• |
  • |
  • END

La computadora portátil de Eduardo Montealegre conserva una imagen sugerente: un chiquitín blanco, con short, metido en el Lago de Managua sonríe a la cámara con los ojos entreabiertos porque el sol le ofende. A la par, otro niño, moreno, un poco más alto que él. De lejos, el Momotombo ronco y sonoro. La foto muestra, según Eduardo Montealegre, que es falso aquello de que se lava las manos con alcohol después de abrazar a la gente.

Si hasta finquero fue, íntimo de los hijos de los trabajadores de la hacienda de su padre, incapaz de ir al Country Club de Managua, jugador de béisbol. Muy diferente, asegura, de los que lo critican, que no sabe “distinguir entre una vaca y un toro”.

Éste es Eduardo Montealegre Rivas, a quien ofenden llamándole banquero, economista, ex candidato presidencial, diputado ante el Parlamento, el ratón de las caricaturas, miedoso al fracaso, que esconde la mirada cuando sus detractores lo insultan. Padre de cuatro hijos, defensor acérrimo de la penalización del aborto terapéutico, pues, contó en un debate público, su esposa estuvo embarazada de trillizas y peligró su vida, pero él en ningún momento pensó en practicarle un aborto terapéutico.

Hasta hace una semana vivía sus días tranquilo entre la alharaca de la oposición, pero al terminar el año le llegó su regalito: un juez de Managua mandaba a levantar el sigilo bancario para revisar sus cuentas, porque siendo ministro de Hacienda y Crédito Público durante el gobierno de Enrique Bolaños, tomó importantes decisiones que supuestamente fueron en detrimento del erario.

El político se ha declarado perseguido porque sólo a tres de los seis ex miembros del Consejo Directivo del Banco Central los están investigando.

Su celular vibra. Suspende la entrevista. Es su abogado y se preocupa. Ni modo, me dice con la misma sonrisa que tiene en las vallas de carretera, y continúa la entrevista en esta “ciudad del amor” que es su oficina, donde está la “A de alegría, L de Libertad y N de nicaragualidad”, como dice el acróstico que el padre Neguib Eslaquit le regaló a Montealegre y que éste tiene en el espaldar de su escritorio, como si fuese un crucifijo.

¿A qué le teme Eduardo Montealegre?
Más que todo a Dios. Si hablamos de las cuestiones mundanas, temo no tener éxito. No haber ganado la elección me preocupa, me molesta. Sobre todo porque fue por inventos, calumnias: que me había reunido con Ortega; al final lo de los Cenis. Son inventos todos. La derrota obviamente no me gusta.

Pero era imposible que ganara si los liberales estaban desunidos.
No. Había muchísimos nicaragüenses que querían una alternativa.

¿Se ve en una foto junto a Arnoldo Alemán o Daniel Ortega, igual a la famosa del pacto entre el Frente Sandinista y el PLC?
No me veo. Como un líder de la oposición es imposible que no tenga relación con el presidente de la República para lograr el bienestar a la población. (Pero) pactar nunca.

¿Cuál es el miedo al pacto? Los pactos son acuerdos
No, aquí se ha entendido que el pacto es un acuerdo para beneficio de una persona. Yo creo que deben haber acuerdos de gobernabilidad, pero entre todos, sin dejar a unos pocos por fuera.

¿Está dispuesto a negociar con Arnoldo Alemán?
No. Yo he hablado con el Partido Liberal Constitucionalista como institución. Hoy almorcé con el presidente del partido.

Jorge Castillo Quant no tiene ningún peso, no toma decisiones.
Pero es el presidente del partido. Yo respeto la institucionalidad del partido.

¿Y no cree que quien está incitando esta cacería, como usted la ha llamado, para que levanten el sigilo bancario y le revisen sus cuentas, es el PLC? El Fiscal de la República es un amigo cercano de Arnoldo Alemán.
Bueno, quiero creer que eso no es así. (Quiero creer) que la Fiscalía está haciendo una investigación independiente, aunque no estoy de acuerdo con que revisen a unos cuantos. No tengo problemas de que me revisen, mis movimientos no son grandes. Más bien me interesa porque verán que vivo de mis ahorros y del salario que tengo como diputado. Mi patrimonio se ha disminuido desde que estoy en la política.

Su patrimonio de cinco millones de dólares...
Desde que me metí a la política se ha disminuido de manera importante.

¿Usted se ve preso en un futuro cercano?
Pues no me gustaría verme preso.

Seamos realistas, ¿cree que no existe esa posibilidad?
Mirá, mi actuación ha sido correcta. Las aprobaciones que hice en el Consejo Directivo del Banco Central no fueron de cuestiones de fondo, de recursos... fue aprobar negociaciones para refinanciar.

A mí, ¿por qué a mí? Si fuera con todos, está bien, que paguemos todos, pero ¿por qué la diferencia? ¿Porque es un potencial candidato a la alcaldía o a la Presidencia? ¿Porque es el líder de la oposición considerado por algunos? ¿Porque se ha parado, no se ha sometido? ¿A ese le vamos a volar la cabeza?
¿Se considera el líder de la oposición?
Lo que yo crea no es tan importante como lo que crea la población. He tratado de sentar mis posiciones. Algunos piensan que debería hablar más alto, más fuerte, más chabacán. Yo soy de otra manera.

¿Pero se cree líder de la oposición?
Creo que soy un líder importante. La población cree que soy (el líder).

Si lo apresan, ¿qué pasaría con la ALN?
Espero que me llegués a ver... No sería como dijo el doctor Alemán, muerto el perro se acaba la rabia. Sería todo lo contrario.

¿Eso lo beneficiaría?
No quiero que me echen preso, menos por cuestiones políticas. Al final, la causa no va a cambiar. Esto no es por Eduardo Montealegre, es un compromiso por la causa. Esa causa es que no tengamos más caudillos, que tengamos más democracia.

Pero usted es el caudillo en la ALN.
¿Caudillo? No. Te voy a invitar a una reunión de bancada para que mirés si soy caudillo.

Los diputados Ramiro Silva y Carlos García se quejaban de que usted siempre quería imponerse y de que hasta los discriminaba porque vienen de estratos sociales bajos.
¡Qué interesante! ¿Quién dijo eso? En las elecciones de 2001, Arnoldo Alemán de dedo me puso en la posición siete de diputado, mi suplente era Ramiro Silva. Yo mandé una carta diciendo que no aceptaba para que él asumiera. Aquí no se ha discriminado a nadie. Todo lo contrario. No los quedo viendo de reojo ni les saco la lengua.

En caso de que le quiten la inmunidad y le abran un proceso judicial, ¿qué cedería?
No tenemos mucho que dar, no tenemos magistrados en la Corte Suprema, no tenemos magistrados en el Consejo Supremo Electoral, no tenemos contralores. Tenemos una alianza, diputados, donde todos de una u otra forma somos rebeldes. Nos hemos rebelado de una u otra manera.

No es como algunos piensan, que Eduardo Montealegre va a decir, diputados, aquí están, voten y ya está. Todos tienen su propio criterio, pero todos pensamos que el sistema parlamentario no le conviene al país, que la reelección en este momento no conviene.

Es una rebeldía un tanto escuálida porque, ¿qué han logrado hasta el momento?
Mucho.

¿Qué?
Hemos logrado crear una opción distinta a la de los partidos convencionales. Captar la esperanza de muchísimos nicaragüenses, aunque no ganamos las elecciones, aunque no tenemos mayoría en la Asamblea Nacional, pero por primera vez en ciento y pico de años de historia republicana en este país hemos logrado una verdadera opción. Que nos quieren liquidar es otra cosa.

Pero don Eduardo, esta opción por dentro se está resquebrajando...
Yo soy demócrata, soy liberal. Cuando me sacaron del partido hicieron una convención, ¿quién lideró eso? Jamileth Bonilla, pero no importa, estoy seguro que hoy tenemos un objetivo mucho más global: no revertir el progreso que ha habido.

¿Aun cuando usted ha sido incapaz de cohesionar a su mismo partido?
¿Quién dice eso?
Cuatro diputados se fueron de su bancada en la Asamblea Nacional, y los conflictos son públicos.
Eso quiere decir que algunos piensan distinto, pero descohesionada, ¿quién dice? ¡No!
Esos que piensan distinto formaron otra bancada, se fueron.
Aquí siempre tendemos a ver el vaso medio vacío y no medio lleno. ¿Que falta mucho por hacer? Sí. ¿Que se han cometido errores? Por supuesto, si somos humanos. Lo que tenemos es que pensar dónde estamos y qué podemos hacer para mejorar.

Volviendo al tema de los Cenis, ¿no cree que los bancos atracaron al Estado?
Yo no voy a defender a los bancos, que se defiendan solos y prueben que hicieron todo correctamente. Yo lo único que hice fue lograr que se refinanciaran unos títulos. El robo fue cuando quebraron los bancos. En ese momento eran las tasas de intereses que se negociaron.


“En algún momento regresaré al sector privado”
Antes era simplemente una cara diferente, risueña, entre el montón de políticos liberales quemados. Después de seis años Montealegre ya está quemado también. ¿Salirse de la política? “En algún momento tendré que regresar al sector privado”. Sabrá por qué lo dice.

Parece que le molesta que lo tilden de banquero, ¿por qué?
No, no me molesta. Lo que digo es que tengo más años de estar en el sector público que como banquero. Debí haber hecho tan buen trabajo en la banca que todavía me siguen tildando de banquero. Soy más funcionario público que banquero.

Pero entonces fue un buen banquero
Algo he de haber hecho bien.

¿Cómo un banquero llegó a ser aspirante presidencial?
Desde pequeño, que platicaba con mi papá y mi mamá, me decían que si se daba la oportunidad de servir a la generalidad, a todos, había que aprovecharla, y siempre habría la oportunidad de regresar al sector privado.

¿Y cuándo regresará al sector privado?
En algún momento tendré que regresar. No a Bancentro, no a la banca. Creo que una persona con mi experiencia en el sector privado, con mi experiencia en el gobierno y en el sector político, puede aportar muchísimo.

¿No es más rentable para usted administrar sus negocios?
No tengo ningún negocio. Ninguno. Vendí mis acciones en Bancentro. Tengo inversiones básicamente en instrumentos financieros, pero no tengo ningún negocio, habría que comenzar a hacerlo.

¿No le parece más factible empezar un negocio y potenciar sus dotes de economista?
Pues sí. Es una alternativa definitivamente, pero en este momento me parece que muchos quisieran que esté en el sector público. Si la gente no quisiera, no voy a forzarlo, no voy a estar obsesionado. Si el pueblo de Nicaragua dijera no queremos más a Eduardo Montealegre de político, yo soy el primero en decir no más.

¿Usted está convencido de que es aclamado por la gente?
(Ríe) No. Aclamado es un mal adjetivo. Lo dicen las encuestas. Si el 75% de la población tuviese una percepción negativa de mí, creeme que desde hace años me hubiera retirado.

Una vez alguien le preguntó a Arnoldo Alemán “¿por qué no querés a Eduardo, si la gente lo quiere?”. Él contestó: “don Enrique me puede echar preso, pero no me quita el partido, Eduardo puede quitarme el partido”.

¿Usted cree que Arnoldo Alemán lo ve como un contrincante fuerte?
Uyy. Definitivamente. Y hoy más que nunca.