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La protesta estudiantil del 23 de julio de 1959 fue la continuidad a una serie de protestas y reclamos que la juventud universitaria venía desarrollando, particularmente mujeres, desde hacía meses en la ciudad de León para, luchar contra la dictadura somocista.

Así lo explica una de las participantes de aquella marcha que terminó en una masacre a manos de la Guardia Nacional, Vilma Núñez de Escorcia, quien además asegura que dicho hecho histórico no se puede ver aislado del triunfo de la Revolución Popular Sandinista el 19 de julio de 1979.

“Los 50 años que se cumplen de esa gesta han estado cubiertos por un hecho de mayor trascendencia (la celebración del 19 de julio), pero que de ninguna manera lo podemos desvincular porque quienes resultaron muertos, heridos y los que sobrevivimos a esa masacre, seguimos durante toda nuestra vida luchando por una Nicaragua mejor”, expresó Núñez.

De ese grupo que siguió la lucha por derrocar la dictadura somocista, Núñez destaca a las mujeres que, aunque en ese entonces eran pocas con relación a los hombres, porque no tenían la misma oportunidad de entrar a las universidades, jugaron un papel trascendental para continuar las protestas.

“Hay que rescatar el rol que jugamos las mujeres para mantener la protesta estudiantil después de la masacre del 23 de julio”, manifestó.

Mujeres convocaron

Según cuenta Núñez, fue a las mujeres a quienes les tocó invitar a la población leonesa a unirse a las protestas que realizaban los estudiantes en contra de la dictadura somocista, ellas también organizaron y protagonizaron una marcha masiva, en la que fueron vestidas de negro para expresar su indignación por los hechos del 23 de julio.

“Fue después de esa marcha que la gente decidió quemar la casa de Anastasio Ortiz, que estaba en frente de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua”, agregó, tras explicar que fue Ortiz quien encabezó a los guardias que reprimieron la marcha.

Núñez también recuerda que eran las estudiantes, quienes comenzaban a protestar para que los guardias que estudiaban en la Universidad no entraran a los salones de clases, por una decisión de la dirigencia estudiantil.

“Aunque numéricamente el rol de las mujeres es menor, no fue menos importante que el de muchos compañeros”, manifestó.

Además, destaca que muchas de sus compañeras de aquella época tuvieron que enfrentarse a la prohibición de sus padres para asistir a las protestas por aquello del “qué dirán”, y dice que fue uno de los mensajes que llegó a ella, pero que no la convencieron.