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El golpe de Estado en Honduras ha centrado la celebración del 30 Aniversario de la Revolución Popular Sandinista. La canciller del depuesto mandatario, Patricia Rodas, así como el canciller venezolano, Nicolas Maduro Moro, fueron los primeros en condenar la acción militar emprendida contra Manuel Zelaya. Ambos funcionarios resaltaron en sus breves discursos el apoyo que ha brindado el pueblo de Nicaragua, en especial el Gobierno de Daniel Ortega, al presidente derrocado, quien "hoy más que nunca necesita el apoyo de las naciones latinoamericanas".

Por su parte, el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, declaró que el golpe fue sin duda impulsado por los organismos de inteligencia norteamericanos. Según el mandatario, "ahora no nos pueden venir a decir que desconocían del golpe, si ya se había anunciado días antes en los medios hondureños... Nadie les va a creer semejante mentira". No obstante, afirmó que "al pueblo hondureño no le van a poder dar atol con el dedo", porque es éste quien tiene el poder de elegir y quien tiene la "potestad para quitar o no al presidente".

De acuerdo al mandatario, tras el golpe de Estado hondureño, los yanquis -"quienes sabían lo que hacían"- "corrieron a buscar" al presidente de Costa Rica, Oscar Arias, quien "desde los años 80 ha sido instrumento del gobierno de los Estados Unidos". El líder del FSLN recordó que en esa época fue el ex Presidente de Guatemala, Vinicio Cerezo, y no precisamente Arias el que “rompió” el aislamiento en el que estaba Nicaragua a nivel centroamericano, e invitó a todos los mandatarios a firmar los acuerdos de paz en Esquipulas.

Ortega, pese a que mencionó el esfuerzo extraordinario de la Organización de Estados Americanos, OEA, de la ONU, de Grupo de Rio y de otras naciones latinoamericanas para buscar la restitución de Zelaya al poder, resaltó que el primer cónclave que se pronunció por la vuelta inmediata de Zelaya a la presidencia fue la Alternativa Bolivariana para las Américas, ALBA, convocada por Nicaragua.

"Zelaya debe ser restituido tal como ordenan las resoluciones adoptadas por todos estos organismos, pero no por cascos azules, ni por fuerzas intervencionistas", sostuvo Ortega al tiempo que pidió a las fuerzas armadas hondureñas que "reflexionen", pues como advirtió, "no es posible que ellas mismas manden a reprimir al pueblo" y que este golpe "siga afectando a la región y a la comunidad internacional".

Miles de simpatizantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, llegaron desde muy temprano a la Plaza de la Fe Juan Pablo II, provenientes de distintas partes del país, para conmemorar la insurrección popular que encabezó este partido y que el 19 de julio de 1979 derrocó el régimen dictatorial de la familia Somoza, que dirigió al país por 45 años.

Delegaciones de organizaciones sociales de izquierda de más de 20 países entre ellos Chile, México, Guatemala, El Salvador y Venezuela, también participan en la actividad con saludos a la efeméride que despertó gran admiración y solidaridad en el mundo. Entre las personalidades que asisten a este encuentro sobresalen: la senadora colombiana Piedad Córdoba, la indígena guatemalteca y Premio Nobel de la Paz 1992, Rigoberta Menchú, y el vicepresidente de Cuba, Esteban Lazo. Se esperaba que al acto también se hicieran presentes el mandatario de Venezuela, Hugo Chávez, y los tres dirigentes indígenas peruanos: Alberto Pizango y los hermanos Saúl y Cervando Puerta Peña, que encabezaron en junio pasado las protestas contra el gobierno de Alan García en la selva amazónica.

Ortega, quien preside los festejos de dicha celebración junto a su esposa Rosario Murillo, se presentó a la tarima en la Concha Acústica antes de las 11 de la mañana, hora prevista para dar inicio al acto oficial. Previo a la inauguración, diversos grupos artísticos de amplia trayectoria revolucionaria amenizaron la festividad.