•  |
  •  |
  • END

Aún no se había reunido la multitud acostumbrada de gente cuando 13 minutos antes de las 11:00 de la mañana, con un sol opaco, pero abrasador, hizo su entrada el Presidente de la República, comandante Daniel Ortega Saavedra, para iniciar la celebración de los 30 años de la revolución sandinista, en plaza La Fe Juan Pablo II. Un hito, Ortega puntual.

Sin embargo a la una de la tarde, ya la gente tenía dificultad para caminar y moverse entre la multitud, principalmente de jóvenes gritones, inquietos, intentando hacer pirámides humanas para levantar en lo más alto la bandera rojinegra, y otros grupos tirando al aire a los muchachos más delgados que la gravedad les regresaba a sus manos con gritos de emoción. La imagen recurrente de todos los años.

Los momentos de la festividad que erizaban la piel de gallina era la canción más representativa de la revolución: “La Consigna” de Carlos Mejía Godoy. Una multitud coreando “¡esta es la guerra desatada, la guerra prolongada contra el opresooor...!”; la multitud de banderas meciéndose al destino del viento y ver una Primera Dama saltar con euforia exagerada. Tenía más energías que de costumbre.

Esta vez entre los invitados no hubo homólogos del presidente Ortega, si no delegados del gobierno de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, pero destacaban entre los honorarios, la indígena guatemalteca, premio Nóbel de La Paz, Rigoberta Menchú, y la cancillera llamada “de la libertad y la dignidad de Honduras” -como bien la bautizó el canciller venezolano-, Patricia Rodas.

Los orondos magistrados del CSE

Al extremo izquierdo, tres funcionarios muy controversiales orillaban la mesa ceremonial en la tribuna de la Concha Acústica -herencia de la gestión edilicia del alcalde Herty Lewites (q.d.e.p.)-. De izquierda a derecha estaban los magistrados del Consejo Supremo Electoral, CSE, René Herrera, José Marenco Cardenal y Roberto Rivas Reyes, quienes, principalmente este último, muy gustosos rieron a carcajadas en algún momento del acto.

Luego estaba el “Comandante Cero” Edén Pastora, seguido de oficiales militares entre ellos, el jefe del Ejército Nacional, general de ejército, Omar Hallesleven. Al centro el señor presidente Ortega con su eufórica esposa -el día de ayer más que nunca- Rosario Murillo, la maestra de ceremonia del acto.

A su par derecha, la Primera Dama ubicó a la líder indígena Rigoberta Menchú, quien exteriorizó su admiración por la celebrada revolución nicaragüense y por el gobierno del presidente Daniel Ortega.

Mensaje ecológico de Menchú

Entre los demás funcionarios que participaron del acto estaban el diputado Edwin Castro; el presidente de la Asamblea Nacional, René Núñez, ambos de camisetas con el logo de este año, de la celebración de la revolución; también estaba el asesor presidencial, comandante Bayardo Arce, entre otros.

La líder indígena guatemalteca Rigoberta Menchú aprovechó la ocasión para hacer un llamado a la conciencia ecológica a favor de la “salud de la madre tierra”; destacar el valor de la juventud “utopía de la libertad”, dijo, y denunciar que la discriminación y el racismo contra los pueblos indígenas aún siguen vigente en Centroamérica.

Golpe vino del norte

La ocasión también fue aprovechada para reiterar la condena al golpe militar contra el presidente depuesto de Honduras, Manuel Zelaya. El vicepresidente de Cuba, Esteban Lazo, al igual que el canciller venezolano, Nicolás Maduro, expresaron directamente que ese golpe militar vino de una orden directa de la capital de Estados Unidos: Washington.

“El golpe fue concebido y militarizado por la extrema derecha...”, dijo el vicepresidente de Cuba y prosiguió: “Lo único correcto en este momento es demandar de los Estados Unidos que cese la represión; que retire de Honduras la fuerza de tarea financiada por Estados Unidos y los sectores oligarcas”.

Por su parte, el canciller venezolano llamó al presidente de facto hondureño, Roberto Micheletti, “goriletti”, al tiempo que también lo descalificó como una “dictadura que pretende imponerse”.

Marcha por tierra a Honduras

En ese sentido, la cancillera de Honduras, Patricia Rodas anunció una marcha por tierra, encabezada por Manuel Zelaya hasta la frontera de Nicaragua con Honduras, por donde nuevamente intentará entrar al país que presidía y de donde fue expulsado por los demás poderes del Estado hondureño.

La actividad concluyó con el característico y extenso discurso del presidente Daniel Ortega, esta vez de una hora con 15 minutos, desobedeciendo a Fidel Castro de quien el mismo Ortega dijo que le había recomendado hablar poco porque al mediodía la gente estaría cansada.

Presidente debuta en el canto

El presidente de Nicaragua tuvo la oportunidad en esta ocasión de escenificar un dúo musical con su señora esposa, interpretando el himno a Carlos Fonseca Amador, “como en un karaoke”, alguien dijo por ahí. También alguien dijo que es mejor que Daniel Ortega siga siendo presidente y ojalá que nunca quiera ser cantante.

En contraste con el mensaje sobrio de los colores de la plaza; azul y blanco y rojinegro, el discurso del mandatario no llenó las expectativas de quienes lo creyeron más conciliador. Nada de eso, llamó “desquiciados” a sus opositores, pero segundos más tarde insistió en llamarlos a apoyar un referendo revocatorio, un ardid para insistir en sus reformas y con ello, la anhelada reelección.

A la hora de las complacencias, Ortega saludó a los hermanos Mejía Godoy, una señal de que las relaciones entre el gobierno y los históricos artistas de la revolución, han mejorado.