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Juan Ramón Huerta
Su ausencia en los últimos meses fue evidente. Xavier Chamorro Cardenal ya no estaba frente a mi escritorio, silencioso y atento para escuchar mi informe sobre los contenidos políticos del día.

Aun con sus limitaciones ocasionadas a raíz de un primer derrame cerebral, nunca dejó de escuchar radio y rastrear la televisión con olfato periodístico, una pasión que lo mantuvo siempre al día y mejor informado, a veces, que nosotros mismos y que lo hacía partícipe de las últimas decisiones en cada edición.

Cuando yo le rendía el informe sobre los contenidos y la jerarquía periodística en cada página de política, casi siempre tenía un comentario adicional. “Pero en la televisión fulano de tal dijo algo sobre eso, ¿lo tenés?”, preguntaba con ardid de reportero y talento de editor.

Así era Xavier Chamorro Cardenal, el hermano de Pedro, a quien tuve la oportunidad de conocer en el último año y medio. Religiosamente, pausado y disciplinado, estaba atento a los contenidos generales del diario, pero particularmente le interesaban los políticos e internacionales: eran vistos por él con pasión particular.

Si algo debemos agradecer y perennizar en su memoria, es su disciplina, las ganas de hacer un periódico de calidad, agresivo, con espuelas. Ahora me explico por qué junto al doctor Danilo Aguirre y resto de fundadores, emprendió esta empresa periodísticamente exitosa, pero con muchos desafíos por el respeto a los derechos individuales, por la voz de los excluidos, la independencia periodística y la libertad de expresión.