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Fueron dos versiones distintas de un mismo personaje inmerso en un conflicto histórico: Manuel Zelaya apareció a primera hora del domingo en San José, Costa Rica, en pantalón de mezclilla, zapatillas sin calcetines y doble camisa de dormir. Tenía en el rostro las huellas del susto y el secuestro.

Horas más tarde, en Managua, apareció mejor vestido: pantalón de vestir y camisa manga larga guayabera, cuyas mangas le tapaban la mitad de ambas manos y un poco holgada. Parecía, a simple vista, una talla elegida al calor de la crisis violenta de su país.

Ninguna de las dos imágenes del presidente Mel, a como se le conoció popularmente en la campaña que le llevó a la presidencia en 2005, corresponde con la imagen del vaquero de botas altas y sombrero ranchero con que se le conoció internacionalmente.

Los militares que lo arrancaron de su casa no le dieron tiempo ni para ponerse el célebre sombrero de palma.

Así salió Mel

En sendas declaraciones televisivas, en San José y en Managua, Zelaya ha relatado en parte la dramática salida violenta de su país, ocurrida bajo la mirada amenazante de los fríos fusiles del Ejército que un día le juraron obediencia.

El domingo 28 de junio, entre las 5 y 5:30 de la madrugada, bajo una tenue llovizna, Zelaya dormía plácidamente cuando los disparos, gritos, bulla de correr de botas y golpes violentos en las puertas lo despertaron del sueño y le metieron a la pesadilla.

¿Qué ocurría? Cerca o más de 100 militares llegaron en camiones, con sirenas y alarmas y rodearon la residencia urbana de Zelaya en la colonia Tres Caminos, al este de Tegucigalpa. Hubo confusión en la guardia personal del presidente.

“Durante unos 20 minutos hubo disparos y gritos de los militares para que se rindieran mis guardas”, dijo en Managua Zelaya.

Tras desarmar a unos 10 guardias que lo protegían, los militares los ataron, los subieron a un camión y se los llevaron.

Ocho de ellos entraron en la residencia a la que le habían cortado el servicio de luz, y se dirigieron al cuarto donde Zelaya trataba de comunicarse con celular con su familia.

“Entraron gritando, unos ocho militares, fuertemente armados con fusiles, capuchas en la cara, chalecos antibalas, granadas y pistolas y me apuntaron todos a la cara”, dijo Zelaya.

“Suelte el celular”

El presidente comentó que un militar le decía: “suelte el teléfono señor, suéltelo o disparo”.

Ante la amenaza y la actitud agresiva de los militares, Zelaya dice que les dijo con serenidad: “Si traen orden de disparar disparen, pero sepan que están cometiendo un error histórico contra su pueblo”.

Los guardias le ordenaron callarse, se acercaron, le arrebataron el celular y lo sacaron a empellones para subirlo a un vehículo y cuando ya clareaba el día fue llevado a un avión conocido: el avión militar presidencial en el que realizó decenas de vuelos oficiales.

“Fueron tan cobardes que ni siquiera abrieron la puerta que separa el pasillo del avión con la cabina de control de vuelo. El piloto y su tripulación me conocen, habían volado conmigo muchas veces y ahora les dio vergüenza verme en la misión de secuestrarme y expulsarme de mi patria”, relató Zelaya.

¿Y el sombrero?

La cadena de televisión Telesur mostró cómo quedó la casa del presidente. Puertas rotas a disparos y patadas, destrozos por doquier, ropas regadas y todos los signos de una entrada violenta.

La corresponsal del canal televisivo mostró los disparos hechos en la puerta trasera, por donde entraron los golpistas al filo de la madrugada.

Las ropas dispersas en los cuartos y las puertas rotas indican que la entrada fue violenta, y que como afirmara el propio Zelaya, se produjo después de que los militares encañonaran y redujeran a la escolta presidencial. En la escena del asalto, apenas se vio, colgado en una pared, el emblemático sombrero de Mel.