luis Alberto Cabrales, Pablo Antonio Cuadra, Edgardo Prado, José Coronel Urtecho, Jacinto Suárez Cruz, entre otros pero hace la salvedad de que estos recuerdos no son tan gratos, “porque sus herederos se sonrojan”.

“Sus actuaciones eran totalitarias: cuentan empastelamientos (desorden de los tipos) de imprentas donde se publicaban periódicos de oposición y al citar al diario La Nueva Prensa, del martes 2 de junio de 1936, dirigida por Gabry Rivas, entre otras cosas se escribe: “Ellos, los Camisas Azules, obedeciendo órdenes militares de Somoza, al mando de Luis Alberto Cabrales asaltaron y destruyeron los talleres de imprenta donde se editaba un periódico de oposición y cuyo director era el señor David García, hermano de “El Duende Rojo”.

También atentaron contra la vida del periodista Juan Ramón Avilés, director de La Noticia a quien, para asustarlo y que no siguiera criticando a Somoza, le hicieron un disparo en el pie, escribe Martínez.

Martínez Álvarez recuerda a los Camisas Azules “recibiendo instrucción de orden cerrado en la avenida central de Managua, vistiendo uniformes militares, victoriosos por haber acuerpado la traición de la Guardia en León. Ahí bajaron del tren, donde hoy es el parque infantil y desfilaron hasta el Campo de Marte, pero noté que en ese desfile no iban los intelectuales, pues ellos eran los jefes…”


Otras versiones
Martínez recuerda a Luis Alberto Cabrales como el más duro militante de los Camisas Azules, pues a diferencia de Cuadra y José Coronel Urtecho, --éste último terminó escribiendo odas a la Revolución—un día de tantos confesó públicamente que no se arrepentía de su actuación.

En respuesta a la carta de Mario Martínez Álvarez, Mario Alfaro Alvarado, reconoce la existencia de los Camisas Azules influenciados por Alemania e Italia, pero dice tener poca información, y además niega que José Coronel Urtecho haya pertenecido a esos grupos y sólo reconoce a Cabrales. Dice además que el mismo Somoza los disolvió y que no participaron en actos vandálicos.