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Ha quedado en evidencia el golpe que significó para los nicaragüenses el “hueco presupuestario” después de la suspensión de la ayuda directa de la cooperación de los países europeos a causa de las irregularidades en las elecciones municipales de noviembre de 2008.

Como si fuera poco, en medio de la crisis económica, el manual del gobierno para “controlar” la cooperación de las organizaciones no gubernamentales internacionales, ONG, podría ahuyentar decenas de millones de euros en ayuda que son ejecutadas por organizaciones sociales nacionales.

El director de Política Exterior de la fundación liberal alemana Frederich Naumann, Harald Klein, considera que ningún gobierno puede obligar a los ONG a cooperar bajo sus condiciones.

¿Cómo ven ustedes el manual para ONG que quiere implementar el gobierno?
Es un tema que no es nuevo para nosotros, hay gobiernos que tratan de regular la cooperación internacional, tratan de controlar de una forma más o menos lo que hacen las instituciones extranjeras en el país. Esto sucede en países donde hay poca confianza de la sociedad civil e intentan saber exactamente qué hacen para evitar que haya apoyo a la oposición o instituciones que no están de acuerdo con la política oficial.

¿Pero en el caso de Nicaragua?

Desconozco los parámetros y el proyecto en detalle, pero lo que realmente quieren es controlar la cooperación y esto es algo contra lo que hemos luchado en países como Eslovaquia o Croacia, cuando tenían un presidente autoritario; en Rusia y en Cuba, donde no vamos a prestar ningún apoyo, porque no estamos de acuerdo. En el caso de Cuba se limita minuciosamente lo que se puede hacer. Bajo esas condiciones nosotros, como fundaciones políticas, no estamos dispuestos a trabajar.

¿Dificultaría la cooperación en países como el nuestro?

Nosotros como cooperación nos basamos en los principios de la democracia liberal, como no somos una agencia de la política gubernamental alemana, no podemos aceptar que nos obliguen a cooperar con A, B o C, así que hay que esperar a ver qué es lo que tienen previsto, para ver detenidamente y tomar decisiones.

¿En el manual se prohíbe la cooperación en materia de incidencia política, qué es lo que ustedes hacen?
Incidencia política es un término que hay que definir. Casi todo es incidencia política, no somos una agencia técnica, no construimos el sistema de desagüe en Managua o en Granada, entonces todo lo que no es técnico de alguna manera tiene una relación política. Incluso habría que discutir algunos proyectos técnicos que tienen un impacto político, porque un sistema de desagüe o de electricidad puede ayudar políticamente a un representante de determinado partido.

¿Bajo esas condiciones, con el Manual, se cortaría la cooperación?
No quisiera pronunciarme porque no conocemos en detalle, pero si estudiaríamos muy detenidamente que si nos prohíben cualquier actividad que tenga que ver con la sociedad civil, con la democracia, con la institucionalidad democrática a la que también pertenecen el Poder Judicial, los partidos políticos y otras instancias del país, ahí sí que tendremos que tomar una decisión.

¿Podría provocar un efecto en cadena con otras organizaciones?
Sí, porque en los países que vemos amenazados nuestros principios o nuestra base de trabajo siempre nos hemos unido con otras instituciones igualmente afectadas como el caso de Rusia. El éxito depende de la reacción de la contraparte, del gobierno del otro lado, es algo que requiere concertación.

Aquí el gobierno ve a los ONG como parte de la oposición, ¿por qué usted señala que las críticas en un país extranjero no es intromisión en los asuntos internos?
Nosotros partimos de la democracia, de la libertad de opinión y de expresión, cualquiera que trabaje y vive aquí puede criticar a los turcos que viven en Alemania, a los de Vietnam que están viviendo allá, mientras respeten las leyes del país. Eso es algo que quizá acá no se aprecie tanto, nosotros basamos el trabajo en un principio en el que no queremos tener ciudadanos sumisos, queremos ciudadanos críticos y ciudadanos informados que acompañen con su capacidad crítica los procesos económicos, políticos y sociales.

Usted estuvo en Venezuela respaldando a la oposición del presidente Hugo Chávez, con otras fuerzas de la derecha latinoamericana, ¿cómo ve el escenario en Nicaragua?
Hemos visto las reacciones del régimen que por decirlo, no fueron muy amables, nada más que represalias en un intento de denunciar intromisión de una forma muy cruda, no muy inteligente. Eso muestra que sienten peligro cuando se reúne gente que tiene otro criterio, otra filosofía. Nosotros defendemos principios de opinión y asociación, no tenemos esos miedos.

También se les califica como agentes del imperio o el colonialismo europeo
Estos regímenes tienen este miedo, si no, no dificultarían la organización de semejantes congresos o convenciones, ellos califican como agentes de la CIA a gente que no tiene nada que ver, que tiene una distancia crítica de los Estados Unidos. También como asesores del Fondo Monetario Internacional, gente que no ha tenido nunca nada que ver con ellos, son los mismos esquemas a los que recurren.

También señala el gobierno que la ayuda de sus países es condicionada
Yo creo que la cooperación sigue ciertas líneas, pero se basa en algo que nosotros llamamos buen gobierno, de respetar ciertas reglas de transparencia, de auditoría, de fiscalización, de independencia de poderes, porque tenemos que justificar el gasto o la inversión, porque el Estado no imprime el dinero, lo recoge de los ciudadanos. El que paga con sus tributos tiene el derecho de saber que ese dinero está bien invertido.

El gobierno de Nicaragua dice que no quiere cooperación condicionada
Condicionar suena a intromisión, pero lo que exigimos son reglas claras que también se las exigimos a nuestras contrapartes en Europa Occidental, Inglaterra, Dinamarca; condicionar es una palabra que me suena exagerada, si no cómo justificamos la inversión al desarrollo democrático, si las condiciones no están dadas.

Alemania es parte del Grupo de Apoyo Presupuestario, ¿cómo cree usted que maneje la situación de Nicaragua?
Allá hay un ministerio que maneja la ayuda internacional; desde hace unos años han tendido a privilegiar el apoyo presupuestario que funciona con un buen gobierno, de lo contrario, la transferencia de dinero discrecional, sin mecanismos de controles, es un riesgo muy grande, un abuso que el gobierno alemán tiene que justificar a sus propios ciudadanos.

A los países donantes se les miró más interesados en aclarar lo del fraude que a la misma oposición, o al menos ustedes tomaron más iniciativas ¿Por qué?
Yo creo que acá, como en otros países, las características del régimen son tales que la gente tiene miedo de manifestarse. Hay quienes creen que pueden perder un chance u oportunidades en una situación económica crítica o el empresario que quizá no va a tener un contrato, entonces la piensa dos o tres veces para pronunciarse. Este es un factor que hace parecer que del extranjero está más observado el fraude que acá mismo.

Pero si fiscalizaron el proceso electoral, la cooperación Técnica Alemana llegó a conclusiones de los municipios donde hubo severas irregularidades
Claro que lo observamos en Europa, pero lamentablemente, los temas que tienen que ver los políticos, las instituciones y los gobiernos de Europa son tan múltiples que el tema pasa muy rápido y no es que sea mala voluntad de los europeos.

¿Qué nivel de importancia tiene para Europa la situación de Nicaragua o América Latina?
Siempre estamos luchando para revitalizar el interés alemán o europeo para América Latina que ha sentido en los últimos años el desvío de la atención hacia los Balcanes, el reto de la Unión Europea, el reto de encontrar una nueva relación con Rusia, la vecindad de Francia, Alemania e Inglaterra. En ese sentido, América Latina ha quedado muy lejos. Creo que tendríamos mejores opciones o posibilidades que las que se están aprovechando.

Tras las denuncias de fraude, ¿qué tanta división hay entre los países donantes sobre la decisión de cortar o no la ayuda a Nicaragua?
No sólo hay división entre los países de la Unión Europea, sino a lo interno de los países, entre el partido de gobierno y la oposición, pero eso es normal en un sistema democrático. Nosotros como liberales alemanes estamos muy cuidadosos en cuanto a la ayuda presupuestaria en general, no sólo en Nicaragua, en pocos países se ha comprobado que sigue siendo un instrumento útil que lleve adelante los proyectos de cooperación, nosotros vemos con escepticismo este instrumento.

¿Qué podríamos esperar de la reunión entre donantes y el gobierno?
Yo creo que si la posición del gobierno nicaragüense es que no acepta ayuda condicionada, va a ser difícil de lograr un acuerdo, porque la ayuda tiene que seguir ciertos principios y ambas partes tienen que ponerse de acuerdo, si eso se llama condiciones, no importa.

Muchas veces se culpa a otros países de perjudicar al pueblo nicaragüense, pero en estos casos es un problema del gobierno, no es de Alemania o de la Unión Europea, la ayuda funciona en otras partes donde el gobierno está consciente que significa ciertas condiciones y eso es legítimo.

¿Es posible que el gobierno logre un acuerdo satisfactorio si se compromete a dejar reglas electorales claras olvidándose de las elecciones de 2008?
Eso es un factor importante y es parte del good government o buen gobierno de elecciones libres y transparentes, ese sería un factor muy importante que él tendría que aceptar, claro que esas promesas sean comprobadas, que no quede a nivel de promesas, porque del último proceso electoral las solicitudes de observación internacional no fueron aceptadas. Otras condiciones, creo que eso sí es clave.

Pero se ve a gobiernos europeos, incluso después de las denuncias de fraude, estando muy cercanos al gobierno del presidente Daniel Ortega como es el caso de Italia.
También hay países que tienen muy buenas relaciones con Cuba. En ese sentido no tenemos unidad, porque los países tienen diferentes intereses, hay gobiernos diferentes; de izquierda, de derecha y de centro. Ese es un problema que tendrá que definirse sobre una política exterior bien acordada y vamos en ese camino en el Contrato de Lisboa que vamos a acordar.